A.I.T. La Internacional del Sindicalismo Revolucionario - CNT-AIT, IWA-AIT Secretariado

A.I.T. La Internacional del Sindicalismo Revolucionario - CNT-AIT, IWA-AIT Sec.

A.I.T. La Internacional del Sindicalismo Revolucionario - Editado por la C.N.T. española con la colaboración del Secretariado A.I.T. Compilación presentada por Ramón Liarte [auto-translation english http://tinyurl.com/kjo4d6g ]

A.I.T. LA INTERNACIONAL DEL SINDICALISMO REVOLUCIONARIO

Editado por la C.N.T. española con la colaboración del Secretariado A.I.T.
Compilación presentada por Ramón Liarte

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INDICE
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Prefacio
Mensaje del Congreso
Asociación Internacional de los Trabajadores
Acuerdos del XIV Congreso
XV° Congreso Internacional (abril 1976)
Anarcosindicalismo. ¿Qué es el anarcosindicalismo ?
Autogestión revolucionaria
Las Sociedades Multinacionales y el Sindicalismo Revolucionario
Crisis de Estados, Crisis de Economías
El capitalismo de Estado y la revolución anarco-comunista
Conclusiones
Manifiesto a todos los pueblos del mundo
Carta del Sindicalismo Revolucionario (C.N.T.F.)
Estatutos de la A.I.T.
Ultílogo

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PREFACIO
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IMPRESCINDIBLE como la luz que nos alumbra es que las organizaciones obreras revolucionarias, se coloquen a la cabeza del progreso para orientar los adelantos de la técnica y la ciencia. Uno de los objetivos más esenciales de la hora de ahora, es acabar con las clases por ser artificiales, no de origen natural. La clase no es un sistema. Es la sociedad, federada y libre, el factor determinante de nuestra ordenación mental y psicológica. Fragmento de la sociedad es el individuo, de la misma manera que la especie es un cuerpo multitudinario de la naturaleza.

El socialismo libertario, de raíz y eclosión anarcosindicalista, nació para transformar este mundo de injusticias y desigualdades en una sociedad venturosa y sana presidida por la ética y la conciencia. Es un error permanente del Estado confundir el orden con la imposición, la fuerza con la violencia. Lo que se impone de manera coercitiva daña la personalidad humana y confunde la cultura. Se obtiene el verdadero orden social cuando se instaura con generosidad y digno afán de mejorar las cosas.

Distinto por origen y opuesto por metodología es el Sindicalismo Revolucionario de los partidos políticos de cualesquiera condición. Las organizaciones del trabajo están unidas a la doctrina de emancipación de la clase obrera como las manos lo son al cuerpo y éste al cerebro. Por esta razón moral, el anarcosindicalismo va entrañablemente unido a la aspiración de las muchedumbres obreras y laboriosas. Se opone a toda colonización de las masas.

Han de ser los sindicatos obreros independientes de los partidos políticos, autónomos de la autoridad capitalista y estatal, separados de todas las creencias religiosas. Debido a la intromisión de la política en los medios sindicales, el sindicalismo se ha desnaturalizado, corrompido. Quien niega sus ideas motrices se traiciona a sí mismo.

Desde el mismo momento que los marxistas, en contra del criterio de los federalistas, quisieron imponer su síntesis política tendente a conquistar el poder, la Primera Internacional fue rota, partida. Pero la corriente ideológica abierta por Bakunín, Malatesta y Guillaume, ha regado constantemente el campo del obrerismo militante. Merced a este caudal de ideas y actitudes, profundas y claras, la A.I.T. ha podido ser salvada del estatismo y el reformismo.

En cuanto a las otras Internacionales Obreras se refiere, sometidas a intereses partidistas y nacionalistas, no aciertan a encontrar el medio de lucha adecuado, para cuyos fines iniciales fueron creadas. No debe confundirse, en modo alguno, lo que representa la evolución natural con la hegemonía del Estado. Lo verdadero es el trabajo asociado. La entidad geográfica, es decir, la sociedad gestionarla, es la célula protectora del gran conjunto social. El factor trabajo es la verdad, que no admite mentiras ni trampas. De ahí que sea la condición más grande de la existencia.

Es el hombre productor, en todos los órdenes, el eje y centro de todas las creaciones. A la vuelta de un siglo de experiencias, el Sindicalismo Revolucionario, refortalecido por infinidad de pruebas y lecciones, encárase con su propio destino. Su concurso moral es prodigioso. A la vista de los hechos que no engañan, esta doctrina no pide rectificaciones, sino ayudas valiosas y prácticas, para que se aplique en la época presente.

No se trata de romper con el pasado, sino de trazar el presente para labrar el porvenir. Lo acaecido ya no vuelve. Los revolucionarios no vuelven de nada. La multitud avanza gradualmente, por etapas, para recuperar fuerzas y mantener energías. Hoy como ayer, los trabajadores marchan hacia la unión, ya que cada día tienen más necesidad de entendimiento. Y es que no se puede vivir aislado cuando todo tiende a asociarse. Es la nuestra, la época de la interdependencia. Tenemos que aceptar la organización de los trabajadores del músculo y el intelecto, para liberarnos del autoritarismo reinante, de la explotación en todas sus formas. Para no ser sometidos estamos obligados a organizar nuestra defensa.

La sociedad futura, hacia que vamos caminando, será el resultado de las actividades individuales y del trabajo común. Cada generación tiene el deber de resolver sus asuntos, facilitando el paso libre a las nuevas promociones humanas. Si trabajamos en beneficio de nuestro siglo, lo hacemos, asimismo, por el progreso ulterior. El Sindicalismo Revolucionario está llamado a realizar el socialismo con libertad e igualdad. Se trata de armonizar la ciencia con la ética, de manera que la técnica esté orientada por la conciencia. Sensibilidad como esfuerzo, para que la idea modele la materia.

Es el anarcosindicalismo el movimiento experimental y multiforme que combate para conquistar la plenitud de los derechos humanos. Voluntad determinante para crear un equilibrio socio-económico libre de todo poder avasallador. Administración de los intereses comunes por los productores de riquezas. La ciencia y la técnica están operando una revolución gradual y arrolladora a la vez. Se produce más con menos esfuerzos. De lo que se trata, en definitiva, es de que el derecho de posesión no se convierta en nuevo privilegio, sino en disfrute general que propicie la dicha de todos en el mejor bien posible.

El Sindicalismo Revolucionario implica relaciones armónicas. Va derecho a mejorar el hombre. Quiere la justicia sin gradaciones. Nunca lo material, con ser necesario, será más decisivo que lo humano. Luego la máquina está montada para manumitir, no para encadenar. Vamos al mejoramiento constante y adecuado del individuo. Claro está que el Sindicalismo Revolucionario no es una doctrina. En este mundo, en evolución incesante, nadie se atreve a pronunciar la palabra última. No hacemos del sindicalismo un dogma social, sino un movimiento emancipador que hace camino para llegar a nuevas formas de vidas más justas y perfectas. Porque la existencia, es una cosa muy esencial que siempre será revisada. Tal es el valor doctrinal de los postulados que nos animan a luchar por la sociedad ideal que ha descubierto el intelecto humano : la anarquía. El pensamiento, por ser revolucionario, abre las puertas del porvenir.

¿Qué es el Sindicalismo Revolucionario?

En modo alguno, la multitud es manada de reata, ya que es cuerpo sano con el cual se pueden hacer obras admirables. Por ser evolucionistas y revolucionarios por añadidura, nuestra actitud ha de ser normal: seguir las leyes de la naturaleza para hacer labor eficaz y positiva. Los hombres dotados de originalidad mental rechazan los lugares comunes y las frases hechas. Está solo, el parásito, no quien trabaja, que siempre se halla acompañado. El Sindicalismo Revolucionario rechaza el oportunismo. Al estar movidos por los principios evolucionistas, los anarcosindicalistas no se creen infalibles como los teólogos y los metafísicos. Una mente esclarecida se opone a aceptar como hecho real ningún concepto que no esté apoyado por una prueba concluyente.

Lo decisivo para la acción manumisora de las Secciones de la Asociación Internacional de los Trabajadores es. mejorar la multitud, superar el hombre para que rompa con lo gregario. Crear mentalidades capaces y virtuosas para levantar un porvenir esplendoroso. Nada de jefes ni cabecillas. Hombres buenos y justos es lo que importa crear. Afanamos llegar a una conclusión colectiva: construir el mejor de los mundos sobre el planeta. Corazón y cerebro, músculo e intelecto, formando un cuerpo robusto y sólido. Logrado así, la acción creadora es el triunfo del Sindicalismo revolucionario.

Hemos de cultivar diariamente el campo de la cooperación, sembrando a todo viento la simiente de la fraternidad. Los documentos y acuerdos históricos que ofrecemos en esta compilación, son ideas madres para edificar la sociedad anhelada por los amantes del Bien universal. Está demostrado de manera inequívoca que la doctrina del Sindicalismo Revolucionario se opone a la estatización, se repele con la usura, anula la llamada infalibilidad religiosa. Hace de los hombres hermanos y de las especies una familia. El mundo, inmensamente grande, compone la medida exacta para edificar la sociedad de nuestros deliquios más preciados.

A la vuelta de los años, una conclusión se ofrece como ejemplo a retener: los partidos pasan y el Sindicalismo Revolucionario permanece, queda endurecido en el tiempo y la historia. Las fuerzas del trabajo nada tienen que ver con los derroteros quebradizos de los partidos políticos, y de manera especial cuando éstos son de pelaje totalitario. Luchamos para liberar a la humanidad no sólo del Estado y el capitalismo, sino, también, de cuantas instituciones vitales no sean el desarrollo de la producción.

El explotador es un ladrón; el Estado un ave de rapiña, y el sistema capitalista un usurero. Actualmente, los órganos naturales que pueden sustituir con creces al mundo inmundo que nos rodea, es el anarcosindicalismo, articulando las relaciones económicas para establecer la igualdad en el orden fraterno y armonioso.

Siglo de muchedumbres es el nuestro. Hacer del individuo un hombre incorporado a la tareas colectivas; cultivar la pluralidad para que desaparezca el uniformismo, tal es el deber de los revolucionarios en esta fase de innovaciones crecientes. Contiene el sindicalismo de la Primera Internacional las partes sanas de la composición del todo anárquico; es decir, la integridad de los postulados vivificados por el tiempo.

No hay que caer en el doble juego de las posiciones intermedias. Puro lagrimeo de sacristía es el « sindicalismo cristiano; el llamado libre, lo explica su deformismo desleído y pasado por aguas turbias.

Los sindicatos norteamericanos son una mafia dirigida por gamberros, la trata comerciando con el obrerismo. Del sindicalismo bolchevique no vale la pena ni hablar tan siquiera. Cuando Lenín y Zinoviev, afirmaron ante la Internacional Roja que los sindicatos y las organizaciones culturales eran simples apéndices del partido gobernante, decapitaron el « soviet » para fortalecer el Estado omnipotente, concentracionario. Los métodos utilizados por los comunistas para imponer su hegemonía han sido horribles, mas los resultados no pueden ser más livianos y desastrosos.

No hay más que un sindicalismo auténtico, y no centenares de organismos sindicalistas adulterados y confundidos. Se es, o no se es. Trabaja el Sindicalismo Revolucionario para aglutinar energías y forjar la prosperidad así individual como colectiva. Es la lucha contra todo parasitismo. Trabajo de atlantes para instaurar una sociedad de productores y consumidores libres, sin contacto alguno con la autoridad y el privilegio. Manifestación de la cultura independiente y victoria del trabajo sobre la explotación. Rechazo de la ingerencia capitalista y reconocimiento máximo del esfuerzo manual e intelectual. La colectividad es la llamada a defender y fomentar el derecho aceptado por todos.

Vamos hacia la socialización de los medios de producción utilizando la lucha de clases para organizar una sociedad sin amos, capataces ni prestamistas. Valor técnico y profesional y ensalzamiento del trabajo en todos los sentidos. Liberación de los hombres y los pueblos de las dictaduras de toda índole, suprimiendo la esclavitud que envilece, y el dogma que rebaja. No ignoramos que por ser largo el camino, hemos de hacer acopio de energías para no desfallecer en nuestra singladura libertaria. Dícese que con buen humor no hay tiempo malo. El hambre de siglos no encuentra el pan duro. Todo lo suaviza el amor a las cosas. No hay que dormirse cuando es la hora de cabalgar.

A los sindicatos obreros corresponde la misión de administrar y orientar el futuro. Después de las experiencias cosechadas en el campo de la socialdemocracia y el bolchevismo, ya no se puede fiar en los partidos políticos. La intuición de los primeros internacionalistas se ha transformado en prueba imborrable. Los ojos se vuelven a reencontrar la razón abandonada en el camino de la lucha manumisora, revolucionaria. Hemos perdido mucho tiempo por culpa de los pastores engreídos, mas hemos recogido preciosas lecciones que nos servirán como norte para ir hacia adelante. Cuenta lo andado, pero es decisivo lo que nos queda por andar.

Son las Secciones componentes de la Internacional del anarcosindicalismo escuelas de lucha social, talleres gestionarios que forman mentes esclarecidas y conciencias rectas. Ni líderes ni dómines. Hombres buenos y útiles a los demás es lo que necesitamos. Entrega leal y autodisciplina consentida. Llámate como quieras, pero sé un hombre, una entidad pensante, un productor laborioso y eficaz.

Sindicalismo neto y de calidad equivale a decir acto deliberado de unión, voluntad soberana. Nada de supeditación que esclaviza. Contrato entre iguales. Las desigualdades oprimen. Cultivo de la personalidad y emulación del hombre por el ejemplo que honra a todos por igual.

No se asocia el que no es libre, se encadena. No es libre el que está sometido y no puede, por tanto, contratar, deliberar, determinar sus actos. Todo pacto implica la libertad recíproca y la igualdao previa de las partes contratantes. El pacto entre seres iguales y libres resuelve la antinomia, consagrando la independencia y realizando la solidaridad.

Quien desee fervientemente salvaguardar su personalidad, la libertad de sus iguales y el orden fraterno dentro de una sociedad presidida por la justicia sin clases, la paz humana y el amor universal, tiene que optar por los principios, tácticas y finalidades del anarcosindicalismo. Los estudios, y acuerdos que ofrecemos al joven capacitado, al lector estudioso, son lecciones, experiencias y enseñanzas morales y revolucionarias, que constituyen las ideas fecundas para orientar la lucha de la clase obrera hacia la manumision mundial.

Ramón LIARTE.

SINDICALISMO Y COOPERACION

De otra manera, y a pesar de todas las afirmaciones contrarias, confiará otra vez más sus destinos a una minoría que lo conducirá donde ella quiera —tal vez hasta donde pueda— y no adonde el proletariado desee, porque ignorará cual es su deseo. Imposible desconocer la gravedad de tal falla, puesto que toda la Historia la confirma .

Por el contrario, si el proletariado se va compenetrando anticipadamente, decidirá con libertad lo que deberá hacer. Escogerá su finalidad, sus medios y su camino. Si no puede escoger, si se mantiene en la ignorancia, si espera el Mesías o el milagro, sufrirá la dictadura de un puñado de hombres, dictadura que será tanto más penosa, ya que los mismos conductores» no sabrán hacia adonde ir, ni menos conducir a los demás».

Para decirlo más claramente: la discusión de un Plan de organización y de acción, sus mejoras y su adopción conducen, indudablemente, tras de una propaganda y vulgarización adecuadas, a un triunfo seguro.

Pierre BESNARD: El mundo nuevo.

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DESPUES DE NUESTRO XV CONGRESO INTERNACIONAL
A LOS COMPAÑEROS DE LAS SECCIONES OPERANDO EN LA CLANDESTINIDAD
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MENSAJE DEL CONGRESO

EN todos los horizontes, la voz de la protesta popular alcanza proyecciones de clamor universal.

El Estado, el Capital, los Estados autoritarios del marxismo histórico, atrincherados en los últimos reductos a que los destina la marcha irreversible del progreso social, han de usar de todas las armas, de todos los medios de que disponen, para ahogar en sangre si preciso fuera esa voluntad creciente de los pueblos decididos a la reconquista de las libertades perdidas. En la maniobra variada y multiforme que presentan los adversarios de la revolución, no han de faltar quienes desde las mismas filas del proletario militante pretenderán acomodamientos y transiciones que hagan quizá más cómoda la lucha, más lejano el objetivo y que permita a las fuerzas del fascismo autoritario de preparar sus armas para una represión más fuerte, más cruenta, más criminal.

El Congreso de la Asociación Internacional de los Trabajadores reunido en París, acuerda dirigir, en esta ocasión, un mensaje de aliento solidario y fraternal hermandad en el combate, a los compañeros de las secciones que como la española, la argentina, la uruguaya, la búlgara, se encuentran debatiéndose en la clandestinidad y en el combate oscuro contra las fuerzas feroces de la represión estatal.

Mensaje en el que presta especial atención a los compañeros de la C.N.T. española.

En sus sesiones, un compañero, un anónimo, venido de una de las ciudades españolas, nos ha hablado con el fervor vigoroso y alentador de quien vive momentos de lucha que prometen mañanas mejores.

Acogiendo con calor humano y convicción revolucionaria, las promesas que encierra el resurgir de la Confederación Nacional del Trabajo, fiel a los principios del anarcosindicalismo militante, los representantes de todas las secciones de la Internacional expresan su voluntad firme de unir sus esfuerzos a los de los compañeros españoles. De hacerse los portavoces de quienes no abandonaron nunca la limpia línea revolucionaria que nuestros principios y tácticas decididos por la voluntad conjugada de los compañeros de todos los países.

La A.I.T., expresión hoy, de todo cuanto es marginal con las estructuras políticas, capitalistas y autoritarias, recogiendo la voluntad de las nuevas generaciones que se encuentra en la línea revolu cionaria bakuninista, la verdad de sus aspiraciones liberadas, sabe que tiene en la Confederación Nacional del Trabajo de España, uno de los más firmes bastiones de defensa de la manumisión de los trabajadores.

Frente a la taifa de mercaderes que constituyen hoy las Internacionales obreras del reformismo, convertidas en compañías de socorros mutuos de las masas dominadas, para asegurarles defensa dentro de la sumisión, la A.I.T. alza la voz de la revolución que no se resigna, de la voluntad que no se somete.

No faltan los falsos profetas de la colaboración y de la integración, para desvirtuar las verdaderas aspiraciones, intentando enmascarar la explotación de los trabajadores con programas de pretendidas reformas y de colaboración de clases.

Contra el principio del salariado, de la existencia del Capital y de la Autoridad, hoy no hay más que los anarcosindicalismos. La aceptación del más mínimo compromiso con las estructuras establecidas o con otras políticas a establecer, representa el abandono de los adjetivos finalistas de nuestra Internacional. Y como rezan los estaturos de nuestra Confederación, el objetivo es el comunismo libertario.

Con vosotros, firmes en la línea que libremente escogimos todos juntos, seguiremos abriendo los senderos que llevan a la libertad. A los compañeros argentinos, sometidos hoy a silencio, pero no domeñados por la brutalidad militar que se abate sobre ellos como sobre los compañeros de la FORU, a nuestros queridos compañeros de Chile y de otros países de América latina, colocada hoy bajo la férula militar puesta en plaza por el imperialismo americano, nuestro mensaje de aliento y nuestra promesa de secundarlos en la medida de nuestras fuerzas en su combate.

A nuestros compañeros cubanos, a los de la Confederación Nacional del Trabajo Búlgara, cuyos compañeros en exilio trabajan con nosotros, a los militantes anónimos y valientes que prosiguen su acción incansable en aquellos países, en Hungría, en Polonia... en Rusia misma, en Ukrania, el recuerdo fervoroso de quienes no olvidan el sacrificio permanente que están realizando por las ideas.

A todos cuantos sufren prisión y condenas por la acción rebelde contra todas las tiranías, estas líneas finales de solidaridad fraterna y activa de la militancia anarcosindicalista.

En nombre del Congreso.

Por la Asociación Internacional de los Trabajadores.

El Secretario general.

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ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES
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EN 1864, en ocasión de una exposición internacional en Londres, obreros ingleses y franceses se reunieron en la sala San Martin con la idea de realizar la unión estrecha entre los obreros de todos los países. Se formó un comité con la misión de redactar un programa y los estatutos para la Unión Internacional. Como miembro de ese Comité fue elegido, entre otros, Carlos Marx, que tomaba parte en los trabajos de la Unión. El primer congreso internacional regular tuvo lugar del 3 al 8 de septiembre de 1866, en Ginebra (Suiza). En aquel congreso quedó constituida definitivamente la organización internacional, que adoptó el nombre de Asociación Internacional de los Trabajadores (A.I.T.). A la cabeza de la A.I.T. se hallaba el Consejo General, cuya misión era asegurar el lazo de unión entre las diversas secciones de la organización. Como objetivo de la A.I.T., el programa especificaba la emancipación económica de la clase obrera. Los estatutos dejaban a cada sección una completa independencia, así como la libertad de entrar directamente en relaciones con el Consejo General. El segundo congreso tuvo lugar en Lausana, del 2 al 7 de septiembre de 1867. En el tercer congreso celebrado en Bruselas, del 6 al 13 de septiembre de 1868, fue designada la huelga general como el único medio de impedir la guerra y de asegurar la paz. El cuarto congreso se celebró en Bruselas, del 6 al 13 de septiembre, de 1869. En ese congreso empezaron las grandes discusiones entre Marx y Bakunin. El primero preconizaba el centralismo, el parlamentarismo y la acción política como medios de lucha. El segundo predicaba el antiestatismo y el federalismo. Fue en ese congreso donde se vio por primera vez el gran éxito de la idea federalista y la importancia de las uniones obreras. Allí fue donde se afirmó la idea de la anulación del Estado y de reemplazarlo por las uniones de productores. Los comienzos de Bakunin en la Internacional fueron un éxito, así como la influencia creciente del ala antiautoritaria, federalista. Esta era peligrosa para Marx y sus partidarios. Entonces empezó todo un juego de intrigas contra los federalistas que llegó a la disolución de la sección de Ginebra. La sede del Consejo General se hallaba en Londres y estaba bajo la influencia de Carlos Marx. En 1870 no hubo congreso, a causa de la guerra. En 1871, el Consejo General convocó, en Londres, una conferencia cerrada, a la cual fueron invitados y estuvieron presentes sobre todo los delegados partidarios de Marx y del Consejo General. Los belgas, los españoles y los italianos se inclinaban, con Bakunin, hacia el federalismo. Las organizaciones del Jura no estaban presentes en la conferencia. La invitación fue hecha de tal forma que los partidarios del Consejo General se hallaron en mayoría. La conferencia fue utilizada por Marx para declarar obligatoria la acción parlamentaria, rechazada por el lado latino. Eso aconteció por medio de la votación y la adopción de la resolución siguiente:

«Visto que el proletariado, como clase, no podría alzarse contra la violencia colectiva de las clases poderosas de otra manera que constituyéndose en un partido político particular, en lucha contra todos los viejos partidos de las clases burguesas; que la constitución del proletariado en un partido político es indispensable para asegurar el triunfo de la revolución social y de su objetivo final, la abolición de las clases ; que la unión de las fuerzas de los trabajadores, que fue ya lograda con ayuda de las luchas económicas, tendrá que servir también como palanca para las masas de esta clase en su lucha contra el poder político de los explotadores, la conferencia declara a los miembros de la Internacional que, en vista del estado de guerra en el cual se encuentra la clase obrera, su acción económica y política están ligadas de manera inseparable. »

Conforme a esto, la potencia del Consejo General aumentó. Se apropió un poder autoritario vis a vis de las secciones, con el objeto de velar por la doctrina. El lado latino, que se erguía contra el centralismo y el parlamentarismo, tenía que ser descartado. De esta manera se incrustó una cuña en la Internacional, cuña que finalmente acarrearía una escisión provocada directamente por Carlos Marx en el Quinto Congreso, celebrado en La Haya, del 2 al 7 de septiembre de 1872. Los partidarios de Marx disponían de 40 votos, los federalistas sólo de 25. Esta proporción desigual de votos fue el resultado de una maquinación de Marx. Tomó todas las disposiciones para que los delegados de Alemania, en donde se hallaban sus partidarios, viniesen en crecido número al Congreso. Así fue fabricada una mayoría marxista. El congreso de La Haya aprobó las decisiones de la conferencia de Londres. La fuerza del Consejo General aumentó todavía y se introdujo en los estatutos de la Internacional un artículo sobre la necesidad de la acción política. El punto de vista de los federalistas, los del Jura a la cabeza, fue expuesto por James Guillaume. Precisó la diferencia entre marxistas y federalistas, declarando que los primeros buscaban conquistar el poder político por medio de la participación en las elecciones parlamentarias, mientras que los segundos trataban de destruirlo. Marx se aprovechó igualmente de ese congreso para lanzar calumnias contra Bakunin, que no estaba presente. Fue formada una comisión compuesta en su mayoría por partidarios de Marx, la cual aprobó la expulsión de Bakunin, de Guillaume, de Schwitzguébel y otros más del seno de la Internacional. La expulsión de los dos primeros fue decidida a pesar (le la declaración del presidente de la Comisión, el delegado alemán Cuno, en el sentido de que no había pruebas materiales contra los acusados. La minoría presentó, en la persona de Víctor Dave, una declaración diciendo que tenía la intención de defender dentro de la Internacional la autonomía federal. De esta forma, las pretensiones injustas y autoritarias de los marxistas trajeron la escisión de la Internacional.

Los federalistas organizaron entonces, a su vez, el Congreso de Saint Imier, el 15 de septiembre de 1872, en el cual participaron todos los elementos antiautoritarios y federalistas de la Internacional. Toda el ala latina de esta última estaba representada, particularmente las secciones del Jura, de Italia, de España, de Francia y dos secciones americanas. En ese congreso fueron formulados los principios fundamentales del movimiento obrero libertario, que pueden servir como indicadores del camino al proletariado revolucionario de la época. Las resoluciones sobre la acción política, así como sobre las uniones profesionales y sus tareas se expresan de la manera siguiente :

"Considerando :

"que querer imponer al proletariado una línea de conducta o un programa político uniforme como vía única que pueda conducirle a su emancipación social es una pretensión tan absurda como reaccionaria;

"que nadie tiene el derecho de privar a las federaciones y secciones autónomas del derecho incuestionable de determinarse ellas mismas y de seguir la línea de conducta política que crean mejor y que todo proceder contrario conducirá fatalmente al más escandaloso dogmatismo;

"que las aspiraciones del proletariado deben tener como objetivo el establecimiento de una organización y de una federación económicos absolutamente libres, fundadas sobre el trabajo y la igualdad del todo independientes de todo gobierno político, y que esta organización y esta federación no pueden ser más que el resultado de la acción espontánea del proletariado mismo, gremio de artesanos y de comunas autónomas.

"Considerando:

"que toda organización política no puede ser más que la organización del poder en provecho de una clase y en detrimento de las masas, y que si el proletariado quisiera apoderarse del Poder se convertiría en una clase dominante y explotadora,

"el Congreso reunido en Saint-Imier declara:

"1° Que la destrucción de todo poder político es el primer deber del proletariado; el primer

"2° Que toda organización de poder político —aunque se suponga que es provisional y revolucionaria— destinada a efectuar esa destrucción, no puede ser más que un engaño y sería tan peligrosa para el proletariado como todos los gobiernos existentes hoy en día;

"3° Que los proletarios de todos los países deben rechazar todo compromiso en el camino de la Revolución Social y deben establecer una intensa solidaridad de acción revolucionaria, al margen de toda política burguesa."

También se adoptó esta resolución:

"La libertad y el trabajo son la base de la moral, de la fuerza, de la vida y de la riqueza del porvenir. Pero el trabajo, si no es libremente organizado, se vuelve opresivo e improductivo para el trabajador y es por eso que la organización del trabajo es la condición indispensable de la verdadera y completa emancipación del obrero.

"Sin embargo, el trabajo no se puede ejercer libremente sin la posesión de las materias primas y de todo el capital social; no se puede organizar si antes no se emancipa de la tiranía política y económica, conquistando el obrero el derecho a desenvolverse completamente en la aptitud de todas sus facultades. Todo Estado, es decir todo gobierno y toda administración de las masas populares de arriba abajo, al estar fundados necesariamente sobre la burocracia, sobre los ejércitos, sobre el espionaje y sobre el clero, no podrán establecer jamás la sociedad organizada sobre el trabajo y sobre la justicia, ya, que, por la naturaleza misma de su organización, están fatalmente empujados a oprimir al trabajador y a negar la justicia.

"Según nosotros, el obrero no podrá jamás emanciparse de la opresión secular si no substituye a ese cuerpo absorbente y desmoralizador por la libre federación de todos los grupos productores, fundada sobre la solidaridad y la igualdad."

Después de los congresos de 1872, el de La Haya y el de SaintImier, los congresos de las dos tendencias se celebraban separadamente. El Consejo General de la mayoría marxista fue transferido a Nueva York. Aquí fue su entierro. Contrariamente, todas las secciones de la Internacional, a excepción de la sección alemana, abrazaron el punto de vista de las secciones del Jura. Las tradeuniones inglesas estaban de igual modo contra el Consejo General dirigido por Marx. Cuando un año más tarde las dos tendencias, la marxista y la federalista, convocaron sus congresos en Ginebra, esos congresos se celebraron separadamente.

El segundo Congreso de los antiautoritarios tuvo lugar del 1° al 6 de septiembre de 1873, el de los marxistas del 8 al 13 de septiembre. Se veía claro, ahora, que los marxistas se hallaban en plena derrota. Fue su último Congreso. El Congreso de los federalistas fue muy frecuentado. Elaboró nuevos estatutos para la Internacional. El Consejo General fue suprimido. La cuestión de la huelga general fue discutida, aunque no fue definitivamente solucionada visto el número restringido de organizaciones obreras en esa época. El Congreso de los marxistas fue un fracaso completo. Aparte de los delegados alemanes y austriacos, no hubo apenas otras representaciones, de forma que se vio obligado a renunciar a nuevas convocatorias para congresos ulteriores. El ala antiautoritaria y federalista se mantuvo. Mas ella también sufrió mucho, por una parte, a causa de la escisión provocada por Marx, y, por otra, a causa de la reacción general instaurada en toda Europa después de la caída de la Comuna. Todavía se celebraron tres congresos: el 3° en Bruselas, del 7 al 13 septiembre de 1874; el 4° en Berna, del 26 al 29 de octubre de 1876; y el 5° en Verviers, del 6 al 8 de septiembre de 1877. En 1877 tuvo lugar en Ginebra un Congreso general socialista de donde nació la Internacional socialdemócrata. No tardaron en entenderse las dos internacionales marxistas, y se creó una oficina común para las dos. Fue el fin de los congresos y de la Internacional.

A partir de ese momento empezó otro periodo que dio origen a la formación y organización de la internacional conocida con el nombre de Segunda Internacional.

La época que siguió fue de franca decadencia del movimiento obrero internacional. La hegemonía de Alemania sobre el continente europeo, después de la guerra de 1870-71, trajo también una preponderancia del movimiento obrero alemán sobre el de los otros países, en especial en los latinos. Con esto, los métodos alemanes del parlamentarismo tomaron superioridad, mientras que el ala federalista de la Primera Internacional iba declinando de día en día.

Pasaron algunos años antes de que los elementos libertarios estuvieran suficientemente fuertes, en el seno del movimiento obrero, para que pudieran reunirse en un plano internacional. Con el desarrollo del sindicalismo revolucionario antiestatal se vivificó el movimiento obrero internacional en el sentido de la tendencia antiautoritaria de la Primera Internacional. Al considerar esta tendencia, desde el punto de vista económico, a las organizaciones profesionales como los órganos llamados a guiar la lucha del proletariado consciente de su deber de clase y como los indicados para llevar a cabo la revolución social, el sindicalismo revolucionario tomó fuerza y continuó esta tendencia.

En 1913 se reunieron en Londres los delegados de las organizaciones sindicalistas revolucionarias de casi todos los países europeos y de otros lugares, con el fin de poner la primera piedra de la nueva internacional obrera que seguiría el camino trazado por la Primera Internacional. La resolución principal adoptada en Londres decía:

"El primer Congreso Internacional Sindicalista reconoce que la clase obrera de todos los países sufre la misma represión por parte del Estado y del sistema capitalista. Por tal motivo se declara en favor de la lucha de clases, de la solidaridad internacional y de la organización independiente de la clase obrera sobre la base de la unión federativa.

"Tiende éste a la elevación material y moral inmediata de la clase obrera hasta la destrucción total del capitalismo y del Estado.

"Este declara, además, que la lucha de clases es una consecuencia necesaria de la posesión privada de los medios de producción y de distribución, y que, por ende, este Congreso tiende a la socialización de esos medios.

"En este sentido deben orientarse la constitución y el desarrollo de las organizaciones sindicalistas, ya que ellas están en las mejores condiciones de poder asegurar la producción y la distribución de los productos en beneficio de la sociedad entera.

"Comprobando que los sindicatos internacionales no pueden realizar con éxito la lucha de clases si los obreros continúan divididos por diferencias políticas y religiosas, el Congreso declara que la lucha de clases, como tal, no podrá tener más que carácter económico, por lo que las organizaciones obreras no deben buscar el fin enunciado por medio de colaboraciones con el gobierno ni con sus aliados, y que ellas se deben apoyar únicamente en el poder de las organizaciones y en su acción directa.

"Como consecuencia de esta declaración, el Congreso hace una llamada a los trabajadores de todos los países para que se unan en organizaciones industriales, federales, independientes. sobre la base de la solidaridad internacional, con el fin de liberarse completamente de la opresión ejercida por el Estado y el capitalismo."

Desgraciadamente, la obra encaminada a conseguir la unión internacional de las organizaciones industriales revolucionarias libertarias fue interrumpida por la guerra que estalló en 1914. Todos los países se cerraron herméticamente. Toda relación internacional de los trabajadores fue casi imposible. La reacción duró hasta el fin de la guerra. La revolución en Rusia y en Europa central creó una nueva situación. Las fuerzas dispersas del proletariado revolucionario volvieron a unirse. Sin embargo, una tentativa de continuar la obra emprendida en Londres en 1913 tuvo éxito en 1920. Ese año se celebró una conferencia sindicalista preliminar en Berlín, del 16 al 21 de diciembre. Estaban representadas las organizaciones siguientes : la I.W.W., de América del Norte; la F.O.R.A., de Argentina; el Comité Sindicalista Revolucionario de Francia ; la F.A.U.D., de Alemania; el Schop-Steward and Workers Committee Movement, de Inglaterra; la Organización Central de los Obreros Suecos, de Suecia, y el Nacional Arbeids Secretariado, de Holanda y, además, la Unión Sindical Italiana, de Italia, la Confederación Nacional del Trabajo, de España. La Federación Sindicalista de Noruega y la oposición de las uniones profesionales dinamarquesas, se declararon de acuerdo en la creación de una Internacional Sindicalista, a la par que expresaban su pesar por no haber podido tomar parte en la Conferencia. Las uniones profesionales rusas estaban representadas por Belenky, que se hallaba allí a título de visitante. Se adoptaron en esa conferencia las resoluciones siguientes :

"1° La Internacional Revolucionaria del Trabajo se declara sin reserva alguna en pro de la lucha de clases revolucionaria y del poder de la clase obrera.

"2° La Internacional Revolucionaria del Trabajo tiende a la destrucción y al aniquilamiento del régimen económico, político y moral del sistema capitalista y tiende a la fundación de una sociedad comunista libre.

"3° La conferencia tiene plena conciencia de que la clase obrera es la única que está en condiciones de destruir la esclavitud económica, política y moral, impuestas por el capitalismo, si aplica de manera severa y enérgica sus medios de poder económico, los cuales encuentran sus más potentes medios de expresión para lograr ese fin en la acción directa revolucionaria de la clase obrera.

"4° Corno consecuencia, la Internacional Revolucionaria del Trabajo hace suyo el punto de vista de que la construcción y la organización de la producción y de la distribución son tareas primordiales en la organización económica de cada país.

"5° La Internacional Revolucionaria del Trabajo es completamente independiente de todo partido político. En caso que la Internacional Revolucionaria del Trabajo decidiera una acción determinada y algún partido político o cualquier organización se declarasen de acuerdo con esa acción, o viceversa, entonces, la ejecución de esta acción puede hacerse en común con esos partidos y organizaciones.

"6° La Conferencia hace un llamado urgente a todas las organizaciones sindicalistas revolucionarias e industriales invitándolas a tomar parte en el Congreso convocado para el 1° de mayo de 1921, en Moscú, por el Consejo Provisional de la Internacional Roja del Trabajo (I.S.R.) con el fin de fundar una Internacional Revolucionaria del Trabajo unificada para todos los trabajadores del mundo."

Cuando en el verano de 1921 tuvo lugar en Moscú el Congreso constitutivo de la Internacional Sindical Roja (I.S.R.), los sindicalistas revolucionarios estuvieron allí representados en gran número. También hubo, sin embargo, organizaciones sindicalistas revolucionarias que ya en esa época adoptaban el punto de vista de no querer vivir bajo los auspicios del gobierno de Rusia. En primera línea de ese punto de vista se encontraban los sindicalistas alemanes que, con motivo de una delegación enviada a Moscú, habían hecho previamente un referéndum en sus filas que dio resultado negativo. Se suponía, por otra parte, que los comunistas rusos no tolerarían jamás una internacional sindicalista revolucionaria verdaderamente independiente, es decir, antiautoritaria, ya que ellos defendían la teoría según la cual el Partido debía ejercer una dictadura sobre las uniones profesionales. Esta suposición estaba plenamente justificada. Habiendo formado una mayoría con arreglo a sus deseos, los rusos lograron ahogar la opinión de los sindicalistas revolucionarios. Pero ya en Moscú la minoría estrechó sus lazos poniéndose de acuerdo acerca de la publicación de un manifiesto contra el Congreso. En el Congreso de los anarcosindicalistas, en Dusseldorf, en el otoño de 1921, tuvo lugar, complementariamente, una pequeña conferencia internacional en la cual tomaron parte un delegado de los I.W.W., otro de los sindicalistas suecos, una delegación de los sindicatos holandeses y los sindicalistas alemanes. En esa conferencia se tomó la decisión de convocar en Berlín, al año siguiente, una conferencia internacional de las organizaciones que no estuvieron de acuerdo con las decisiones del Congreso de Moscú. Esa conferencia preliminar de los sindicalistas tuvo lugar en Berlín, del 16 al 18 de junio de 1922. Estaban representados en ella. La Frei Arbelter Union Deutschlands (Alemania), la Unione Sindacale Italiana (Italia), la Confederación General del Trabajo Unitaria (Francia), la Confederación Nacional del Trabajo (España) la Sveriges Arbetaren Centralorganization (Suecia), la Norsk Sindikalistisk Federation (Noruega), la minoría sindicalista de las uniones profesionales rusas y la Federación Obrera Regional Argentina. Había también un representante de las uniones profesionales rusas, el cual fue admitido a titulo de observador.

La última gran discusión con las uniones profesionales rusas tuvo lugar en esta conferencia. En el momento que debía ser elaborada una resolución de protesta contra las persecuciones de los obreros revolucionarios, los representantes de la minoría sindicalista de Rusia intentaron también abogar por la liberación de los revolucionarios encarcelados en la Rusia soviética. El representante de las uniones profesionales rusas, Andreieff, defendió los puntos políticos del gobierno ruso. Estalló entonces una dura discusión. Finalmente, fue nombrada una Comisión que presentó claramente al representante de las uniones profesionales rusas, las dos cuestiones siguientes:

"1° ¿El Comité Central de las uniones profesionales rusas piensa intervenir, de manera formal, con vistas a la liberación de todos los sindicalistas y anarquistas encarcelados por sus ideas?

"2. ¿Tiene el mismo Comité la intención de exigir que los camaradas puedan desarrollar libremente sus actividades revolucionarias dentro de las uniones profesionales, a condición de que no luchen contra el gobierno ruso con las armas en la mano?"

La respuesta a esas cuestiones fue dada por tres veces, pero siempre equívoca. Se vio con claridad que el gobierno ruso era defendido por las uniones profesionales rusas. La Conferencia se pronunció entonces en favor de los revolucionarios encarcelados en la Rusia soviética. Cuando el representante de las uniones profesionales rusas comprendió que tenía la partida perdida abandonó la Conferencia. Desde ese momento la separación de las uniones profesionales autoritarias de la Rusia soviética y de las organizaciones sindicalistas revolucionarias antiautoritarias fue un hecho definitivo. La Conferencia elaboró en diez tesis una declaración de principios del sindicalismo revolucionario que fue aprobada unánimemente. Esta declaración fue adoptada casi íntegramente por el Congreso constitutivo ulterior de la Asociación Internacional de los Trabajadores. La citamos más abajo. A continuación la Conferencia adoptó una resolución contra la Internacional Roja, pues, según se afirmaba en aquella resolución, no se veía la verdadera base sobre la cual podría unirse el proletariado revolucionario del mundo entero. Se constituyó una oficina provisional que debía convocar a un congreso internacional de los sindicalistas revolucionarios. A ese congreso fueron invitados también las organizaciones adheridas a la Internacional Roja. La sede de la oficina fue fijada en Berlín.

En fin, del 25 de diciembre de 1922 al 2 de enero de 1923 tuvo lugar, en Berlín, el Congreso constitutivo de los sindicalistas revolucionarios. En ese Congreso estaban representadas las organizaciones sindicales revolucionarias de Argentina, Chile, Dinamarca, Alemania, Francia (Comité de defensa sindicalista). Holanda, Italia, México, Noruega, Portugal, Rusia (la minoría), Suecia, España, Checoslovaquia (la minoría). Allí se aprobó la declaración de principios, se elaboraron los estatutos y se adoptó el nombre de Asociación Internacional de los Trabajadores. Así resucitó la A.I.T., tanto cle nombre como en esencia. La declaración de principios y los estatutos de la A.I.T. declaran:

"1° Introducción:

"La lucha secular entre explotados y explotadores ha tomado una amplitud amenazadora. El capital todopoderoso, que se tambaleó peligrosamente después de la guerra mundial, y sobre todo después de la gran revolución rusa y las revoluciones —aunque menos imponentes— de Hungría y de Alemania, levanta de nuevo su monstruosa cabeza. A pesar de las luchas intestinas que desgarran a la burguesía y al capitalismo cosmopolita, estos últimos se encuentran en vías de entendimiento con el fín de lanzarse más unidos y con mayor fuerza sobre la clase obrera para atarla al carromato triunfante del capital.

"El capitalismo se organiza y, del estado defensivo en el cual se hallaba, pasa a la ofensiva en todos los frentes contra la clase obrera, agotada por las guerras sangrientas y las revoluciones fracasadas. Esta ofensiva tiene su origen profundo en dos causas bien determinadas: la primera es la confusión de ideas y de principios que existe en las filas del movimiento obrero, la falta de claridad y de cohesión en los objetivos actuales y futuros de la clase obrera, en la división en innumerables fracciones, a menudo enemigas y, en una palabra, en la debilidad y la desorganización del movimiento obrero. La segunda es, sobre todo, la desbandada producida por la Revolución Rusa que, en el momento de su nacimiento, por la razón misma de los grandes principios enunciados por ella en noviembre de 1917, había levantado las más grandes esperanzas en todos los proletarios del mundo, volviendo a caer al nivel de una revolución política que ha servido para mantener la conquista del poder estatal en manos del Partido Comunista, cuyo solo objeto es el de monopolizar toda la vida económica, política y social del país. Esta desviación de una revolución social que se convierte en una revolución política, ha tenido por resultado una hipertrofia del socialismo estatal, cuya consecuencia ha sido el desarrollo de un sistema capitalista tan explotador y tan dominador como cualquiera otro sistema de origen burgués. La meta de restablecer el capitalismo en Rusia ha sido el gran anhelo del capitalismo mundial. El socialismo estatal, denominado «comunismo», ha salvado al capitalismo burgués llamándolo en su ayuda para... ¡salvar la revolución! Es así que, gracias a esos dos elementos desorganizadores —la confusión en las filas del proletariado y el bolchevismo capitalista—, el gran capital industrial y bancario siente crecer sus fuerzas y ve aumentar sus posibilidades de reafirmarse.

"Contra este fuerte ataque internacional de los explotadores de todas clases, no queda más que un medio de lucha, la organización inmediata del ejército proletario en el seno de un organismo de lucha que integre a los obreros revolucionarios de todos los países en un solo bloque granítico, contra el cual vengan a estrellarse todas las empresas capitalistas que terminarán por ser aplastadas bajo el peso inmenso de aquella organización.

"Varias tentativas han sido hechas en ese sentido. Dos de ellas esperan todavía poder acertar; son ellas las dos internacionales existentes en Amsterdam y en Moscú; pero ambas llevan el germen envenenador y autodestructor. La internacional de Amsterdam, sumergida en el reformismo, considera que la única solución al problema social reside en la colaboración de clases, en la coexistencia del trabajo y el capital y en la revolución pacífica, esperada y realizada sin violencia y sin lucha, con el consentimiento y la aprobación de la burguesía. La Internacional de Moscú, por su lado, considera que el Partido Comunista es el árbitro supremo de toda revolución, y que sólo bajo la férula de ese partido podrán ser declaradas y consumadas las revoluciones del porvenir. Es de lamentar que en las filas del proletariado revolucionario consciente y organizado existan todavía tendencias que soporten lo que tanto en teoría como en la práctica no se puede ya soportar: la organización del Estado, es decir, la organización de la esclavitud, del salario, de la policía, del ejército, del yugo político, en una palabra: de la supuesta dictadura del proletariado, que no puede ser otra cosa más que un freno a la fuerza expropiadora directa y a la supresión de la soberanía real de la clase obrera, por lo que se vuelve, en tal sentido, la dictadura de hierro de la pandilla política sobre el proletariado. Es la hegemonía del comunismo autoritario, es decir, la peor forma del autoritarismo, del cesarismo en política, de la completa destrucción del individuo.

"Por consiguiente, contra la ofensiva del capital, de un lado, contra los políticos de toda envergadura, por otro, los obreros revolucionarios del mundo deben levantar una verdadera asociación internacional de los trabajadores en donde cada miembro sepa que la emancipación final de los trabajadores no puede ser posible mientras que los trabajadores mismos, en tanto que trabajadores, en sus organizaciones económicas, no estén preparados, no solamente para tomar posesión de la tierra y de las fábricas, sino también para administrarlas en común y estar en condiciones de organizar la producción y el consumo.

"Con esta perspectiva por delante, el Congreso Internacional de los Sindicalistas Revolucionarios, reunido en Berlín en diciembre de 1922, hace suya la declaración de los principios siguientes, elaborados por la Conferencia previa de los Sindicalistas Revolucionarios (junio 1922):

"2° Principios del Sindicalismo Revolucionario:

"1° El sindicalismo revolucionario, tomando como base la lucha de clases, tiende a la unión de todos los trabajadores manuales e intelectuales dentro de las organizaciones económicas de combate luchando por su manumisión del yugo del salario y de la opresión del Estado. Su objetivo consiste en la reorganización de la vida social sobre la base del comunismo libre, por medio de la acción revolucionaria de la clase obrera misma. Considera que únicamente las organizaciones económicas del proletariado son capaces de realizar ese objetivo, y, en consecuencia, se dirige a los obreros, en su calidad de productores y creadores de las riquezas sociales, en oposición a los partidos políticos obreros modernos que no pueden ser jamás considerados útiles desde el punto de vista de la reorganización económica.

"2° El sindicalismo revolucionario es enemigo convencido de todo monopolio económico y social, y tiende hacia su abolición por medio de comunas económicas y de órganos administrativos de obreros del campo y de las fábricas, establecidos sobre la base de un sistema de Consejos libres de toda subordinación a todo poder o partido político. Contra la política del Estado y de los partidos erige la organización económica del trabajo; contra el gobierno de los hombres, la gestión de las cosas. No hay, por consiguiente, fin de conquista de poderes políticos, sino la abolición de toda función estatal dentro de la vida social. Considera que con el monopolio de la propiedad deberá desaparecer el monopolio de la dominación, y que toda forma de Estado, incluida la forma de la «Dictadura del proletariado», no puede ser jamás un instrumento de manumisión, sino que siempre será el creador de nuevos monopolios y de nuevos privilegios.

"3° La doble tarea del sindicalismo revolucionario es la siguiente: de un lado persigue la lucha revolucionaria diaria por el mejoramiento económico, social e intelectual de la clase obrera dentro de los cuadros de la sociedad actual. Por otro lado, su objetivo final es el de elevar las masas a la gestión independiente de la producción y de la distribución como a la toma de posesión de todas las ramificaciones de la vida social. Está convencido que la organización de un sistema económico que descanse de la base a la cumbre sobre el productor no podrá ser resuelto por decretos gubernamentales, sino por la acción común de todos los trabajadores manuales e intelectuales dentro de cada rama de la industria, por la gestión de las fábricas por los mismos productores bajo una forma tal que cada agrupación, fábrica o rama de industria, sea un miembro autónomo del organismo económico general y desarrolle sistemáticamente, sobre un plano determinado y sobre la base de acuerdos mutuos, la producción y la distribución en interés de toda la comunidad.

"4° El sindicalismo revolucionario se opone a toda tendencia y organización centralistas, heredados del Estado y de la Iglesia, que ahogan metódicamente todo espíritu de iniciativa y todo pensamiento independiente. El centralismo es la organización artificial de arriba abajo que entrega en bloque a manos de un puñado la reglamentación de los negocios de toda la comunidad. El individuo se vuelve entonces un autómata dirigido y puesto en movimiento desde arriba. Los intereses de la comunidad desaparecen arrollados por los privilegios de unos pocos; la diversidad es reemplazada por la uniformidad; la responsabilidad personal es anulada por la disciplina inanimada; el adiestramiento reemplaza la educación. Es por esta razón que el sindicalismo revolucionario considera como base de la vida social la organización federalista, es decir, la organización de abajo arriba, la unión libre de todas las fuerzas sobre la base de las ideas e intereses comunes.

"5° El sindicalismo revolucionario rechaza toda actividad parlamentaria y toda colaboración con los organismos legislativos. El sufragio más libre no puede hacer desaparecer flagrantes contradicciones existentes en el seno de la sociedad actual; el sistema parlamentario no tiene más objeto que el representar un simulacro de derecho legal al reino de la mentira y de la injusticia social

"6° El sindicalismo revolucionario rechaza todas las fronteras políticas y nacionales, trazadas arbitrariamente, ya que ve en el nacionalismo la religión del Estado moderno, detrás del cual se esconden los intereses materiales de las clases poderosas. Reconoce únicamente las diferencias de orden regional y exige, para todo agrupamiento, el derecho de su propia determinación en acuerdo solidario con todas las otras asociaciones de orden económico, regional o nacional.

"7° Es por estas mismas razones que el sindicalismo revolucionario combate al militarismo bajo todas sus formas y considera la propaganda antimilitarista como una de sus tareas más importantes en la lucha contra el sistema actual. En primer lugar, hay que considerar el rechazo individual y, sobre todo, el boicot organizado contra la fabricación de material de guerra.

"8° El sindicalismo revolucionario se coloca en el terreno de la acción directa y defiende todas las luchas que no estén en contradicción con sus objetivos: la lucha por la abolición del monopolio económico y contra la dominación del Estado. Los medios de lucha son la huelga, el boicot, el sabotaje, etc. La acción directa halla su expresión más profunda en la huelga general que, al mismo tiempo, debe ser el preludio de la revolución social.

"9° Enemigos de toda violencia organizada en las manos de cualquier gobierno, los sindicalistas no olvidan que las luchas decisivas entre el capitalismo de hoy en día y el comunismo libre de mañana no podrán pasarse sin serias colisiones. Reconocen, por consiguiente, la violencia como medio de defensa contra los métodos de violencia de las clases dominantes en la lucha por la expropiación de los medios de producción y de la tierra por el pueblo revolucionario. Al igual que esta expropiación no puede ser iniciada y llevada a buen fin más que por las organizaciones económicas revolucionarias de los trabajadores, la defensa de la revolución debe hallarse también en las manos de esas organizaciones económicas y no en las de una organización militar u otra que obre fuera de esos órganos económicos.

"10° Sólo en el seno de las organizaciones económicas revolucionarias de la clase obrera se halla la fuerza capaz de realizar su manumisión y la energía creadora necesaria para la reorganización de la sociedad sobre la base del comunismo libre."

Desde entonces, la A.I.T. ha perdurado hasta hoy.

La A.I.T. tuvo su 2° Congreso en Holanda, en la primavera de 1925. La organización se consolidó. Tomó claramente posición frente a las otras tendencias dentro del movimiento obrero. Fue adoptada la resolución siguiente:

"El segundo congreso de la A.I.T. reitera su convicción fijada en los estatutos de la A.I.T., a saber:

"Que aunque todas las organizaciones económicas del proletariado sean capaces de luchar por las reivindicaciones económicas en el seno de la sociedad actual, y realizarlas, sólo las organizaciones obreras revolucionarias antiautoritarias representan la única forma natural, verídica, susceptible de emprender la reorganización de la vida económica y social sobre las bases del comunismo libertario;

"Que sean cualesquiera los partidos políticos y los nombres con que éstos se cubran, jamás pueden ser considerados como fuerza motriz de la reorganización económica, porque sus actividades se desplegan exclusivamente sobre el terreno de la conquista del poder estatal;

"Que uno de los objetivos primordiales del movimiento obrero no debe ser la conquista del poder, sino la supresión de todo organismo dominador y centralista en la vida social, ya que la independencia del movimiento obrero es la condición principal en el camino para la realización de su objetivo final;

"Colocando esos principios en la base de su actividad, el Congreso ha considerado que la mínima tentativa de subordinación de los sindicatos a partidos políticos, no importa cuales fueren, desvía inevitablemente a la clase obrera de sus propios objetivos y aspiraciones y que, por consecuencia, toda coalición entre los organismos económicos de la clase obrera y los partidos políticos es peligrosa y nefasta.

"El Congreso rechaza, no obstante, la definición engañosa que coloca al mismo nivel a los partidos aspirantes al poder político y a las agrupaciones ideológicas que tienen como objetivo la transformación social, al margen de todo principio de autoridad y estatismo.

"Ante esta situación, plena de peligros para la clase obrera mundial, el 2° Congreso de la A.I.T. considera como un deber de los sindicalistas revolucionarios el continuar, más enérgicamente hoy que nunca, la obra de reagrupamiento de la familia sindicalista sobre las bases de los principios del sindicalismo revolucionario, tales como son enunciados por los estatutos de la A.I.T.; el no participar en ninguna conferencia de unidad sindical llevada a cabo por los que desean ahogar el movimiento obrero convirtiéndolo en presa de los partidos políticos, sean cuales fueren, y el agrupar alrededor de la A.I.T. a todas las fuerzas revolucionarias antiestatistas del mundo entero."

El Congreso protestó igualmente contra la reacción en todos los países y reclamó el derecho de expresión del pensamiento por la palabra y por la prensa, haciendo un llamamiento a la clase obrera mundial para luchar contra los fascismos y las dictaduras.

El Congreso adoptó, además, resoluciones que fijaron la actitud de la A.I.T. frente a las luchas diarias prácticas, la aplicación del plan de Dawes a Alemania, del papel a desempeñar por las juventudes sindicalistas, así como resoluciones fijando la acción internacional de la A.I.T. y las relaciones de ésta con las federaciones internacionales de la industria.

El Congreso terminó organizando una Comisión Internacional de Estudios.

Digna de señalar es la resolución de clausura del III Congreso, celebrado en 1928, en Lieja (Bélgica), en la que se decía:

" ...El proletariado debe, en efecto, recordar constantemente que su liberación no será posible más que en la desaparición del orden social existente y que únicamente cuando haya conquistado los medios de producción, de distribución y de cambio podrá instaurar el verdadero socialismo, permitiendo al individuo expansionarse libremente".

Veinticinco países estuvieron representados en el IV Congreso, celebrado en Madrid, en junio de 1931. Congreso laborioso y de trascendental importancia, fijó normas de organización de las Federaciones Internacionales de Industria y se pronunció netamente contra las doctrinas nacionalistas y contra el fascimo.

En el V Congreso, celebrado en París en el verano de 1935, el estudio se centró sobre la situación que se había creado con la victoria del fascismo y la contrarrevolución en América Latina, Austria, Alemania, Italia, Portugal y otros países. Aquella preocupación, la comprobación del peligro creciente que ella representaba y la adopción de medidas defensivas necesarias no impidió que, a su vez, fuesen examinadas cuestiones de orden interno, introduciéndose algunas modificaciones en sus estatutos.

Después del VI Congreso (París 1938), las actividades de la Internacional habían de sufrir una momentánea reducción. El conflicto mundial desencadenado por el nazifascismo en 1939 rompió en gran parte las relaciones del Secretariado Internacional (radicado en Suecia) con las respectivas secciones.

El VII Congreso no se celebró hasta 1951, en Toulouse (Francia). Asistían al mismo delegaciones de la Sección Española (representaciones de la organización clandestina del interior y del exilio), de Bulgaria (exilio), Suecia, Inglaterra, Alemania, R. Argentina, Italia, Holanda, Noruega, Dinamarca, Austria y Cuba. Entre las resoluciones fundamentales de aquel comicio conviene señalar la de la creación de subsecretariados internacionales —en grupos geográficos o lingüísticos — la condena contra las persecuciones políticas o sociales y la resolución que invitaba a todos los trabajadores al boicot económico, político, moral y en todos los órdenes a los elementos franquistas en todos los países. Reproducimos entre otras las resoluciones siguientes:

"Tarea primordial de la A.I.T. será dar impulso a la propaganda en los medios juveniles internacionales dedicando a esta tarea un esfuerzo inteligentemente dirigido y encaminado a que la juventud, internacionalmente, se interese por la A.I.T., por las finalidades que la animan y forme en sus filas como elemento activo, prestando su concurso dentro de las secciones y núcleos de la A.I.T. y como afiliados a ellos sin formar cuerpo aparte. Sin embargo, se tendrá en cuenta el criterio y condiciones de cada país en cuanto a la juventud..."

"La A.I.T. frente a los dos bloques en pugna que se disputan el predominio mundial y que tratan de sostener la primacía del capitalismo, del Estado, de los imperialismos y del totalitarismo, tenderá, con las fuerzas de sus filiales y de sus afiliados y militantes y con la cooperación de los hombres libres del mundo que coincidan en la lucha por la defensa integral de las libertades humanas siempre conservando plena y total independencia y libertad de movimiento, a crear un bloque o frente internacional de la libertad, de irreductible oposición a la guerra, al Estado, al Capitalismo, al stalinismo, al clericalismo y a todo totalitarismo".

El VII Congreso de la A.I.T. acordó: "Considerando que S.I.A. es una organización solidaria de carácter internacional que, independientemente de todo carácter político y religioso o filosófico, realiza una obra de humanidad, recomienda a todas las secciones de la A.I.T. en todos los países, que demuestren sus simpatías por Solidaridad Internacional Antifascista y ayuden a la misma a llevar a cabo su obra solidaria y humana, aconsejando el ingreso de los afiliados de la A.I.T. en S.I.A."

Decidió este Congreso suprimir las modificaciones aportadas por el precedente en París a la declaración de principios, y acordó que el artículo 2° de la misma volviera a su texto original:

"El sindicalismo revolucionario, basándose en la lucha de clases, tiende a la unión de los trabajadores manuales e intelectuales dentro de las organizaciones económicas y de combate que luchan por la liberación del doble yugo del salario y del Estado. Su finalidad consiste en la reorganización de la vida social, asentándola sobre la base del Comunismo Libertario y mediante la acción revolucionaria de la clase trabajadora. Considerando que únicamente las organizaciones económicas del proletariado son capaces de alcanzar este objetivo, el sindicalismo revolucionario se dirige a los trabajadores en calidad de productores, de creadores de la riqueza social, para germinar y desarrollar entre ellos, en oposición a los modernos partidos obreros, a quienes declara sin capacidad para una reorganización económica de la sociedad."

El punto 4° del segundo artículo declaraba:

"El sindicalismo revolucionario es opuesto a todas las tendencias de organización inspiradas en el centralismo de Estado y de la Iglesia y que sólo pueden servir para prolongar la vida del Estado y de la autoridad y para ahogar sistemáticamente el espíritu de iniciativa y de independencia del pensamiento."

Y en el punto 8° del citado artículo dice: "El sindicalismo revolucionario se afirma partidario de la acción directa y sostiene y alienta todas aquellas luchas que no estén en contradicción con sus propias finalidades." Y reafirmaba en el artículo 4° que una de sus finalidades es: "Organizar y ayudar la lucha revolucionaria en todos los países tendente a la destrucción definitiva de los regímenes políticos y económicos actuales y la instauración del Comunismo Libertario."

En el mes de julio de 1953, en la ciudad de Puteaux (Francia), se celebró el VIII Congreso Internacional, con la asistencia de 19 delegaciones, de las cuales 5 estaban en calidad de observadores. Este Congreso puso punto final al problema planteado en el seno de la A.I.T. por la actitud de la C.N.T. española durante la guerra civil y la revolución en aquel país, reconociendo que aquella actitud de colaboración, de carácter transitorio había sido superada y zanjada por los acuerdos de esta misma Sección en su Congreso de 1945, en París. La CNT española ratificó en aquel comicio los acuerdos sobre principios y tácticas que le eran consubstanciales, netamente afirmados en Zaragoza en 1936. Para una mejor información de las labores de aquel Congreso, reproducimos algunas de sus resoluciones.

"La A.I.T. estimulará la labor de penetración de los militantes en el seno de los movimientos obreros en los países en que el movimiento sindicalista revolucionario esté poco desarrollado, y complementariamente cursará sus documentos de propaganda y planteamiento sobre los problemas económicos y sociales que preocupan a los trabajadores del mundo, a todas las organizaciones de todos los países para propender a la divulgación de los principios o actividades revolucionarias que esas organizaciones asuman."

De importancia capital fue la resolución ante la amenaza de guerra, que dice así, después de reafirmar la declaración frente a los dos bloques del imperialismo, hecha en el VIII Congreso: « Frente el bloque, no sólo de intereses imperialistas, sino de concepciones distintas de la vida que ambos bloques representan —de explotación del hombre por el hombre en el capitalismo individualista y de explotación del hombre por el Estado en el régimen bolchevique— la A.I.T. y los trabajadores oponen una concepción de la vida basada en la abolición del Estado y del capitalismo en cualquiera de sus formas. La A.I.T. comprueba que en el mundo capitalista el principio sobre el que se basa la vida de la sociedad —condición social del asalariado, concentración económica del capitalismo, contradicciones del propio sistema capitalista, la existencia misma del Estado— representa un peligro latente y de guerra. Por estas razones la A.I.T. considera que sólo una transformación profunda del orden social puede asegurar a todos los hombres una paz duradera y constante. Frente a las falsas campañas pacifistas desencadenadas en todo el mundo por los dos imperialismos en pugna —lo mismo las del totalitarismo bolchevique que las del imperialismo político y económico americano—, la A.I.T. declara que éstas no tienen otro objeto que encubrir la preparación bélica en que estas potencias se hallan empeñadas y que las posibilidades de una paz concertada en mesa redonda no significarían otra cosa que el reparto amistoso de los pueblos débiles, sometidos al imperialismo ruso o al imperialismo americano. Por consiguiente, el VIII Congreso de la A.I.T. desenmascarará los verdaderos fines de esta propaganda de paz y propone a los trabajadores de todo el mundo la intensificación de su lucha contra ambos imperialismos, por medio de una resistencia activa y revolucionaria contra la amenaza de guerra. La A.I.T. dará impulso a la acción de libertad en todas partes, procurando ir a la vanguardia de esta lucha, sin ser nunca instrumento de ninguna fuerza ajena a sí misma y a los intereses de la clase obrera mundial y de la humanidad en general."

De interés fundamental y de actualidad permanente fue la resolución sobre los países totalitarios: "Frente a la situación de los pueblos sometidos a las diversas fuerzas imperialistas, víctimas de la más intensa explotación humana y ante la represión sangrienta de las masas que luchan por su liberación, la A.I.T. alienta a los pueblos esclavizados en su combate por la libertad, propugna la lucha activa en cada país de todas las fuerzas de la resistencia que se oponen a los regímenes dictatoriales que les oprimen, y recomienda a sus secciones nacionales, militantes y a los trabajadores revolucionarios de esos países que en esta acción por alcanzar su propia liberación no comprometan la independencia del movimiento y sus finalidades más allá de la etapa de lucha liberadora. En el caso de los pueblos de una misma región o continente, sometidos a dictaduras de cualquier tipo o a determinado imperialismo, como ocurre en regiones de Asia, Africa, Europa Oriental y Latinoamérica, la A.I.T. recomienda la ampliación y cordinación de esta lucha liberada al plano general de la región o continente afectado. La A.I.T. lucha contra el capitalismo y la explotación ejercida sobre el proletariado en el terreno internacional. Sostiene todas las acciones de las masas trabajadoras en el mundo en el combate contra esa explotación y contra toda especie de monopolio y de privilegio, así como por la transformación fundamental de la misma estructura del sistema económico y social. Sin embargo, en los países totalitarios, tales como Portugal, Argentina, Rusia, España, Bulgaria y los otros países dominados por el stalinismo, los trabajadores estan privados de toda posibilidad de organizarse libremente y se ven sometidos a un terror, a una opresión y a una explotación por completo diferentes. Se ven en la necesidad de sobrellevar una existencia particularmente penosa y de sostener una lucha que sobrepasa sus fuerzas, exigiendo sacrificios físicos y materiales excepcionalmente duros. Por esta razón, la A.I.T. se compromete, como tarea especial, a organizar en el plano internacional acciones de protesta y de solidaridad con el fin de ayudar eficazmente a estos pueblos oprimidos en su lucha por su liberación. Con esta finalidad, la A.I.T. procurará consolidar y ampliar su relación directa con los movimientos de resistencia en los países totalitarios para estar informada de forma regular y lo más completa posible sobre las luchas que sostiene y sobre las opresiones a que se ven sometidos los militantes sindicalistas y revolucionarios a fin de poder socorrerles con mayor eficacia.— Frente a las dictaduras que en nombre de un pretendido nacionalismo han coartado toda expresión de libertad y reprimido el movimiento obrero en los países de Latino-américa, como ocurre en Argentina, Colombia, Perú, Nicaragua, Venezuela y otros, la A.I.T. recomienda la coordinación de la lucha de todos los trabajadores del continente americano, en solidaridad con los pueblos que viven sometidos a este tipo de dictaduras y por el restablecimiento de sus mínimas libertades y derechos: libre organización sindical, reunión, huelga etc.— En el caso especial del pueblo español, víctima de la represión fascista del general Franco, en medio de la indiferencia, cuando no de la complicidad manifiesta, no sólo de los gobiernos totalitarios, sino también de las democracias, y sin que los trabajadores del mundo le hayan prestado más ayuda solidaria que platónicas declaraciones de simpatía moral, por falta de una acción concertada y efectiva, que es la que el heroico proletariado español necesita y merece con sus millares de trabajadores militantes del movimiento sindical encarcelados y asesinados el VIII Congreso de la A.I.T. acuerda plantear públicamente el deber que tienen las organizaciones sindicales de todos los países y las demás internacionales de ayudar al pueblo español con todos los medios a su alcance —huelga genera!, boicot etc.—, solidarizándose con él en su esfuerzo por librarse de la sangrienta dictadura fascista de Franco. Mientras el pueblo español se mantenga encadenado, derramando a raudales la sangre de sus hijos, no sólo ese pueblo, sino el mundo y la civilización misma estarán en peligro."

Participaron en el IX Congreso (Marsella —Francia— 1956) las secciones de Suecia, Dinamarca, Francia, Noruega, España, Uruguay, Argentina, Italia, Bulgaria, Chile, Holanda y Gran Bretaña. En el mismo comenzaron a señalarse las diferencias fundamentales que iban a provocar años más tarde la separación de las secciones holandesa y sueca, partidarias de una adaptación de los principios y tácticas de la A.I.T. a las situaciones especiales que pudieran plantearse en cada país, abandonando la acción directa y encaminándose hacia las tácticas de cogestión.

El Congreso, después de varias secciones dedicadas a la discusión de este aspecto fundamental, ya que iba a determinar un cambio completo de línea revolucionaria, reafirmó netamente los principios y tácticas de la A.I.T. contra la voluntad de las dos secciones más arriba mencionadas.

El mismo problema había de venir, sin embargo, a las deliberaciones del X congreso, celebrado dos años después, al plantarse la especial posición de la sección sueca. La misma, por el abandono de los principios y tácticas reafirmados por la Internacional, se colocaba al margen de la misma. El Congreso, para evitar la repetición de tal problema y la pérdida de tiempo que representaban los debates sobre cuanto es consustancial con su propia existencia, añadia como aditivo a los estatutos que "sólo los grupos que aceptan como finalidad el comunismo libertario (anárquico) y el federalismo pueden formar parte de la A.I.T."

Entre otras actividades relativas al futuro de la propaganda la A.I.T. adoptó una resolución asi redactada: "Es necesario que se contacte con cuantos compañeros viven en países donde no exista sección de la A.I.T. al objeto de iniciar a través de ellos una propaganda objetiva. Creemos también que en caso de que no exista posibilidad de que los compañeros autóctonos de un país se desenvuelvan por sí solos, que sean los compañeros de países limítrofes o cercanos los que se ocupen de ese aspecto propagandístico."

Se llegó a la resolución de crear grupos de "Amigos de la A.I.T." allá donde la presencia de un pequeño grupo de militantes permitiese la realización de la propaganda tal como fue decidida en el Congreso.

Desde 1961 se han celebrado tres congresos. Del duodécimo reproducimos por su importancia la resolución que resumió los debates sobre la evolución del Capitalismo y el Estado, y la precisión de la posición ideológica de la A.I.T.

"Es evidente que el hombre ha dado un salto gigantesco desde la incertidumbre de las tinieblas hacia la luz de la razón humana; mas no es menos cierto que toda obra alcanzada conduce al imperativo de descubrir nuevas etapas de progreso económico y social si queremos liberarnos cada día más de la ignorancia, la miseria y la esclavitud. Nuestra concepción sindicalista revolucionaria no se estanca, no tiene meta prefijada; y porque somos partidarios fervorosos de la evolución, en la cual somos parte avanzada, propendemos a buscar nuevas formas de convivencia que posibiliten y aseguren la liberación de la clase obrera en todos los países. Hay tres principios, determinados en la vida social: la defensa y crecimiento de los interes económico-sociales del individuo, la obligación de administrar y ordenar su convivencia, y la lucha por asegurarse el disfrute de la libertad con absoluta dignidad. Se produce y se crea para mejorar y embellecer la existencia de todos los hombres. El lucro en detrimento de la igualdad representa un atentado a las leyes biológicas. —El principio del interés creado, el predominio de una clase sobre las demás, engendra esclavitud. De ahí que las fuerzas obreras y revolucionarias pugnen en todo momento por establecer nuevas estructuras económico-sociales uniendo, sin oprimir a nadie, todas las aspiraciones humanas. Entre los intereses económicos y políticos impuestos por las castas privilegiadas y la aspiración social del pueblo se produce la lucha constante que no desaparecerá mientras haya explotadores y explotados, fuerzas que presionan hacia direcciones opuestas sin posibilidad de reconciliación.

"La producción debe hacerse con el menor esfuerzo posible y pensar con lógica, fruto todo de la experiencia. No es cuestión de amontonar saber ni riquezas; es cuestión de afianzar de una manera definitiva la sociedad sin clases. Pero para que esta sociedad sin clases pueda ser una realidad, para producirse la eclosión de felicidad humana, es necesario que los productores, todos los trabajadores, adquieran recia y consciente personalidad, sean solidarios y fraternos. Es imprescindible llegar a esta convicción. Los trabajadores organizados comienzan a orientar la vida social por derroteros nuevos. La gran revolución operada en la vida popular plantea, de rechazo, cambios en el campo político.

"El sindicalismo revolucionario tiende a poner la ciencia y la técnica al servicio de cada hombre, sin privilegios ni jerarquías, por entender que los bienes deben ser administrados y utilizados con equidad, única manera de suprimir las diferencias sociales, las desigualdades y las coacciones políticas.

"La lucha por el internacionalismo es para nosotros uno de los objetivos más acuciantes de nuestra hora. El nacionalismo de no importa qué color o latitud es fomento de retroceso. La nacionalidad, desde el punto de vista federalista, es sólo un conjunto étnico o geográfico, no un Estado. El hombre productor ha de saber que la táctica de lucha tiende a instaurar una organización social y un trabajo racionalmente organizado. Esto debe saberlo todo el mundo. La civilización capitalista y estatal ha fracasado. Es incapaz de organizar los asuntos humanos, porque el progreso económico y el progreso moral y cultural no van al unísono, se aislan cada día más en vez de sincronizarse. Por otra parte, nuevos privilegios aparecen encarnados en las jerarquías modernas. El presente sistema de clases y de opresión, basa su función en la desigualdad y en el egoísmo de hombres y de Estados, que incluso profesan la misma religión y defienden la misma ideología. De ellos resulta la dominación y sometimiento del hombre, todavía, al poder del más fuerte. El determinismo económico no ha resuelto los problemas que habían planteado sus exégetas. La estrecha concepción materialista de la historia, formulada por el marxismo, se ha mostrado incapaz, cual una sociedad capitalista más, pues si bien disminuye el poder de unas clases, crea otras no menos perniciosas. Sin embargo, la revolución técnica ha puesto de relieve lo mucho que puede la fuerza coherente de los trabajadores propiciando transformaciones considerables. Las ventajas de la automatización son evidentes: se produce una economía de tiempo y no se derrochan tantas energías humanas para un resultado mucho mayor. Pero importa que la clase obrera sepa apoderarse de la orientación y de la administración social para que los triunfos de la ciencia no escapen a su control ni obstruyan la ruta emprendida. La caduca ordenación capitalista desaparece y con ella ha de desaparecer toda clase de privilegios. El declive del colonialismo es un hecho. Los pueblos luchan contra la opresión exterior para luchar después contra la opresión interior. Porque la lucha es contra la opresión a secas, venga de donde venga. Se está operando una transformación gradual en toda la superficie de la Tierra. Asia y Africa despiertan como pueblos que presentan su carta de naturaleza étnica, económica y política. El colonialismo, como puntal fuerte del Capitalismo, va desapareciendo. Al mismo tiempo la teoría marxista tampoco puede justificarse. Es cierto que la degeneración del socialismo estatal, creando la máquina represiva más acabada que conoce la historia, ha retrasado el advenimiento del socialismo en más de medio siglo. Los ensayos realizados por el socialismo estatal no han dado más que estatización, monopolio y tecnocracia, aspectos que sólo pueden ofrecer desastres, sacrificando las conquistas de la clase obrera en provecho del poder político.

"El socialismo libertario y el comunismo anarquista, enarbolados como bandera y presentados como síntesis conciliadora de la humanidad sin clases, vuelven a ser la esperanza de todos los trabajadores, que se encuentran a la deriva de dictaduras de viejo y nuevo cuño, simple remedo del capitalismo.

"Debemos desechar el ilusionismo de que el sistema estatal capitalista y el sistema socialista de Estado van a desaparecer de un momento a otro. Se han de producir aún grandes cambios de la humanidad, en la misma mentalidad de los hombres, toma de conciencia en las masas y aun en las minorías activas que sean más consecuentes y concordantes con nuestras teorías y postulados. Se han de producir aún grandes cambios por fases de desarrollo evolutivo y revolucionario, grandes renovaciones de estructuras allí donde esos sistemas u otros parecidos mixtos predominen, y se han de producir igualmente en grado más o menos intenso, tomando las características de cada país, grandes convulsiones políticas y sociales para llegar a una transformación radical de la sociedad, a la desaparición del asalariado, de la desigualdad, de las clases, de los regímenes o sistemas de gobierno actuales. Sólo entonces se podrá establecer, con todos los adelantos de la civilización y del progreso, con la amplitud y multiplicidad de facetas experimentales que corresponden a nuestra filosofía, a nuestra concepción integral del hombre, a nuestra visión de la sociedad futura, a base de pacto libre y solidario de funcionamiento federalista, el comunismo libertario o el socialismo ácrata.

"La pretensión del Estado capitalista y la del marxista es la de integrar a los sindicatos obreros dentro del sistema estatal por vía directa o indirecta y aun a través de los mismos consejos económicos de estructura mixta. Este peligro es el que tácticamente tiene que evitar y vencer también nuestro sindicalismo revolucionario y la A.I.T. El problema que crea la automatización es otro peligro al que debemos prestar la atención debida. La automatización, como progreso técnico aplicado a la producción en lo que significa como alivio del esfuerzo humano y adelanto científico, no debemos condenarla. Debemos saludarla como factor de liberación. Pero utilizada en provecho del capitalismo privado e estatal crea una serie de problemas, como el de la reducción de mano de obra no calificada, el de la formación de cuadros técnicos con mentalidad de dirigentes y de un sindicalismo sui generis. Provoca además la concentración de industrias privilegiadas que obedecen a la actual estructura capitalista, artificial en muchos conceptos, puesto que se rige por el principio del interés y del rendimiento y no por el moral de las necesidades humanas y del bienestar de los hombres, contribuyendo al desempleo. Es también la automatización arma peligrosa para competir con industrias menos dotadas y los pueblos subdesarrollados, cuya inferioridad técnica es muy grande, que repercutirá forzosamente sobre los obreros y campesinos que de ellos dependen.

"La A. I. T. deberá defender también la reducción de las horas de trabajo, hasta reducir la jornada de trabajo a 5 horas como máximo, con salarios correspondientes al costo de la vida y con seguros sociales enteramente cubiertos por las empresas."

"En cuanto a los países del tercer mundo, el problema es muy complejo. Hay que considerar el medio geográfico, la mentalidad y diferencia de clases y castas expoliadoras, dejando a la inmensa mayoría de seres despojados de toda subsistencia, muy indefensos además por la carencia de industrialización, la escasa remuneración del trabajo, falta de formación cultural y social, prejuicios religiosos, nacionalistas etc., con la red de supersticiones que todo ello conlleva, no puede ser tratado a la ligera. Cualquier paso que demos en estos países exige que, de antemano, nuestros propagandistas adquieran un mínimo de conocimientos de la psicología y costumbres de estos lugares."

De la resolución del último congreso, celebrado en Burdeos en 1967, sobre economía destacamos la conclusión, que puede a la vez servir como colofón de esta síntesis de la vida de la A.I.T., de sus principios, y del papel del sindicalismo revolucionario que ella representa: "El sindicalismo no es un término de la lucha de clases, sino un punto de partida para llevar a cabo la revolución social que ponga fin a la explotación del hombre por el hombre. Lógicamente el sindicalismo encarna el movimiento de emancipación llamado a suplantar al capitalismo. Los sindicatos deben ser la organización de la lucha obrera, pero al mismo tiempo han de ir construyendo, educando y capacitando económicamente a los productores para que se vayan haciendo cargo de la sociedad comunista libertaria. La clase obrera debe servirse de todos los medios de defensa anticapitalista para ir echando los cimientos de la igualdad económica, sin la cual no puede existir la liberación político-social. El sindicalismo revolucionario no tiende a multiplicar las reformas, ya que tiene en cuenta que en el fondo suponen engaños y pérdidas de energía, tiempo y valor moral. La revolución de cuenta gotas es un mito; el socialismo capitalista, una falsificación escandalosa. Sólo una organización económica comunista libertaria puede garantizar la paz y establecer la prosperidad en la vida de los pueblos. Se impone, pues, el combate económico en todos los frente de oposición al Capitalismo y al Estado. La obra engañosa de la unión de clases debe ser suplantada por la concepción del derecho nuevo de una sociedad sin amos ni opresores. Entre los explotadores y los explotados la ruptura es total. La lucha de clase es la idea madre del sindicalismo revolucionario. Por consecuencia, el sindicalismo revolucionario debe ser el cerebro rector de la organización de la sociedad. El hombre debe valorar su esfuerzo, creando la base de la sociedad humana. Para conseguir sus objetivos nuestro sindicalismo debe tener en cuenta tres virtudes esenciales: la solidaridad, la ayuda mutua y la organización económica que conduce a la transformación social."

El camino recorrido por la Internacional desde su primer Congreso de constitución en lo que es la actual A.I.T. ha sido duro. Los avatares de la represión en todos los países y un conjunto de circunstancias cuyo análisis nos llevaría a extendernos demasiado en esta síntesis han reducido considerablemente SLIS efectivos. No dejaremos, sin embargo, sin señalar que el proceso de integración realizado por la máquina estatal, ayudada por el aparato burocrático de los sindicatos reformistas, a fuerza de subvenciones y de creación de organismos para-estatales (interviniendo en la vida de las organizaciones de los productores), dio nacimiento a una dependencia estrecha de las actividades sindicales del contexto estructural del mismo capitalismo. Las secciones de la A.I.T., reaccias a esta integración, a esta forma de colaboración, que arranca a las masas trabajadoras de los objetivos finalistas de la lucha obrera, han debido debatirse frente y contra el proceso de acomodamiento egoísta de las otras internacionales. Las secciones actuales constituyen, sea organizaciones en la clandestinidad y el exilio, como lo son la española y la búlgara, sean minorías de acción permanente de forja revolucionaria. La represión ejercida por otra parte en los países sometidos a la dominación soviética después de la guerra pasada han hecho desaparecer otras secciones. El problema diario de la dependencia que crean las legislaciones sociales en vigor, imponiendo, a sabiendas de sus resultados, una cogestión de la vida de las organizaciones obreras entre los sedicentes dirigentes proletarios y los representantes del autoritarismo estatal, han llevado a otras de sus secciones a ciertos acomodamientos que, al representar una aceptación del Estado a través de los organismos creados al respecto, les han alejado de la Internacional y de sus filas.

(De la ENCICLOPEDIA ANARQUISTA, edición lengua española, editada por el Grupo "TIERRA Y LIBERTAD" de Méjico).

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TOMA DE POSICIÓN CARA AL PROGRESO TÉCNICO Y SOCIAL HACIA LA TRANSFORMACIÓN DE LA SOCIEDAD
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a) TÁCTICAS Y FORMAS DE ACCION

EL XIV Congreso de la A.I.T. considera que la evolución de las técnicas puestas al servicio de las oligarquías de la explotación, no aporta elementos nuevos al problema que presentan las estructuras sociales y económicas de la sociedad presente.

Ratifica integramente su declaración de principios y tácticas, así como los estatutos actuales de la A.I.T.

Sus métodos de lucha son la acción directa revolucionaria y emancipadora fuera del marco de las instituciones y estructuras socioeconómicas del Estado capitalista y del Capitalismo de Estado Marxista.

Afirma que al correr de los años, el anarco-sindicalismo sigue siendo el motor principal de las transformaciones revolucionarias.

Pero del estudio de todos los aspectos que la evolución técnico-científica e intelectual presenta a los hombres que esperan transformar la sociedad, el Congreso comprueba que:

El progreso técnico y científico que se registra en una parte de la humanidad solamente, acentúa la situación de retraso en que se encuentra la mayoría de los pueblos, en un estado de empobrecimiento permanente que facilita y protege la situación privilegiada de los países llamados industriales por sus realizaciones de colonialismo económico.

La explotación de la miseria de los países subdesarrollados, creada e impuesta por la decisión unilateral de supremacía de la mercancía elaborada sobre el producto bruto acrecienta en progresión geométrica la DESIGUALDAD ENTRE LAS DISPONIBILIDADES DE EXISTENCIA DE CIERTOS PUEBLOS Y LAS POSIBILIDADES DE SUBSISTENCIA DE OTROS.

Del mismo modo. en cada pueblo, en cada país, el privilegio permanente de las minorías dominantes se asienta sobre la pobreza y la limitación de posibilidades de la mayoría explotada.

El falaz argumento de un aumento del nivel de vida de las poblaciones de los países llamados "ricos" supone la dependencia cada vez más acentuada de los explotados, de las estructuras económicas y sociales del capitalismo industrial.

El aumento de las necesidades artificiales de la civilización, establecida sobre la base de un consumo absurdo y agobiante de productos superfluos, da nacimiento a una falsa imagen de prosperidad social.

Como ayer, hoy el trabajador sólo tiene derecho y acceso al disfrute de una parte reducida del producto de su trabajo.

Y en esa carrera desenfrenada al logro de las comodidades que las técnicas de cada día parecen ofrecerle, la libertad del individuo es cada día más restringida; atado al carro de una ansiedad creciente, superior a los medios que la sociedad capitalista le facilita, continúa siendo un siervo (voluntario) de cadencias de vida hábilmente impuestas.

Por otra parte, el crecimiento sin medida de las técnicas industriales sin otro control ni regulación que aquellos del beneficio de las potencias financieras, coloca a la sociedad entera ante la amenaza creciente del embrutecimiento de los hombres emponzoñados por el envenenado medio ambiental artificial y sucio en que se desenvuelven física y moralmente.

Entre el obrero que se cree "emancipado" en esta sociedad de falsas realizaciones y el mundo de miserias que rodea todas las grandes ciudades industriales como cinturones de hambre crónica, física y moral, se quiere agrandar un foso de clases para desgarrar los lazos de solidaridad entre los explotados del mundo.

Contra estas diferencias, contra esta esclavitud de los cuerpos y de las conciencias, se levantan hoy las nuevas generaciones en manifestaciones de espontánea expresión de reivindicaciones vitales.

La comprobación de esta realidad nos lleva a las conclusiones siguientes:

El progreso industrial aprovecha únicamente a las minorías del Poder y de la finanza, avasallando al hombre y atándolo al ritmo anormal de las técnicas y del maquinismo.

El anarco-sindicalismo pide que las posibilidades técnicas de la sociedad sean puestas a disposición de la humanidad entera, sin distinción de razas fronteras y continentes.

El perfeccionamiento prodigioso de las técnicas permite una disminución sensible de las obligaciones del hombre hacia la sociedad y un aumento de las horas libres que aseguren su expansión y superación permanentes.

La explotación racional de las disponibilidades de la producción en manos de los trabajadores, detendrá el despilfarro que caracteriza la economía del sistema social en vigor creando un saneamiento moral y material del medio ambiente. Ello no será posible sin un cambio profundo de las estructuras que, rompiendo con las bases vigentes del capitalismo privado o de Estado, establezca el principio de la solidaridad universal y ponga las fuentes de producción en manos del pueblo trabajador.

La Revolución libertaria pondrá las técnicas al servicio del hombre, liberándole de las cadenas de la dependencia que hoy le atan al servicio de las máquinas.

Esta posición neta de la A.I.T. exige, en tanto que complemento de un todo solidario, la continuidad de la lucha diaria por las reivindicaciones inmediatas en el mundo del salariado:

— Reducción de las horas de trabajo.
— Financiamiento de las mejoras sociales a cargo exclusivo de las empresas capitalistas, y administración exclusiva a cargo de las organizaciones de los trabajadores.
— Suspensión de la intervención del Estado en esta misión.
— Supresión del impuesto sobre los salarios.
— Garantía de existencia digna y amplia a no importa qué edad (casos de vejez, enfermedad, incapacidad, accidente, etc.).
— Programa de acción revolucionaria por una disminución del coste de la vida que conduzca a una degradación del sistema capitalista.
— Demistificación de los objetivos claudicantes de los sindicalismos reformistas.
— Denuncia de la colaboración de los mismos con las estructuras capitalistas.
— Orientación de las nacientes rebeldías que en todo lugar intentan romper la cota de mallas del funcionarismo sindical.
— Acción directa en los lugares de trabajo, lucha social permanente, acción social de preparación de conciencias libres.

b) DEFINICION DE LA AUTOGESTION REVOLUCIONARIA

El Congreso declara:

Término surgido de la evolución progresiva de las relaciones humanas la autogestión no es una concepción nueva. Ayer, en España (1936-1939) Ilamóse COLECTIVIZACION y SOCIALIZACION.

Es una de las bases económicas del anarcosindicalismo.

Tierras, talleres, herramientas y útiles en manos de los productores, sin otro control que el de los mismos.

La autogestión es uno de los aspectos de la revolución social libertaria y no puede concebirse fuera del marco de la misma.

El Congreso niega el pretendido carácter de autogestión de las realizaciones de tipo marxista en curso, bajo el ojo vigilante del Estado o de las minorías de un partido.

Niega igualmente este carácter a toda experiencia parcial en determinadas ramas de la producción dependiendo de sectores centralizadores del Estato, como es el caso de las experiencias yugoslavas.

La autogestión económica, sin la libertad integral del individuo, es un contrasentido. La autogestión controlada por elementos extraños a la producción es una mascarada tendente a engañar a los productores.

La autogestión rechaza toda tutela política.

La autogestión ha de ser general, abarcar todas las ramas de la producción regional, nacional e internacional si cabe, la distribución y el cambio, de los productos sobre la base de la solidaridad libertaria.

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XV CONGRESO INTERNACIONAL DE LA A.I.T. (ABRIL 1976)
RESOLUCIONES Y DECLARACIONES ADOPTADAS
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TEMAS INTERNACIONALES

5° Punto del Orden del día.

Posición de la Internacional y resoluciones sobre las actividades en relación con la situación política, social y económica.

EL Congreso denuncia la situación política, económica y social, fruto catastrófico de las ambiciones que aseguraron en todo momento la supremacía de las minorías autoritarias.

Estas minorías, ligadas a las potencias financieras que operan sobre un frente internacional o constituídas ellas mismas en potencias de dinero, dieron nacimiento así al sistema económico mixto: capitalismo de Estado, capitalismo privado.

En los primeros tiempos de la Internacional, la evolución económica parecía tomar una dirección favorable a la clase obrera.

Es evidente que, signo de los tiempos, el nivel de vida la situación económica de los trabajadores son hoy netamente superiores a lo que eran en el pasado.

Pero nos aparece necesario exponer en términos claros los verdaderos exponentes de la situación:

— trastorno de las antiguas estructuras por la evolución económica.
— tensiones sociales y toma de conciencia de los trabajadores que han impuesto, por la acción violenta la mayoría de las veces, políticas sociales de las cuales, la legislación no fué en todo momento más que la confirmación del hecho consumado.

El capitalismo, concentrado cada vez más, se entregó desde entonces al control de esta evolución social.

La intervención de los partidos políticos en el Internacionalismo obrero facilitó, por la dispersión de los esfuerzos y por el juego de la conjunción político-económica, esta maniobra del capitalismo.

Hoy, y por las combinaciones de la legislación, el capitalismo carga al conjunto de las poblaciones laboriosas las actividades que no siendo rentables, son necesarias para esta evolución.

Las « ventajas sociales » han sido puestas en manos de organismos mixtos en los que la Autoridad y el Capitalismo, reforzados con la complicidad más o menos obtenida de las representaciones obreras, disponen a su capricho de los fondos económicos destinados a un mejoramiento de la situación de los obreros.

Las estructuras abren así el camino a ciertas reformas deseadas y toleradas. Se trata sobre todo de impedir que se toque a la propiedad privada, al poder en la empresa, al poder cualquiera que sea.

Teniendo todas las disponibilidades en sus manos, el capitalismo y el Estado intentan crear situaciones colectivas susceptibles de secundar sus propias resoluciones presentadas como reformas progresistas.

El proletariado de estos países industrializados vivió hasta hoy y sigue viviendo aún, en algunos de ellos, en un estado de emburguesamiento permanente, sin preguntarse cuales son las razones de la superioridad de sus condiciones de existencia.

La verdad sobre la abundancia, creadora de rivalidades, basada sobre la vergonzosa explotación de otros países, colonias políticas o económicas se manifesta, sin embargo, claramente.

No hay derecho a ignorar que el bienestar de los trabajadores en estos países tiene sus raíces en la prosperidad misma del capitalismo rector y que esta prosperidad tiene como base la determinación unilateral de los precios por el imperialismo económico, confinando en la miseria a la inmensa mayoría de las poblaciones del mundo.

Las rupturas de equilibrio de estos últimos tiempos no son más que la entrada en escena de otros grupos de presión.

La crisis, no es más que un desplazamiento de capitales que parecen pasar de ciertos grupos de presión a otros para volver en definitiva a los primeros.

En esta operación, el encarecimiento de los productos, los frenos a la producción, la provocación a la recesión y al paro forzoso, tiene como objetivo aplastar el resurgimiento de nuevas aspiraciones de las multitudes explotadas, y sobre todo de las nuevas generaciones.

El anarcosindicalismo denuncia la nueva maniobra como engañosa y llama a todos los explotados a constituirse en fuerza al margen de la crisis para no realizar ningún esfuerzo, ni consentir en sacrificio alguno, en nombre de «intereses generales» que no son, de hecho, más que los de las estructuras poseedoras. El anarcosindicalismo llama a los trabajadores a romper los lazos con las estructuras políticas del poder o en espera de conquistarles.

Debemos proseguir un combate que, mejorando cada día la situación de los trabajadores, haga crecerse las dificultades del capitalismo.

Las conquistas sociales obtenidas en el día de hoy, disminuidas y controladas por nuestros enemigos de clase —Estado y Capital—deberán ser liberadas de su tutela y vigilancia.

Acción directa, administración exclusiva de las mejoras sociales obtenidas; ataque continuo a las estructuras socioeconómicas: He aquí los objetivos inmediatos de los trabajadores, rompiendo los diques burocráticos impuestos por los sindicalismos integrados.

A través de nuestras secciones, de nuestros grupos y de todos sus militantes, la Asociación Internacional de los Trabajadores conducirá una intensa campaña de difusión de su posición denunciando la sociedad actual, el Estado, el Capitalismo, y las promesas embusteras de todas las políticas.

En nuestros mitines, en nuestras conferencias, en reuniones, en talleres, llevando la controversia al enemigo, por nuestras octavillas, folletos, artículos de prensa y todos cuantos medios pudieran ofrecerse, el anarquismo militante debera hacerse oir.

2) EN LOS PAISES DE EUROPA DEL ESTE Y OTROS COMUNISTAS

De una manera unánime el congreso confirma la posición de la Internacional.

La pretendida realización del socialismo autoritario como etapa transitoria, no es más que una traición a la revolución social. Contrariamente a las promesas teóricas, las políticas comunistas degeneraron forzosamente y se convirtieron en instituciones semejantes a las de los países capitalistas.

Si es verdad que en algunos de estos países la instauración de la dictadura del Partido coincidió con ciertas mejoras en ellos, ello dió nacimiento en todas partes a un conjunto de privilegios para la minoría dirigente que reemplazó a los antiguos poseedores del poder. Y el cambio de autoridad, fue siempre acompañado de un rigorismo de Estado que prohibe y reprime toda contestación.

Conociendo estos hechos, la represión que no se puede negar, la creación de nuevas clases sociales, el nacimiento de una nueva aristocracia del Partido, el abuso evidente de Autoridad, tenemos las pruebas de que estos socialismos no han conducido nunca ni a la libertad ni a la igualdad económica.

Toda la economía está nacionalizada y dirigida por el Partido y el Estado. Y ni uno ni otro tienen otro objetivo que el de igualar y sobre pasar el capitalismo de los países democráticos. La planificación forzada de la producción dictada desde arriba, no es aceptada por las poblaciones indiferentes, es saboteada por los cuadros burocráticos «managers» del desorden organizado, de la mentira administrativa, del derroche, de la irresponsabilidad y del provecho personal.

Nuestros grupos y militantes, primeras víctimas de la represión comunista llevan una vida difícil en estos países. Ciertas secciones en exilio prosiguen su acción en el seno de la Internacional. La penetración de nuestras ideas y de nuestra propaganda es casi imposible. Sin embargo se hace.

En la propaganda abierta y «legalmente posible» conviene acentuar las reivindicaciones inmediatas y movilizar así la resistencia popular a fin de que los trabajadores, puedan manifetarse en circunstancias determinadas como ya lo hicieron en ocasiones, a través de revueltas organizadas.

En la propaganda clandestina, deben acentuarse las críticas contra el Estado y el Partido, haciendo al mismo tiempo circular, ciertas posiciones del carácter constructivo correspondiendo a las aspiraciones naturales de la clase obrera, a la independencia y a la autogestión, excluyendo toda intervención exterior.

3) EN LOS PAISES DE AFRICA Y ASIA

La creación de nuevas y flamantes naciones con un trazado de fronteras que no hace más que mantener casi integralmente el mosaico resultante de las ambiciones coloniales de los viejos países de Europa, no ha traído a los pueblos africanos ni a los de Asia, ni la emancipación ni la liberación del hombre. La política de explotación es la misma que en el pasado. La semblanza de reagrupamiento de los nuevos poderes, en una tercera línea de fuerza, y los avatares de las coaliciones pasajeras han mostrado que todos esos países continúan estando sometidos, sea al capitalismo multinacional, sea a la presencia dominante de minorias políticas, representantes de «ciertas revoluciones» venidas de afuera. Terreno cuya instabilidad política se mantiene por el trazado de fronteras artificiales (que separan ciertas etnias y pueblos y reagrupan a otras arbitrariamente y con desprecio del factor humano), estos países constituyen focos permanentes de luchas y guerras entre pueblos y religiones.

Cientos de focos fueron así encendidos en Africa y en Asia por un aprovisionamiento continuo de armas y municiones.

Además, en estos países, las lecciones de inmoralidad política y de corrupción administrativa, recibidas de los antiguos colonizadores desencadenaron entre las minorías en el poder una carrera hacia los provechos personales que trajo como consecuencia, la toma del poder por el único grupo verdaderamente organizado: el Ejército.

El porcentaje elevadísimo de gobiernos militares, de presidentes a vida, de poderes con Partido Unico, la eliminación física de toda oposición, se apoya hoy sobre la pasividad y la inercia de estos pueblos.

Sean pobres o ricos estos países por su producción y por sus características naturales, los pueblos no conocen más que pobreza y miseria.

Las riquezas del suelo y del subsuelo pertenecen a la gran finanza internacional, que domina por su dimensión, los grupos locales de presión.

La penetración de nuestras ideas libertarias, en esos pueblos que han vivido y viven en un estado de ignorancia, cultivado por los colonizadores y hoy por sus propios líderes, es extremadamente dificil.

La propaganda de la internacional en esos países debera denunciar EL IMPERIALISMO DE TODOS LOS BLOQUES, el abuso de las nuevas clases autóctonas que se crean alrededor del poder, a la mentira de la ayuda internacional.

Sólo cuando las poblaciones hayan tomado conciencia de sus inmensas posibilidades, podrán ellas mismas, y sólo ellas tomar en mano sus propios destinos en vastas federaciones geográficas.

Que sea esta toma de conciencia la proyección consecuente de revoluciones en el mundo industrial o el preludio de una revolución continental, el difícil problema de la emancipación de estos pueblos está ligado por la fuerza de las contingencias a las posibilidades revolucionarias en el resto del mundo.

La Internacional, sus secciones y militantes, intentarán en todas las ocasiones hacer sentir el peso de nuestra revuelta contra el absurdo autoritario y capitalista que condena a estos pueblos oprimidos a vivir eternamente en condición de parias.

4) EN LOS PAISES DE AMERICA LATINA

Aunque cada uno de estos países presente características especiales por su población y por las circunstancias que constituyeron el marco de su independencia un trazo general marca en la existencia de todas estas nacionalidades: la influencia latina, los años de colonización española, portuguesa, y en menor escala la francesa, que pesan enormemente sobre ellos.

La interpenetración de razas, el aporte más o menos importante de las poblaciones negras, los movimientos y resistencias de las poblaciones precolombianas han creado características diferenciales entre las diversas poblaciones.

Características que no justifican en manera alguna el mosaico de fronteras que debilitó cada país del subcontinente y les colocó bajo la dependencia directa —a pesar de la independencia política teórica— del coloso económico y político del norte: los E.U.A.

Las naciones de América latina, han sido en todos los tiempos el terreno predilecto del imperialismo americano, de los trusts.

Si ciertos países son más ricos que otros, como por todas partes del globo, estas riquezas no aportan nada a las capas miserables de las poblaciones, sometidas a la explotación más vergonzosa, provocadora en ocasiones de revueltas locales y esporádicas.

Las poblaciones ignorantes, mestizas e indias viven dentro de la sumisión pasiva a las dictaduras militares instaladas por los intereses americanos como por los soviéticos en Cuba.

El movimiento sindical aparece como un anexo de los partidos políticos que dominan los aparatos burocientíficos dirigentes.

No representan más que un porcentaje restringido de la clase obrera, que de hecho se muestra indiferente a este sindicalismo amorfo. Las secciones de la A.I.T. luchan hoy en la clandestinidad a causa de las dictaduras abiertas o por las restricciones impuestas por las legislaciones vigentes.

Esta situación exige una atención particular a cargo de nuestros compañeros americanos. El secretariado de la Internacional intentará en la medida de sus posibilidades y con la ayuda de las secciones existentes, la implantación de grupos anarcosindicalistas donde fuere posible, a fin de proseguir la acción valiente que siempre llevaron la FORA, la FORU, y la FORVE.

6° Punto.

Posiciones de la Internacional y resolución de actividades cara a los problemas específicos derivados de:

1) GUERRAS NACIONALISTAS Y LUCHAS LLAMADAS DE LIBERTACION NACIONAL

El nacionalismo es posición característica de las antiguas colonias que luchan en este último cuarto de siglo por su liberación política. El empuje nacionalista nacido de un trazado de fronteras que coloca ciertos pueblos bajo la soberanía de otros y a veces de varios y distintos al cortar arbitrariamente las regiones geográficas, lanza a los pueblos sometidos, a la revuelta contra un estado de hecho resultante de los enfrentamientos permanentes de poderes rivales.

Este estado de hecho, que se cuenta entre los más odiosos, creado por las estructuras que impuso la injusticia autoritaria, es germen de guerra y matanzas colectivas. Y cada guerra termina con nuevos trazados de fronteras, al azar de las exigencias del vencedor. Así, el mundo es un hormiguero de descontentos permanentes, de celosías étnicas, de protestas periódicas y de conflictos abiertos por las minorías en todos los continentes, fuentes de tensiones internacionales. El anarcosindicalismo militante, que reconoce el derecho a la identidad de cada pueblo, de cada grupo, de cada comunidad humana en el seno de una federación de pueblos, sello fundamental de nuestro internacionalismo, DECLARA:

— que las rivalidades y luchas, que las situaciones que de ellas se desprenden, no tienen en modo alguno como objetivo la liberación de los pueblos dominados por los contextos más o menos imperialistas.
— que al contrario, su única motivación es la de arrancar el poder a ciertas minorías para ponerle en manos de otras.
— que ciertas élites, habilmente dirigidas, y generalmente por intereses extraños a los pueblos, buscan el imponerse, sea por la dictadura, sea por una semblanza de democracia.
— que los imperialismos políticos y financieros, vengan del Este o del Oeste, ejerciendo un colonialismo enmascarado, cultivan, ayudan y finanzan estos movimientos, para ponerles al servicio de sus propios intereses.

El Internacionalismo anarcosindicalista, que hace suyas las inquietudes y aspiraciones a la libertad de todos los pueblos oprimidos por los centralismos, destructores de la personalidad de cada grupo humano DENUNCIA los falsos profetas, los políticos de falsas liberaciones, los condontieri» de ciertos regionalismos que buscan únicamente la atomización y multiplicación de ;os Estados, y DECLARA que el verdadero camino que conduce a la liberación de todos y de cada uno sólo puede crearse al margen de las luchas por las independencias políticas en el marco autoritario y estatal ligado a los imperativos económicos.

Ninguna lucha de liberación nacional hasta hoy, incluso las que se presentan teñidas de nacional-revolucionarias , se encuentra libre ni independiente de las presiones impuestas por el juego de las presiones internacionales.

Así, estimamos que las luchas de liberación nacional deberían convertirse por la acción consciente de los individuos en proceso de liberación revolucionaria, rechazando los líderes profesionales atados a los intereses financieros multinacionales, a quienes interesa la posesión de las riquezas de cada país.

Sin ignorar que nos serian necesarios medios enormes para llevar a cabo una difusión de estas verdades primarias, mostrando que la revolución social es la unica posibilidad liberadora, los militantes, los grupos y las secciones de la Internacional deberán aplicarse a hacer conocer estas posiciones de la internacional a todos los pueblos en lucha.

Sin que nuestra posición sea categóricamente negativa, visto que todo combate provoca una desegregación de los poderes en presencia, no hemos de perder de vista que el mismo puede afirmar intereses escondidos.

La acción consciente debera mostrar que esas luchas (sin la preparación revolucionaria de los pueblos) conducen a la implantación de otros grupos de presión, si los pueblos interesados no saben rechazarlos a tiempo.

2) CARA A LA INFLUENCIA CRECIENTE DE LAS CLASES MILITARES EN TODOS LOS PAISES

El Congreso ratifica los principios antimilitaristas insertados en nuestros Estatutos y DECLARA:

Las clases militares en el mundo entero, constituidas en fuerza, legalmente armada y disponiendo de todas las posibilidades de presión viven en situación de mobilización permanente, consecuencia del papel téorico de todos los ejércitos (defensa de las fronteras nacionales en el de garantes de la supervivencia del Orden Social amenazado por un despertar de las conciencias.

El militarismo es consciente cada vez más de su fuerza y del poder que le conceden los medios puestos a su clase: la de la posesión absoluta del poder. Posesión ligada intimamente a los intereses de las potencias financieras, creando así la interdependencia que garantice la supervivencia autoritaria.

En los países industriales como en los países socialistas, el militar, clase aparte, es el centinela vigilante de los privilegios y del contexto socio-político vigente.

Los ejércitos constituyen en el mundo entero, una amenaza permanente de represión brutal contra toda tentativa revolucionaria. La lucha por la paz, condición indispensable de evolución hacia un mundo mejor, comienza con la desaparición del militarismo, de los ejércitos, fuerzas profesionales de la destrucción.

Frente a las actitudes bastardas de todas las políticas, algunas de las cuales llegan hoy a rehusar estos principios antimilitaristas que ayer dijeron defender, el anarcosindicalismo denuncia todas las mentiras y argumentos que pretenden separar las ideas de guerra y de militarismo declarándose a la vez partidarios de la existencia de los ejércitos y de la Paz.

Rechazamos el Estado, la Autoridad, los poderes constituidos. En esta actitud el antimilitarismo es el arma fundamental de la lucha por la paz.

3) LA AMENAZA PERMANENTE DE GUERRA Y LA PRODUCCION DE ARMAMENTOS

Contra la guerra y contra todos los factores de guerra, el militante revolucionario de la A.I.T. reafirma una vez más su posición inserta en los principios del anarcosindicalismo.

El Congreso CONSTATA:

El sostén de las economías actuales exige una producción de material de guerra en progresión constante. Esta producción requiere mercados permanentes. Y cada mercado es un factor potencial de guerra. Solo una revolución social antiautoritaria y libertaria, destruyendo, fronteras y Estados, suprimiendo las causas de las guerras, permitirá la reconversión del potencial industrial de las fábricas de la muerte en el cuadro general de la reconversión de todos los aspectos de la vida social y económica.

La A.I.T. denuncia el papel nefasto de las Internacionales sindicales reformistas que aceptan la producción de material de guerra y que luchan por su desarrollo, convirtiéndose así en los cómplices de los gobiernos asesinos.

El trabajador consciente y revolucionario deberá batirse sobre todos los frentes. Deberá disminuir los ritmos de producción guerrera, rehusarla, luchar por su reconversión.

El peligro permanente de la psicosis militar, instituida por legislaciones criminales, será denunciado en todas las ocasiones por las secciones de la A.I.T.

ANEXO.

MOCION PARTICULAR PRESENTADA POR LA C.N.T.F. (seccion francesa) y aprobada por el Congreso.

En Francia, el reino de De Gaulle, con la puesta en marcha de todo un sistema constitucional ha favorecido la militarización de la sociedad.

Fue en el momento de la crisis argelina, cuando creó las ordenanzas de 1959 seguidas de los decretos de 1962. Estos pretenden que en caso de amenaza exterior (guerra) o interior (huelga general, amenaza social o cultural) toda la población activa, hombres y mujeres, así como la industria y los servicios públicos serán puestos en manos de la autoridad militar.

Un cierto número de personas serán llamados a revestir el uniforme, otros serán consignados en sus lugares de trabajo para asegurar la buena marcha de la economía. Los huelguistas como los absenteistas serán traducidos delante de los tribunales permanentes de Ejército: justicia de excepción y como motivo de inculpación la insumisión, la deserción, la desobediencia: el papel de rompe-huelgas del ejército tomará un giro legal. El segundo aspecto de la militarización en Francia es también un producto de la política gaullista. Es la parcelazación de la industria de armamentos. En numerosas fábricas se trabaja para la guerra. Así se ven obreros relojeros o de la industria del automóvil preparar la muerte de sus hermanos de clase. En Francia sobre 260.000 salariados trabajando para el armamento, 120.000 forman parte del sector privado. El peligro viene, además de la estructura de la industría que permite una reconversión muy rápida de la producción normal en producción de guerra. Recordemos que Francia es el tercer productor mundial de armamentos.

Pero la militarización de la economía capitalista no es una situación particularmente francesa. Lo es igualmente en los países fuertemente industrializados en que la carrera de armamentos es una competición que presentan como competencia necesaria (disuasiva) para la defensa los diferentes países, pero que de hecho no es más que una consecuencia de la internacionalización de la economía capitalista.

La gran mayoría de los sindicatos reformistas prefiere defender el empleo a apoyar las denuncias minoritarias de esos objetivos inhumanos a que se destina el producto del trabajo proletario y que provocan muertes y asesinatos. Estos trabajadores firman, de hecho, su propia destrucción como la de sus hermanos de clase.

La A.I.T. debe afirmar su plena solidaridad con las luchas antimilitaristas, como la insumisión total colectiva e internacional (como la de los objetores de conciencia, la lucha de los soldados etc...). El hecho de ser sindicalistas revolucionarios significa ya que somos antimilitaristas convencidos.

La A.I.T. debe denunciar la fabricación y la venta de armas con vistas a su supresión o al menos a la reducción de las mismas. Preciso será igualmente denunciar las centrales reformistas que defienden actualmente tales producciones de carácter negativo.

4) LOS PROBLEMAS CREADOS POR LA ACELERACION DE LA PRODUCCION EN LA SOCIEDAD DE CONSUMO

La sociedad llamada «de consumo» tiene por base la pretensión del capitalismo privado y de Estado del acrecentamiento de sus beneficios. Vender más para ganar más, es el «leit motif» permanente.

Así:

— desequilibrio económico creado para servir de soporte a una aparente prosperidad en algunos países (ricos de hoy, colonizadores de ayer).
— supremacía absoluta para dichos países de los factores de un mercado sedicentemente libre.
— necesidad creciente de mercados ofreciendo una salida a la producción desordenada y multiforme de los productos de todas clases.
— política de crecimiento del poder adquisitivo, de creación de clientes.

...Son factores que determinaron el establecimiento de un círculo vicioso de nuevas e inútiles necesidades que había que acrecentar para aumentar la producción, fuente de beneficios y de nuevas posibilidades de adquisición.

La consecuencia del proceso así desencadenado fue la aceleración continua del ritmo de la existencia, el crecimiento de la productividad, la dependencia cada vez superior del hombre contemporáneo a los factores económicos de una falsa prosperidad. Todo debía ser objeto de comercialización en velocidad acelerada, uniforme y permamentemente.

Y el hombre, encadenado al sistema de la prosperidad adquirida, de la falsa comodidad que pide esfuerzo suplementario, pierde día a día su personalidad y se integra más y más al aparato monstruoso del crecimiento capitalista, paralelo, éste, al proceso realizado en los países «socialistas autoritarios» que ajustaron sus revoluciones a la competencia económica con el capitalismo.

Habitación, ocios y distracciones, transportes, medio ambiente, producción... el todo forma una inmensa red que envuelve entre sus mallas al hombre, que lo insensibiliza, y hace de él un «robot» mecanizado, rodage de la Máquina.

Pero dentro de este contexto habían de sobrevenir los desequilibrios. La planificación no teniendo otro objeto que el provecho de unas minorias, las ventajas acordadas a los participantes desheredados (los trabajadores) debían, a pesar de su aparente crecimiento revelarse insuficientes ante el empuje de la inflación.

Y como el consumo no puede seguir al ritmo de la producción, adviene paro forzoso y de nuevo la inflación. Es el ciclo eterno de las contradicciones de los regímenes capitalistas. Y la crisis pasa, y se recomienza la ronda irreversible. No hay reformas posibles, ni cogestión cómplice, ni falsos controles como soluciones en este contexto capitalista, teñido o no de progresismo por maniobras más o menos «socialistas».

Lo que se pretende es la colaboración de la clase trabajadora a la supervivencia de las instituciones.

El hombre solo podrá encontrar la salida del tunel de su propia dependencia, por sí mismo, y no gracias a los políticos ni a los burócratas y funcionarios sindicales, demasiado atados a las estructuras. Debe el hombre encontrarse a sí mismo, reaccionar vigorosamente no sólo contra todo lo que forma parte del medio ambiental sino todo cuanto le condiciona: la ley del provecho, el comercio, el capital, y el Estado con todas sus dependencias, como armazón del sistema.

Crear otro modo de vida, basado en la fraternidad y en la solidaridad, en el respeto mutuo, en la libertad de decisión. Establecer sobre nuevas bases las relaciones entre los hombres, sin explotadores ni explotados, sin gobernantes ni gobernados, sin poseedores ni desposeidos, sin castas ni clases, sin tutores ni pupilos sin guías ni seguidores...

Construir un mundo provisto de un modo de producción más en relación con las necesidades naturales del hombres y de la sociedad: redescubrirse y redescubrir la Naturaleza.

La revolución en suma, la que partiendo de cero, de la destrucción de los cimientos del actual edificio social autoritario, construirá la fraternidad entre los hombres.

En la preparación de ese combate, la lucha de todos los días del militante revolucionario debe ser un rechazo permanente de integración en el contexto existente, por su acción, por su propaganda, por la denuncia de los falsos problemas, por el rechazo de la diaria intoxicación, creando así paso a paso, la barricada que detendrá un día, la marcha implacable y agobiante del Capital — Estado.

5) CRECIMIENTO DEMOGRAFICO Y HAMBRE EN EL MUNDO

Estos dos problemas, intimarnente ligados, son un producto indiscutible de las desigualdades que constituyen el cuadro de desarrollo de las sociedades.

Tales como se plantean en los Congresos internacionales, estos problemas falseados en la forma misma en que se presentan, constituyen para las sociedades autoritarias que rigen el mundo un programa de desviación de inquietudes, de dispersión de esfuerzos.

Dando nacimiento y apoyo oficial u oficioso a mil iniciativas privadas de organismos sedicentemente humanitarios, creando comisiones encargadas de estudios y tesis sobre los orígenes y caracteres de los problemas, las minorías dirigentes difunden un telón de humo que encubre y esfuma sus verdaderas características.

Congresos y otras reuniones se suceden y en esos contactos entre hombres de bloques distintos solo hay un ausente, aquel que siente el hambre roerle las entrañas.

Se trata de encuentro entre ambiciones diferentes, de los que se instituyeron en dirigentes. Espectáculo hecho de muecas, de circo electoral grotesco aparentemente, mortal en el fondo.

No hay solidaridad universal y en su lugar se quisiera crear una caridad organizada que obliga y humilla.

Se esconde la llave auténtica del problema y se pretende dirigir la vida de millones de miserables según los intéreses de una sociedad de despilfarro.

El problema del crecimiento demográfico como el del hambre no tienen otra solución que la de la educación de las multitudes con la creación de otros cuadros de vida social.

Ni uno ni otro de estos problemas podrán ser resueltos por las instituciones actuales que hacen del hombre el servidor de un grupo social y de los intereses particulares de los grupos de presión, el «interés general».

El Congreso DENUNCIA: -

La sociedad autoritaria, los gobernantes de todas tendencias y las instancias capitalistas, corno responsables directos de la persistencia y crecimiento angustioso de estos problemas a los cuales solo la solidaridad universal y una vida más sana y consciente aportarán la solución.

Y se levanta contra las actitudes teatrales, contra la publicidad embustera, que pretende por realizaciones engañosas cubrir las apariencias y denuncia la misera limosna de las sociedades que todo lo poseen y que se ahogan bajo el peso de sus excedentes.

6° LA CONTAMINACION DEL MEDIO NATURAL

El problema adquirió en estos últimos años, un relieve internacional. Las estructuras socio-políticas y económicas han querido la exclusiva de su presentación y justificación para disimular mejor la verdadera faz del drama que crece día tras día.

El grito de alarma que se esparce por el mundo, es canalizado a medida de su crecimiento, en provecho de los mismos destructores de las fuentes de vida.

Es evidente, que las medidas en aplicación o en estudio no son más que paliativos menores, cara a la caída vertiginosa que nos lleva a los niveles críticos de la supervivencia.

No son más que un alto en el camino, una etapa en la carrera desenfrenada al suicidio de la especie humana y a la destrucción de todas las formas de vida.

Y si ciertos aspectos de la degenerescencia iniciada parecen irreversibles, la solución general es aún posible y se encuentra en la transformación completa de los procedimientos y normas de producción en la economía de esfuerzos, en el trabajo consciente de adaptación al medio natural, en el cambio radical de los modos de vida y de subsistencia, en la supresión de lo superfluo inútil y perjudicial, en una mutación completa de nuestras maneras de vivir, de alojarnos, de producir, de realizarnos en tanto que hombres.

Buscar con mas interés al hombre y reducir la máquina a su papel de servicio y utilidad:

Hacer del progreso una marcha más clara y luminosa, disipar todas las nebulosas y las falsas situaciones que constituyen los cimientos y las estructuras de la sociedad autoritaria y de explotación que busca el crecimiento (de los dividendos) y no la estabilización (equilibrio global de las necesidades y de la producción) he aquí los objetivos libertarios.

En consecuencia, la A.I.T., uniendo la voz de sus militantes grupos y secciones, al concierto de protestas que en el mundo se levantan, comienza acusando al capitalismo internacional y criminal que busca su crecimiento sin limites, disminuyendo las posibilidades de supervivencia de la especie humana.

Y con el capitalismo, al conjunto Internacional de todos los Poderes; al Estado, en tanto que institución, cómplice consciente del sabotaje de las fuentes de la vida.

La vida es sacrificada en los altares de las Instituciones actuales. La supervivencia temporal de éstas, se adquiere al precio de la destrucción progresiva de las posibilidades de supervivencia de toda la especie, de todas las especies vivas.

Y en esta acusación, acentuamos nuestro rehuso absoluto de toda concesión a las pretendidas soluciones que se nos proponen y que no son más que calmantes contra el cáncer universal que

nos roe, porque los verdugos se nos quieren presentar como salvadores.

El clamor universal para la defensa de nuestro mundo, creciendo inmenso deberá barrer todas las causas del crimen permanente.

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TEMAS SOCIALES Y REVOLUCIONARIOS
7) Punto: LA JUVENTUD

Posibilidades de acción en los medios de la juventud influenciada por nuestras ideas y hacia un reforzamiento de las actividades del anarcosindicalismo en el mundo.

La restricción de las libertades públicas, el reforzamiento de los aparatos represivos, la psicosis nacida del conflicto de intereses que desencadenó la última guerra y la complicidad pasiva de los acomodamientos democráticos lograron durante un cierto número de años romper la continuidad de la acción de propaganda del anarcosindicalismo.

Los medios enormes puestos al servicio de la propaganda embustera del marxismo totalitario encubrieron durante un cierto tiempo, toda otra perspectiva de lucha.

Pero las generaciones se suceden. La constatación evidente de la complicidad de todos los políticos, las inquietudes y la voluntad de rebusca de nuevas vías abren horizontes nuevos.

Las posibilidades que se ofrecieron a los hombres, y que mostraron las cortas pero intensas lecciones de la revolución española, prueban que los caminos de la libertad existen.

En el contexto presente, el Congreso:

— considerando que el sobresalto social y cultural de las nuevas generaciones, está en ruptura franca con el ritmo de los acomodamientos que constituye la lenta evolución social.

...— considerando que las actitudes negativas de una parte de esta juventud responden al rechazo de toda conciliación con el aparato económico social en vigor.

...— considerando que existen numerosas corrientes en la juventud obrera y estudiante que reflejan una voluntad de marginalización consciente de las estructuras políticas.

...— considerando que esta fuerza latente de mañana, inspirada por los sentimientos e intuiciones anarquistas, se alimenta de ideas antiautoritarias en las que ella encuentra la razón de su combate.

DECLARA que todas las secciones de la Internacional, grupos y militantes deben desarrollar intensa y profundamente su acción de divulgación de los objetivos del anarcosindicalismo entre los jóvenes.

Los contactos con los grupos de jóvenes simpatizantes deben multiplicarse.

Los jóvenes trabajadores de hoy, los jóvenes estudiantes (trabajadores de mañana) son los garantes de la continuidad antiautoritaria. A nosotros corresponde de hacer, con ellos, más viable, el camino hacia la libertad.

8) Punto : EL SINDICALISMO
Intensificación y modalidades de acción hacia los trabajadores influenciados y manejados por los sindicatos en el marco de las instituciones.

El congreso, considerando que la acción del sindicalismo reformista se encuentra integrada en el aparato social capitalista como en el del capitalismo estatal, declara que !a A.I.T. no buscará el establecer ni mantener ningún contacto con las internacionales del reformismo.

Las secciones de la A.I.T. llevarán su propaganda hacia los trabajadores de las organizaciones reformistas, en los lugares de trabajo, en las empresas, donde la participación de nuestros militantes deberá ser siempre muy activa, utilizando todas las ocasiones propicias para hacer resaltar las ventajas prácticas de los principios, de las tácticas y de la organización anarcosindicalista, sin que nuestros militantes oculten nunca su pertenencia a las secciones o grupos de la Internacional, salvo, claro está, en casos de clandestinidad.

La divulgación permanente de los puntos de vista y posiciones del anarcosindicalismo marcará siempre las diferencias fundamentales entre los objetivos finalistas de nuestras organizaciones y los programas de circunstancias, de adaptación al momento, a la situación política o a las consignas de un partido, de los sindicatos reformistas El congreso considera además que la actitud de ciertos militantes que afirmándose anarcosindicalistas prestan su concurso en los puestos de dirección de las sindicales reformistas, integrándose así a los sistemas, no corresponde a la ética del anarcosindicalismo.

Los militantes anarcosindicalistas prestarán ayuda y colaboración en todas las huelgas "salvajes" surgidas al margen de las consignas dirigentes, nacidas del descontento de la clase obrera, cada vez más divorciada de la vida ficticia del sindicalismo oficial y representativo.

Denunciarán en cada ocasión la politización de ciertas sindicaies infeudadas a las órdenes de los Partidos políticos y que hacen de ellas las sucursales de su acción igualmente política.

Nuestros objetivos, sin olvidar el combate de cada día, son finalistas. Nuestro interés es el interés colectivo, de todos los pueblos, internacionalista y revolucionario.

Denunciamos igualmente como contrarrevolucionaria la tendencia actual del reformismo sindical "de internacionalizar" la acción en el marco estrecho de cada firma multinacional: esta actitud de integración representando la aceptación de la institución multinacional y de sus limites, fijados por los propios enemigos de las clases explotadas.

9) Punto: LA AUTOGESTION

Demistificación de las definiciones políticas sobre la autogestión. Declaración de! anarcosindicalismo militante.

El Congreso, reafirmando la declaración sobre la autogestión aprobada por el precedente (XIV Congreso. Noviembre 1971) constata que desde entonces, y excluyendo el comunismo autoritario ortodoxo que rechaza toda idea de autogestión son numerosas las tendencias marxistas, socialistas, humanistas y hasta gubernamentales y simplemente autoritarias que se lanzan a la definición de una autogestión conforme a sus pretensiones.

Todas estas definiciones, no reflejan más que relativas reformas de las estructuras económicas acordando cierta intervención de los trabajadores en algunos aspectos, reservandose la tutela y el control de la planificación, la dirección, el financiamiento y el disfrute de los beneficios.

Lo que quiere decir que haciendo algunos pasos hacia adelante, ante la presión creciente de las corrientes autogestionarias, la idea se deforma en provecho de la permanencia autoritaria. Incluso la puesta a disposición de los trabajadores de los medios de producción, del consumo. de la gestión y dirección de fábricas, talleres y campos, es solución incompleta porque todos los aspectos de la vida económica, política y social global quedan en manos del Estado, de los tecnócratas al servicio de las tendencias políticas del momento.

La gestión no es directa sino delegada: escapa a los trabajadores.

La AUTOGESTION INTEGRAL Y REVOLUCIONARIA, implica y exige una organización federalista, que partiendo de los lugares de producción y de las comunas libres, cree por la libre decisión de sus componentes (individuos), la Federación.

Nacida por decisión de los individuos solidarios, esta organización pondrá la sociedad al servicio del Hombre, destruyendo la idea del hombre oprimido por la colectividad.

El anarcosindicalismo militante no niega el alcance progresivo de las conquistas obreras que puedan realizarse, apoderándose por combate revolucionario, sin intervención exterior, de campos, fábricas y talleres.

Reivindicamos colectivizaciones y socializaciones como realizaciones revolucionarias. Pero ellas lo serán verdaderamente si escapan al control o a la intervención en no importa que grado, del Estado y de los partidos políticos.

Estas conquistas obreras abren el camino hacia una verdadera autogestión de todos los aspectos de la vida con la implantación del Comunismo Libertario.

10) Punto: DECLARACION DE PRINCIPIOS Y DE TACTICAS

Unánimemente el congreso declara ratificar íntegramente la declaración do principios y tácticas contenidas en los Estatutos de la Internacional.

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ANARCOSINDICALISMO
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QUE ES EL ANARCOSINDICALISMO
por Germinal ESGLEAS
(Secretario General de la A.I.T. - 1958-1963)

EL anarcosindicalismo es un medio de organización y un método de lucha y de acción directa de los trabajadores que tiene sus raíces en los postulados de la Primera Internacional y en los del sindicalismo revolucionario. Se inspira en fuentes esencialmente federalistas y anarquistas y, con neta actuación revolucionaria y clara orientación libertaria en la práctica, tiende constantemente a conquistar las máximas mejoras, en todos sentidos, para la clase obrera, con miras a su integral emancipación, la supresión de todo género de explotación y de opresión del hombre por su semejante o por una institución cualquiera, y al mismo tiempo lucha por la abolición de todo capitalismo y de toda forma de Estado. Opuesto irreductiblemente a los sistemas sociales y políticos actualmente imperantes, propugna por la transformación radical de las sociedades y regímenes en ellos asentados y por la instauración de un medio social de convivencia humana basado en los principios del comunismo libertario.

El anarcosindicalismo no es una doctrina ni una filosofía. Su contenido teórico lo extrae del socialismo humanista y principalmente del anarquismo, en cuyos postulados de defensa integral de la personalidad humana, de la libertad, de solidaridad, de apoyo mutuo y de asociación voluntaria y federativa, halla su más sólido fundamento. El anarcosindicalismo, dentro del movimiento obrero moderno, constituye una corriente sindical absolutamente independiente, de acusadas características propias, lo mismo por su contenido básico que por su forma de organización y su desenvolvimiento funcional, exento de todo centralismo y de toda burocracia. Tiene siempre en cuenta la personalidad del afiliado y le estimula su participación en la vida sindical. Respeta la autonomía de las secciones, de los sindicatos, de las federaciones y confederaciones. Se singulariza también por los métodos de acción directa que emplea, por su dinámica y estrategia de lucha y por su orientación social y finalista. Otro de sus rasgos distintivos inconfundibles es su rechazo de toda colaboración de clases, de todo compromiso con el capitalismo o con el Estado, aun en nombre del "Interés nacional"; de toda participación o intervención en organismo alguno mixto u oficial dependiente del gobierno o del patronato; de los arbitrajes y legalismos y de toda especie de intermediarios en !as contiendas sociales cotidianas. El anarcosindicalismo, considerándose en lucha permanente y sin tregua contra el sistema que combate y se propone abolir, rehusa todo cuanto limite, coarte e interfiera su libertad de acción. Su posición se halla siempre a la vanguardia de la lucha social y de las reivindicationes de los trabajadores. El anarcosindicalismo mantiene vivo entre las masas obreras el espíritu revolucionario. Las ejercita y entrena en el combate consciente y directo voluntario, en el desarrollo de sus propias iniciativas, a la vez que contribuye a su capacitación y máxima preparación, sobre todo con el fin de que puedan asumir conscientemente, prescindiendo de todo partido político, sus responsabilidades en la autogestión directa en la nueva sociedad libre, justa y solidaria a construir y a organizar. En ella, suprimidas las clases, con la ayuda de todos los adelantos científicos y técnicos, se procurará facilitar a todos y a cada uno, por medio del trabajo y del esfuerzo individual y colectivo, el máximo de bienestar y de seguridad, con imprescriptible, intangible e inalienable respeto a la libertad y a la personalidad de cada ser humano, objetivo primordial coincidente con el anarquismo.

El anarcosindicalismo no pretende ser un fin en sí ni crear una nueva ideología social preferentemente sindicalista. Tampoco pretende asumir total y globalmente la representación y administración de la sociedad nueva ni plasmarla en un sentido uniforme y de esquemas inamovibles. Su concepción del comunismo anárquico es viviente, abierta al porvenir y a las diversas modalidades perfectibles de aplicación, con tal que sean de base esencialmente libertaria.

El anarcosindicalismo se identifica, en sus trazos generales, con el sindicalismo revolucionario, definiéndose con perfiles más netos y acusados de significación anárquica y de concreción finalista libertaria. Se distingue también del mismo por cierta radicalización mayor en sus tomas de posición y su acción, ante los problemas y realidades del presente. Ninguna de las cuestiones que afectan a los trabajadores y a la sociedad le es indiferente. Mantiene siempre viva la llama revolucionaria. Del sindicalismo revolucionario, aplica y preconiza los métodos de acción directa, perfeccionados a través de largas experiencias de lucha; entre éstos el sabotaje, el boicot, la protesta, la huelga, local, parcial, general o revolucionaria, el antiparlamentarismo, el apoliticismo y el antimilitarismo. Recurre a la insurrección popular y movimientos revolucionarios de masa para hacer frente a la reacción y a !as intentonas totalitarias y para precipitar la revolución social.

El anarcosindicalismo considera la famosa Carta de Amiens, aunque adoptada en el Congreso de !a C.G.T. francesa de 1906, principalmente bajo la presión de los anarquistas, como una insuficiente y vaga definición del mismo sindicalismo revolucionario.

Hace suya, anarquizándola más acentuadamente, la Declaración de Principios de la Asociación Internacional de los Trabajadores, fundada en 1922, continuadora de la Primera Internacional. Considera a la A.I.T. y a sus actuales secciones componentes, la expresión viviente más fiel y genuina del sindicalismo revolucionario y del anarcosindicalismo en nuestra época contemporánea y dentro del mundo moderno.

Una de las declaraciones de principios más precisa y concordante con los del anarcosindicalismo de las existentes hasta la fecha, es la adoptada por la Confederación Nacional del Trabajo francesa, en su Congreso constitutivo de 1946, conocida por Carta de París.

ANARCOSINDICALISMO Y ANARQUISMO

El anarcosindicalismo no es un instrumento ni un apéndice del anarquismo. No se halla bajo su dependencia. Tiene innegables e indestructibles raíces anárquicas, que constituyen una de sus más esenciales razones de ser, y que precisamente son la mejor garantía de su propia independencia. Por otra parte, los anarquistas partidarios de la organización propiamente anarquista, son siempre los primeros interesados en que no se establezcan confusiones entre la organización específicamente anarquista y la anarcosindicalista. El anarquismo, el ideal de más elevada concepción ética, filosófica, sociológica, y de integral, pleno y viviente humanismo; el más moderno, novísimo y de impulsión constantemente renovadora entre las ideologías existentes y conocidas, tiene una misión propia, insustituible, a realizar. Y a ella se deben las organizaciones específicamente anarquistas. Indiscutiblemente cierto es que el anarcosindicalismo es un movimiento al que los trabajadores anarquistas, militando en su seno, imprimen esencia, conciencia y dinámica libertaria y revolucionaria, y que, sin su participación activa, languidecería, perdería temple y eficacia combativa. La aportación individual militante activa y consciente en el seno de la organización anarcosindicalista y en la proyección de ésta y de su obra, desde la base, es irremplazable. Si ese concurso, por causas diversas, entre ellas las de terribles represiones, disminuye o se debilita, la organización anarcosindicalista, así como su impulso, se resienten, ya sea en el orden local o general.

DESARROLLO Y VALORES AFIRMATIVOS DEL ANARCOSINDICALISMO

El anarcosindicalismo, que se inicia y va formulándose en los albores del siglo XX, no surge en el mundo obrero y en el terreno de la lucha social por generación espontánea, como el mismo sindicalismo no surge del maquinismo por filiación directa. En las formas y modalidades del asociacionismo obrero, en los móviles, necesidades, fines, causas y razones que han contribuido a su formación y desarrollo, hay un largo proceso humano de evolución y revolución histórica, de civilización, de cultura, de ciencia, de incremento de la economía, de las industrias de técnicas aplicadas y de descubrimientos, de propia formación consciente del hombre y de despertar de la misma conciencia de clase humana entre los trabajadores, de experiencias de organización y de lucha que no podemos analizar aquí, ni siquiera resumir, en unas pocas líneas. No nace el anarcosindicalismo solamente de la ideología y de la técnica, sino también de la realidad y de la práctica. Representa y responde a una de las más elevadas expresiones de toma de conciencia lúcida y concreta de la realidad, en sus manifestaciones económicas, sociales, políticas, éticas y humanas. Este despertar y este movimiento, que seguirá proyectándose hacia el porvenir, es también la obra de centenares de luchadores anónimos y de otros más o menos conocidos internacionalmente, de algunos pensadores clarividentes, innovadores y revolucionarios sinceros; de centenares de activos y capacitados organizadores, de hombres de acción y de esclarecidos propagandistas; de decenas y decenas de miles de militantes abnegados, incansables y consecuentes, a dar impulso a la corriente sindicalista revolucionaria y anarcosindicalista a la vez que al anarquismo. Entre ellos son innumerables los caídos en el fragor de la lucha y los que el enemigo de la libertad, del progreso, de la emancipación de los trabajadores, bajo regímenes diversos, han asesinado, masacrado o hecho ejecutar, por haber combatido sin desmayo, con dignidad, entereza y decisión las injusticias y las tiranías.

Entre las pléyades de hombres que han contribuido a la formación y desarrollo del anarcosindicalismo y de la corriente comunista libertarla, sin dejar a nadie en olvido, nos limitamos a citar a algunos de los que ya desaparecieron físicamente, dejando huella más o menos honda y perdurable de su paso.

Figura P.J. Proudhon, entre los precursores más destacados; Miguel Bakunin, entre los internacionalistas, y James Guillaume, Tortelier, Fanelli, Malatesta, Cafiero, An9elmo Lorenzo, Rafael Farga Pellicer, Tomás González Morago, Francisco Tomás, Rubau Donadeu, Gaspar Sentiñon, Dr. Garcia Viñas, Pedro Kropotkin, Eliseo Reclus, Juan Grave, John Most y otros muchos. Posteriormente, en línea de continuidad histórica promotora del sindicalismo revolucionario y animadora del anarcosindicalismo, Fernando Pelloutier, Victor Griffuelhes, Emilio Pouget, Pablo Delassalle, Pataud, Sebastián Faure, Loreal, Pierre Besnard, en Francia; Armando Borghi, Luigi Fabri, Berneri, Ugo Fedeli, en Italia; Albert Jensen, John Andersson, en Suecia; Z. Henriksen, en Noruega; Valdemar Hansen, en Dinamarca; Rodolfo Rocker, L. Mulher, en Alemania; A. Berkman, Volin, Shapiro, en Rusia; López Arango, en Argentina; Pascual Minotti, en el Uruguay. Y en España, José Prat, Federico Urales, Pedro Esteve, José Negre, José Maria Martínez, Evelio Boal y Salvador Seguí, asesinados estos dos últimos por los pistoleros al servicio de la patronal; Juan Peiró, ejecutado por los franquistas en el presidio de San Miguel de los Reyes, Valencia; Manuel Buenacasa, Eusebio C. Carbó, Eleuterio Ouintanilla, Felipe Alaiz, Galo Díez, V. Orobón Fernández, el Dr. Isaac Puente y José Villaverde, los dos mencionados últimamente también ejecutados por los fascistas españoles, así como otros centenares de militantes de la C.N.T., de la F.A.I. y de la F.I.J.L. imolados salvaje y cruelmente por los "cruzados" nazifascistas o muertos heroicamente combatiendo, como Francisco Ascaso, Buenaventura Durruti, Mauro Bajatierra y numerosísimos más, durante el transcurso de la Revolución española de Julio de 1936-39.

El anarcosindicalismo ha tenido desarrollo principalmente, en Francia, en Italia, en España, en Portugal, en Suecia, en Checoeslovaquia, en Polonia, en Rusia, en Bulgaria, en Alemania, en Dinamarca, en Holanda, en Chile, en Argentina, en Uruguay, en México y en algunos otros países. Donde mayor importancia, volumen de adherentes, influencia popular, adhesión de masa y potencia ha alcanzado es sobre todo en España. Terribles represiones, en Italia bajo el fascismo, en Alemania sometida a la barbarie nazi, en Portugal dominado por el despotismo de Salazar, en Argentina y otros lugares, han diezmado sus filas, sin poder aniquilarlo.

Hoy en día las Secciones afiliadas a la A.I.T. son la Confederación Nacional del Trabajo de España, la C.N.T. francesa, la C.N.T. búlgara, la Union Sindical Italiana, la Federación Sindicalista Noruega, la Confederación General del Trabajo de Portugal, la Syndicalist Workers Federación de Inglaterra, la Federación Obrera Regional Argentina, la Federación Regional Uruguaya. Aunque no forman parte de la A.I.T. tienen cierta afinidad con ella la S.A.C. de Suecia, y algunas otras organizaciones autónomas de diferentes países, y algo de parentesco los I.W.W de Estados Unidos de América del Norte. En el Japón, en Corea, en la misma China y en otros sitios el anarcosindicalismo cuenta con algunas raíces.

OBJETIVOS Y FINALIDADES

El anarcosindicalismo tiene clara noción de que no depende de su sola y única fuerza el desencadenar la revolución social para derrocar al capitalismo y al Estado, para conseguir la renovación y la transformación de la sociedad, y de que no podría tampoco asumir exclusivamente todas las responsabilidades funcionales en el desenvolvimiento del futuro. No pretende convertirse en un nuevo orden de su misma denominación, con predominio monopolizador determinante. Tampoco presenta a los hombres el comunismo anárquico como una panacea o fórmula mágica única de solución económica, social y política, sino corno una de las más viables, racionales, lógicas, justas y éticas finalidades de carácter sociológico para la convivencia libre, armoniosa y solidaria entre los seres humanos que desean y anhelan una sociedad nueva, sin antagonismos intestinos, sin alienación de la individualidad y en la que las relaciones humanas puedan desenvolverse sin constricciones autoritarias.

Presenta la solución comunista libertaria con amplia y abierta concepción, evolutiva y perfectible, sin planes rígidos ni uniformes, pues, además de tener conciencia de las grandes mutaciones y transformaciones que en el devenir se producirán en el mundo y en la humanidad, no puede ignorar que las modalidades de aplicación del comunismo anárquico, aun conservando y afirmando una coincidencia en sus grandes líneas esenciales y en lo fundamental, encaminada siempre a su más óptima, plena y perfecta realización, ofrecerán sus variantes, dadas las condiciones reales existentes en cada país, las ambientales, de mentalidad y psicológicas, las de los propios recursos naturales y de su mismo desarrollo económico, industrial, etc., y por otras causas complejas, que tienen sus influencias en el comportamiento de los hombres y que se hallan arraigadas en la biología misma de las sociedades. El más perfecto programa de organización y funcionamiento de una sociedad comunista libertaria, concebido hoy, con vistas a su aplicación en el año 2000, por ejemplo, habría de sufrir forzosamente sus modificaciones. Las mutaciones que se van a producir de aquí a allá, con ser brevísimo ese periodo de 30 años, en cuanto a tiempo, considerado el lento proceso de desenvolvimiento humano y más aún teniendo en cuenta el ritmo acelerado del progreso científico y técnico que se han producido particularmente en los seis lustros últimos, nadie puede señalarlas de fijo, aunque algunas sean hipotéticamente previsibles. El estudio a fondo y detallado de la viabilidad, de la organización, de la estructuración y funcionamiento de la sociedad libertaria, el anarcosindicalismo, sin embargo, no lo desdeña; muy al contrario, lo recomienda, estimula y profundiza en todos sus aspectos y en el orden de todas las posibilidades aplicativas y realizadoras.

Las mismas formas de organización sindical que adopta hoy el anarcosindicalismo dentro del sistema capitalista, con sus estructuras industriales, agrícolas, económicas, financieras y otras de tipo diverso y complejo que le son peculiares, y a las cuales aquél no puede dejar de tener presentes, para la mayor eficacia de su combate ofensivo y defensivo, no son inamovibles. El anarcosindicalismo, a través de sus propias experimentaciones, y sobre la marcha, cuenta con aptitud y opción para modificarlas o perfeccionarlas, siempre respetando las bases funcionales federalistas y de autonomía, la finalidad y esencia libertaria, en razón de los cambios mismos que pueden operarse al ser sustituído el sistema capitalista-estatal por la nueva sociedad comunista libertaria, las bases de la cual exigirán necesarios e indispensables cambios y reajustes, en el orden económico, de producción y de distribución, funcional y de servicios, de organización del trabajo en la compleja y complicadísima gama de cosas vitales y aspectos a considerar que afectan al conjunto social.

El anarcosindicalismo estima que el sindicato y la organización sindical de este tipo puede y debe ser uno de los pilares más firmes en el que habrá de apoyarse y sostenerse la sociedad futura.

SINGULARES CARACTERISTICAS DEL ANARCOSINDICALISMO

Una de las características y virtudes más apreciables del anarcosindicalismo es el respeto absoluto a la personalidad del afiliado, al que invita constantemente a militar de manera voluntaria, abnegada, desinteresadamente, en la vida y en la marcha del sindicato, de sus secciones, de las federaciones, de la organización en general; a asumir sus propias responsabilidades; a exponer libremente su criterio, y a tomar sus opciones y decisiones en las asambleas; a participar directamente en la actuación y en la lucha; a aplicar las disposiciones que se deriven de aquellos acuerdos que, de común consenso, la organización haya tomado. Los acuerdos se determinan de abajo a arriba dentro de la organización anarcosindicalista. En ella los cargos, que se renuevan regularmente, son revocables. Se rechaza el liderato y el burocratismo. La organización sindical anarcosindicalista cuenta siempre con sus únicos y solos medios económicos, a base del producto de las cotizaciones hechas efectivas por sus afiliados, para su desenvolvimiento, actividades, propaganda, solidaridad, es decir, para todas las atenciones de toda índole. Esto contribuye a asegurar su plena y total independencia. Puede afirmarse que no hay una organización sindical tan desinteresada, tan pura, tan honrada como la organización sindical anarcosindicalista. Sus militantes no pueden aspirar a sinecuras de ninguna especie dentro de ella, y a lo largo de su existencia han de dar la prueba y ejemplo de su abnegación y recto proceder personal.

El anarcosindicalismo entiende que no hay ni puede haber convivencia libre ni justicia social dentro de la sociedad de clases. Oue los fundamentos de ésta perpetúan y consagran la división de los hombres. Que toda reforma que no destruya los cimientos de aquélla no cambiará el fondo de las cosas para los trabajadores, los cuales seguirán siendo oprimidos y explotados. Por estas y otras razones de principio, se manifiesta contrario a la colaboración de clases, a la cogestión, a aceptar la política de participación interesada en las empresas capitalistas. Hay incompatibilidad absoluta entre el anarcosindicalismo y el sistema capitalista-estatal.

El anarcosindicalismo es antiparlamentario por su posición de principio antiautoritaria y por considerar tal procedimiento absolutamente ineficaz desde el punto de vista de la emancipación efectiva de la clase trabajadora. La experiencia de la obra de los partidos políticos obreros de denominación socialista, marxista, demócrata, etcétera, que bajo la inspiración del marxismo, especialmente, responsable éste de la escisión de la Primera Internacional y del cultivo de la acción política representativa por parte de los trabajadores, que va ya desde casi mediados del siglo pasado a nuestros días, partidos que en ciertos períodos y lugares han llegado a obtener mayoría absoluta y a formar gobiernos, como así lo hemos visto en Alemania, en Inglaterra, en Francia, en Suecia, en Noruega, en Dinamarca y en otras naciones, es sobradamente elocuente y demostrativa de la inanidad y la esterilidad de la lucha en tal terreno. Dentro del sistema actual imperante todo gobierno socialista, socialdemócrata, de no importa qué adjetivación, por el mecanismo mismo de la fuerzas de presión existentes predominantes en dicho sistema; por el de sus redes y tentáculos entrometidos en todas partes, se ve precisado a servir los propios intereses del capitalismo y del Estado, en nombre del gran interés «nacional» y en detrimento de los de la clase obrera.

LINEA CONSECUENTE CON LA DE LA PRIMERA INTERNACIONAL

La línea del anercosindicalismo en este aspecto es consecuente con la de la Primera Internacional y particularmente con la de su Congreso antiautoritario de Saint-Imier, que en 1872, frente a la corriente mayoritaria amañada por los marxistas, en el Congreso de La Haya del mismo año, declaraba solemnemente que la destrucción del poder político es el primer deber del proletariado». Cincuenta años después, en nuestro siglo XX, las experiencias de la Revolución Rusa y las de los países del otro lado del telón de acero, con sus provisionales dictaduras del proletariado», así llamadas por irrisión y con la aplicación de sus procedimientos totalitarios, demuestran palmariamente la clarividencia de esa toma de posición histórica, transcendental en la orientación de la lucha emancipadora para los trabajadores del mundo entero, para la eficiencia de la acción del proletariado militante consciente.

La Asociación Internacional de los Trabajadores (A.I.T.), al reorganizarse en 1922, confirma esa posición y línea de conducta, notoriamente al precisar el segundo punto de su Declaración de Principios, que reproducimos textualmente: «El sindicalismo revolucionario es enemigo convencido de todo monopolio económico y social, y tiende a su abolición mediante la implantación de comunas económicas y de órganos administrativos regidos por los obreros de los campos y de las fábricas, formando un sistema de libres consejos sin subordinación a ningún poder ni partido político alguno. El sindicalismo revolucionario erige, contra la política del Estado y de los partidos, la organización económica del trabajo; opone al gobierno del hombre sobre el hombre la gestión administrativa de las cosas. No es, por consiguiente, la finalidad del sindicalismo revolucionario la conquista de los poderes políticos, y sí la abolición de la función estatal de la vida de la sociedad. El sindicalismo revolucionario considera que con la desaparición del monopolio de la propiedad debe desaparecer también, el monopolio de la dominación, y que toda forma de Estado, encúbrase como se quiera, no podrá ser nunca un instrumento de liberación humana —antes al contrario—, será siempre el creador de nuevos monopolios y de nuevos privilegios.

No han sido los Carlos Marx, los Engels, los Lafargue, los Bebe!, los Liebnecht, los Millerand, los Briand, los Vandervelde, los Albert Thomas, los Pablo Iglesias, los Macdonald, los Harol Wilson, etc., quienes han tenido razón al preconizar las líneas directrices de la acción del proletariado encauzada ésta por las vías parlamentarias y reformistas, sino los P.-J. Proudhon, los Miguel Bakunin, los Guillaume, los Anselmo Lorenzo, los Kropotkin, los Malatesta, los Pelloutier, los Rocker, los Pouget y tantos otros que han mantenido en el seno del proletariado militante la llama del espíritu revolucionario y constructivo y que han preconizado y defendido las tácticas de acción directa, federalistas y esencialmente antiautoritarias.

Los sindicalistas revolucionarios y anarcosindicalistas no comparten, repelen, rechazan y combaten las teorías de algunos que los exégétas del sindicalismo llamado autosuficiente, que considera bastarse a sí mismo, sindicalismo deus ex machina de la sociedad y de una pretendida nueva civilización, en cuyos ensayos de formulación filosófica, de una ideología o pragmática básica de un sindicalismo sui generis se encierran y descubren gérmenes de cierto totalitarismo, susceptibles de ulterior desarrollo. Afortunadamente esas teorías, difundidas principalmente por los Georges Sorel, Sergio Pannunzio, Arturo Labriola, Enrique Leone y otros, no han encontrado aceptación ni eco entre los trabajadores del mundo.

También los sindicalistas revolucionarios y los anarcosindicalistas son absolutamente contrarios al sindicalismo corporativista y verticalista, del que se han dado especímenes en Italia durante la época de Mussolini; en España en el período de la dictadura del general Primo de Rivera y en el régimen francofalangista todavía hoy imperante; en Francia, bajo la ocupación alemana y gobierno de Vichy, y en algunos lugares más. El nacionalsindicalismo y otros engendros similares nada pueden tener de común con el anarcosindicalismo. Este es opuesto, también, a las corrientes del sindicalismo católico y cristiano, inspiradas en las encíclicas papales, en la doctrina social de la Iglesia, compatible con el capitalismo y con el Estado, en las orientaciones del Vaticano, aun en las más recientes, después del Concilio Vaticano II.

Los anarcosindicalistas se han enfrentado siempre, igualmente, contra el sindicalismo reformista, colaboracionista y de mercadeo, defendido y preconizado por de Ambris, Turati, Merrehim, Mommouseau, Jouhaux, Gompers, Lewis, Vrongt. Cetrine, Atlee, Meany, Walther Reuther, Cousins, Major, Saillant, Bothereau, Morse. Graedel, y otros más. Asimismo ha combatido abierta y constantemente las influencias del marxismo-leninismo, de los comunistas autoritarios dentro del movimiento obrero y de las organizaciones sindicales.

El anarcosindicalismo, en cuanto a táctica, a finalidad, a orientación de la lucha social se distingue totalmente del sindicalismo reformista y colaboracionista de la American of Labor - C.1.0., de las Trades Unions inglesa, de la C.G.T., de la C.G.T.-F.O., de la C.F.C., de la C.F.D.T. francesas, de la U.G.T. española, de la L.O. sueca, de la C.G.I.L. italiana, y de otras muchísimas organizaciones sindicales que forman parte de la C.1.O.S.L., de la F.S.M., de la C.I.S.C. (hoy C.M.T.), como de estas mismas Centrales internacionales y de cuantas organizaciones se hallan a la O.I.T. (Oficina Internacional del Trabajo).

El anarcosindicalismo considera que la presión revolucionaria y renovadora, de conquistas inmediatas reivindicativas y finalistas de los trabajadores, de la clase obrera, de las masas populares en rebeldía contra los sistemas de explotación y opresión imperantes de cualquier género, debe manifestarse permanentemente, con una dinámica de lucha de ritmo :::reciente, cada vez más radical, profundo, amplio, intenso y eficaz, apoyándose siempre en el pueblo, suscitando su concurso y su directa acción.

MATICES EN EL ANARCOSINDICALISMO

El anarcosindicalismo presenta sus matices, internamente, a través de las características peculiares que ofrecen algunas de las mismas centrales sindicales que animan su corriente.

Como una de las organizaciones prototípicas del sindicalismo revolucionario de finalidad comunista libertaria, podemos citar a la Confederación Nacional del Trabajo de España, fundada en 1910, continuadora de la Federación Regional Española, Sección de la Internacional. Esta última, ya en su Congreso de 1870 proclamaba ante el mundo entero los principios de anarquía y colectivismo. En su Congreso de 1919, la C.N.T. española adoptó como finalidad el comunismo anárquico. La C.N.T. ha realizado durante este siglo XX, en sesenta años de ininterrumpida y titánica lucha reivindicativa y revolucionaria, muchas veces cruentísima, incluso en larguísimos períodos de clandestinidad durante las suspensiones intermitentes de las garantías constitucionales, bajo gobiernos monárquicos y republicanos, o en la dictadura militar de 1923-30 y en todo lo que va de régimen franquista, sin cesar por ella combatido, una ingente obra defendiendo los intereses de la clase obrera, los derechos y libertades del pueblo, abriendo vía a la transformación social, empleando métodos y tácticas de acción directa; preparando y entrenando en la lucha a las masas obreras, contribuyendo a su capacitación; impregnándolas de savia revolucionaria y libertaria y llevando a cabo una inmensa labor cultural y de propaganda. La C.N.T. ha llegado a contar con más de un millón de adherentes, habiendo sufrido sangrías horribles debidas a las represiones y matanzas de que han sido víctimas sus militantes periódicamente, y sobre todo durante la grandiosa gesta de la Revolución Española de 1936-39, de la que ha sido la principal impulsora y animadora. En ella el anarcosindicalismo actuante dio prueba de su temple revolucionario, de SU capacidad organizadora y constructiva, de su audacia en las realizaciones prácticas, de carácter comunista libertario, de su viabilidad, como fueron ejemplo modelo las colectividades por él animadas, en otros ejemplares ensayos de autogestión, de administración popular no autoritaria y directa, con lo que se ha demostrado que el comunismo libertario no es una utopía.

Otra matización del anarcosindicalismo actual lo presentan la F.O.R.U., del Uruguay, que ya estuvo representada en los primeros Congresos de la Internacional, v la F.O.R.A. argentina, constituida en 1901 y que, en su V Congreso de 1905, adoptó también como finalidad el comunismo anárquico (adjetivándose F.O.R.A. desde el V Congreso). La F.O.R.A. argentina, aunque constituída por gremios y entidades profesionales, no tiene las características generales de una organización propiamente sindical y mucho menos de las de un partido. Podría definirse como una expresión de anarquismo obrero militante, con abierta significación en principios y finalidades anárquicas. La F.O.R.A. responde más a un fundamento ideológico que a un nexo clasista.
Otro matiz, en el seno de la A.I.T., lo ha encarnado la S.A.C. sueca, fundada en 1910, hasta 1952. A partir de este año, bajo la influencia de una minoría que luego llegó a ser preponderante en el seno de dicha organización, elaboró una nueva declaración de principios, propiciada por dicha minoría desde 1946. Es equidistante dicha declaración de la A.I.T. Esta central sueca se separó finalmente de la Internacional revolucionaria en 1956. La S.A.C. postula un llamado «sindicalismo libertario» sui generis, con la pretensión de proyectarlo internacionalmente, diferenciándolo en ciertos aspectos del sindicalismo revolucionario, haciendo distingos en cuanto al carácter del Estado, al comportamiento del movimiento sindicalista libertario en lo referente al militarismo y a las guerras, e inclinándose paulatinamente hacia la participación representativa de los trabajadores en los municipios, dentro de los sistemas actuales imperantes. Estas iniciaciones desviacionistas, el anarcosindicalismo las rechaza de plano.

Con sus millones de adherentes las internacionales reformistas y emparentadas representan sólo una minoría de la inmensa masa de trabajadores de todo el mundo, la mayoría de los cuales siguen desorganizados. Dentro del movimiento obrero mundial el anarcosindicalismo constituye una pequeña minoría también. Pero cuenta con muchísima influencia y proyección moral, internacionalmente y entre los trabajadores, con simpatías y afinidades que contribuyen a acrecentar el potencial efectivo de sus adherentes actuales.

El anarcosindicalismo es una auténtica fuerza obrera y humana y una corriente viviente propulsora de transformación y renovación social, con tendencia a un creciente arraigo y desarrollo en el mundo del trabajo en el presente y en el porvenir.

(De la ENCICLOPEDIA ANARQUISTA - Edición española.)

ANAROUIA Y LIBERTAD

En la naturaleza extra-humana. domina simplemente la fuerza, o sea el acto brutal, sin atenuantes, sin limites, porque aún no existe aquella nueva fuerza a la que la humanidad debe su diferenciación y su dignidad, la fuerza de la voluntad consciente.

Toda la vida especificamente humana es lucha contra la naturaleza exterior, y cada progreso es adaptación, superación de una ley natural.

El concepto de libertad para todos, que supone necesariamente el principio de que la libertad de uno está limitada por la igual libertad de otro, es un concepto humano; es una conquista, una victoria, quizá la más importante de todas, de la humanidad sobre la naturaleza.

Enrique MALATESTA.

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POSICIONES ANARCOSINDICALISTAS
Autogestión revolucionaria y comunismo libertario
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por José MUÑOZ CONGOST,
(Secretario General de la A.I.T.)

SE cita la autogestión como se habla de socialismo, en todos los horizontes del «progresismo», del «reformismo» y del «populismo demagógico».

No teniendo estas expresiones, una dimensión real, todos los «slogans» políticos y sociales que se pretenden de una izquierda más o menos relativa, hablan en su nombre. Pero teniendo buen cuidado de dejar, en sus divagaciones, una nebulosa mal definida que no sirve sino para atraer las aspiraciones revolucionarias de la humanidad en revuelta. La táctica del día consiste en aprovechar las corrientes de inquietud contestarla de esta humanidad, y utilizar los sentimientos y actos dirigidos contra la vida tal y como está estructurada hoy, para montar los andamiajes primerizos del teatro político. Nada más fácil que instalar unos decorados engañadores y maquillar hábilmente a los actores. Y así las reformas tímidas y forzadas de ciertos aspectos socioeconómicos pretenden tomar aspectos ventajosos al referirse al socialismo y a la autogestión.

Desde hace algún tiempo, para mejor seguir las corrientes irresistibles de las nuevas generaciones, que no quieren una adaptación al mundo dimisionario, vemos que unos y otros adoptan ideas y concepciones queridas de los anarquistas para utilizarlas deformando previamente su verdadero contenido.

Es, pues, en consecuencia, un deber de las organizaciones revolucionarias clarificar un debate en el que los matices de la dialéctica quisieran imponerse a las ideas, para mejor facilitar la maniobra de los profesionales de la «vida pública». He aquí porqué, es preciso, ante esta floración de «mentiras políticas no hablar más de autogestión, sin precisar: autogestión revolucionaria.

Porque no se puede concebir la autogestión más que en un contexto social insurreccional y revolucionario, barriendo estructuras y modos de vida colectivos e individuales.

Autogestión revolucionaria que es social y económica a la vez. Porque la autogestión, para serlo, para ser un conjunto más justo de organización completa de la vida humana, no puede limitar su campo de acción a los solos aspectos de la producción y de la distribución. Debe comprender forzosamente la intervención directa de todos los hombres en todos los momentos de la existencia.

Autogestión, cuya definición en cuanto a métodos y procedimientos no es posible a priori.

Otros — interesados por objetivos políticos en los cuales la autogestión no es más que la compuerta que abren para llevar el riego a sus campos — trazarán a su manera esquemas precisos. Estos, no harán sino poner límites rebuscados a la solución autogestionaria anunciada, a fin de reducir su extensión o de hacerla en participación con otras instancias, propias al Estado.

Es por esto, por lo que creemos necesario señalar que las fórmulas «mixtas» que ciertos marxismos han instalado en países como Yugoslavia, y que otros pretenden crear con la participación benevolente de una autoridad progresista, no tienen de autogestión más que el nombre. Dichas soluciones, en curso de realización o a realizar tan solo, son experiencias de una cogestión relativa en la que el papel de los trabajadores, de la base, del individuo, es más o menos importante según el buen querer de los organizadores. Y son estos organizadores quienes acuerdan y conceden a otros una parcela de su poder de determinación.

¿Cuál es la audiencia de la autogestión revolucionaria social y económica en el mundo del trabajo?

Hay, entre las organizaciones obreras, aquéllas para las cuales la idea misma de una posibilidad de implantación no va sin rechinar de dientes y herizarse de cabellos de los inamovibles dirigentes.

Para las Centrales sindicales que no pueden ni aún calificarse de reformistas, en las que el sindicato no es más que un agrupamiento de tipo gremialista de seguros mutuos, que permiten a sus maneja-dores el abrazar negocios más o menos turbios, todo lo que puede comportar un trastorno del cuadro actual, debe proscribirse, y en primer lugar toda solución revolucionaria.

Para otros, que se quieren aún afirmar herederos de un sindicalismo salido de las Internacionales y que en su reformismo integrado a las estructuras capitalistas (que no discuten) se limitan a decir para no perder ,da fachada» que prefieren «ver venir» para comprender mejor, su verdadero sentimiento explota cuando califican de «gran desorden» la autogestión. Tal y como calificaba y califica el capitalismo paleolítico a la Anarquía.

Las infeodadas a los marxismos de táctica totalitaria, a pesar de un desembalar de democracia publicitaria, han hecho una elección más sincera. Para ellas la autogestión es una vieja idea anarcosindicalista buena para el cesto de los papeles. Fieles a sí mismos y habiendo abandonado desde hrce largo tiempo, en el cuarto de los trastos viejos la idea de los «soviets originales» como motor de una revolución que se quiso ejemplar, la sola idea posible es la del papel dirigente de las minorías de un Partido.

El socialismo o el comunismo de Estado, autoritarios por naturaleza han tenido necesidad de crear una aristocracia del Poder, la de los cuadros dirigentes congelados en sus puestos por la razón determinante de los imperativos del Partido.

Sería más interesante para nosotros el estudiar ciertas tendencias que — al margen del marxismo o en el contexto contestatario de la ortodoxia bolchevique — surgen y quisieran apropiarse esta concepción socioeconómica de la autogestión, alrededor de la cual vienen sin embargo, a crear una magnífica red de alambradas, encerrando la autogestión en los límites de la gestión controladora bajo el ojo vigilante del gobernante.

Su nacimiento, supuesto en el marco de contextos parciales o progresivos de una colaboración Estado organizaciones obreras, implica la buena disposición del aparato autoritario y la voluntad dimisionaria del capitalismo.

Y creer que el Capital y el Poder, van así, a borrarse poco a poco dejando a la autogestión un camino de evolución abierto y desbrozado es creer todavía, como niños mal despiertos, en los cuentos de hadas. Esta concepción peca por abandono.

Abandono del poder de decisión de las multitudes que deberían —según ella— limitar su acción, en el mejor de los casos, a hacer presión sobre los gobernantes para que éstos acordasen a los pueblos, sedicentemente soberanos — el derecho de realizar sus aspiraciones. Abandono de la personalidad misma del individuo, continuando a errar por los viejos caminos de todas las abdicaciones.

Si está universalmente reconocido que los derechos del individuo, el derecho de todos y de cada uno, es incomprensible que no importa quién y con no importa que Poder se atribuya el derecho de concede( a otros lo que desde siempre, debió pertenecer a todos. La pretendida autoridad que concede, es, ella, usurpadora.

La autogestión no puede venir de una decisión «de arriba» ni incluso de un debate parlamentario. Debe ser conquistada en franco combate porque se coloca en aposición absoluta a todas las formas actuales de vida social, política y económica.

Si no tiene por origen el desgarramiento de las estructuras del Capitalismo y del Estado y se encuadra en uno u otro, será tan solo, participación de relativa importancia, del mundo del trabajo en los rodajes mantenidos.

La autogestión implica la desaparición del Capital y de la Autoridad del Estado. Y ni uno ni otro se encuentran iluminados por un espíritu de caridad social tal, que les lleve al sacrificio de la autodestrucción.

LAS FALSAS EXPERIENCIAS

¿En qué situación se encuentra la Yugoslavia «autogestionaria»? No será necesario volver aqui acerca de todo lo que se ha escrito y dicho sobre el grado de participación de los obreros de aquel país en aquellas ramas de la producción de los que se ha querido llamar el sector “autogestionario».

Los informes establecidos por la Liga Comunista yugoslava, las actas de sus congresos y de !os congresos sindicales, son la mejor constatación del fracaso de una experiencia mutilada desde su nacimiento, falseada en su cuna.

Si —como dicen los informas— la mayoría de los obreros se mantenían pasivos y operaban como verdaderos frenos a su «autogestión» es que comprendían o advinaban una falla indefinible posiblemente, pero cierta, en ese contexto milagroso.

Su autogestión, no siendo comprendida, no era sentida como algo propio, formando parte de ellos mismos.

Creada pieza a pieza por la Autoridad y las instancias de la Liga, limitada a la ramas decididas por la Liga y el Estado, controlada por los representantes del Estado y de la Liga, los obreros yugoslavos han debido preguntarse frecuentemente si esta autogestión, no era en realidad la gestión de la Liga.

Tanto más, por cuanto un problema se planteaba siempre: el de la relación entre la productividad y los salarios. Y el choque de estos principios era como un toque de campanas discordante. El salario, es la retribución parcial que alguien decide para recompensar un esfuerzo realizado por otra persona, a su servicio. En este sector autogestionario, ¿quién decidía estas retribuciones? De ser los autogestionarios no debía haber conflicto. Si era otro, entonces ya no había antogestión.

Así la «autogestión» yugoslava donde la intervención de la Liga, es decir, de una minoría es flagrante, ve un desfilar permanente —y esto desde hace varios años— de campañas de depuración y de purgas sucesivas contra el funcionarismo, contra la corrupción de los dirigentes, contra todos los tráficos de los gerentes oficiales... Ningún contenido real, pues, detrás de un nombre vacío de contenido. No había autogestión porque los obreros son ajenos a las decisiones que solo pertenecen a la nueva clase burocrática...

...porque decidida desde arriba, no ha respondido jamás a la voluntad de la base y sus «realizadores» han cerrado siempre el camino a ésta, imponiéndole sus tutores;
...porque, parcial, deja fuera de su campo de acción las ramas más importantes de las actividades sociales y económicas del país;
...porque la coordinación entre el sector «autogestionario», el sector privado y el nacionalizado no puede hacerse más que al dictado de las instancias superiores de la Liga.

El mismo análisis, con algunos matices diferentes, podría hacerse sobre la autogestión argelina. La intervención del Estado, de los organismos de la «revolución» a través de sus delegados, en el sector autogestionario transforman esta «autogestión» en una colaboración relativa entre los trabajadores y los organismos estatales de dirección: es decir en una incierta cogestión, una vez más.

En el mundo capitalista, como en los países del socialismo autoritario, en esas formas de la pretendida autogestión, el mantenimiento de la «dicotomia» secular, de la división entre los que piensan y los que ejecutan, es la garantía de la supremacía de una minoría sobre el todo.

Segregación real, disimulada en ciertos casos por la ilusión de un derecho bien relativo a la participación esporádica en las decisiones que como panacea con títulos diferentes lanzan a todos los vientos, desde hace una decena de años, todos los mercaderes de la política.

Como ejemplo característico de otra corriente de adaptación del capitalismo al socialismo y viceversa, los proyectos de los socialdemócratas alemanes, de inserción en el aparato capitalista, de una participación paritaria de los trabajadores.

El proyecto no se pretende revolucionario. Sigue la línea llamada sueca, aunque en Suecia haya resultado una funcionarización de los representantes obreros en los consejos de administración de las empresas.

El proyecto, repetimos, admite y consagra de hecho, la aceptación por el socialismo alemán de la existencia del capitalismo como fenómeno inarrancable. Encenagados en la traición a los principios de un socialismo que se quería internacionalista, continúan y prosiguen, convencidos y conscientes de su decisión.

Los representantes del sindicalismo integrado alemán, no han encontrado a objetar, más que la obligación que establece el proyecto de que entre los representantes obreros haya por lo menos un representante de los cuadros de dirección. Lo que según ellos, ya que los cuadros se inclinan siempre del lado de los patronos, es factor de desequilibrio.

La juventud alemana va más lejos. El peligro no reside en el desequilibrio de un voto de más o menos en la paridad, sino en la deserción total que el proyecto impone, en esa integración capitalista que daría «legitimidad capitalista» a la existencia y tutela permanente de los consejos de administración, portaestandartes del capitalismo. La social democracia alemana instalada en la fortaleza del Estado —bajo la pezuña de la Finanza— quisiera así hacer entrar a los trabajadores alemanes atados de pies y manos en esta fortaleza.

***

Hace un poco más de cien años, Marx y los suyos, rompiendo el lazo solidario de la Primera Internacional para hacer triunfar su punto de vista político, iniciaron la caída que debía llevar su línea de conducta, hacia esos regímenes socialistas o democráticos en que el hombre es el gran olvidado.

Aquel primer paso de entonces, hacia el desviacionismo, debía llevarles por los senderos de la traición pura y simple a la causa internacionalista revolucionaria.

Las fuerzas políticas surgidas de los restos autoritarios que abandonaron la Primera Internacional y crearon más tarde la Segunda y la Tercera, se anclaron unos en las estructuras políticas de la democracia capitalista, y los otros una vez dueños del Estado en ciertos países, se instalaron en autócratas autoritarios desbordando hacia el totalitarismo.

Los primeros, socialistas o socialdemócratas, temiendo siempre una «revolución» que traiga a los segundos con su exclusivismo absoluto, prefieren remendar los restos del capitalismo en crisis con la aportación formalista de una participación obrera.

Esta, de consolidarse, constituiría la última traición: la aceptación entre dos peligros, de mal menor, la resignación vergonzosa de una de las ramas de los discípulos de Marx. Y a pesar de los pataleos y taconazos protestarios del capitalismo alemán, que para guardar las apariencias debe mostrar cierta resistencia a las reformas, sabemos nosotros como saben los hombres de la finanza, que la socialdemocracia alemana les está salvando la partida.

EL DEBATE

En los países donde el contexto político social, el empuje de las nuevas generaciones, plantea la cuestión de la autogestión con cierta acuidad, como es el caso de Francia, se intenta falsear el debate en su origen mismo.

Quisiera verse este debate encerrado entre dos ideas que diferentes en algunos puntos, convergen en su aspecto negativo.

...La versión marxista, de la C.G.T., que rehusa de rondón toda idea de autogestión, es la «gestión democrática en las empresas»;

...y la Cefdetista (C.F.D.T.) reuniéndose a la de ciertos partidos marxistas heterodoxos, quisiera modelar la autogestión en una visión mal definida de autoridad y de revolución simultáneas.

La «gestión democrática en las empresas», fórmula querida de la C.G.T. y del P.C., debe concebirse, sea ya en el cuadro de una previa nacionalización de todo o parte del complejo económico, sea de nacionalizaciones parciales con supervivencia del sector capitalista.

En la primera versión que llamaremos la solución «total», en el cuadro de conjunto del poder de Estado omnipresente así creado, la gestión democrática bajo la dirección del Estado, quedaría reducida a la participación más o menos amplia de los trabajadores en la marcha y organización de los lugares de producción. La decisión de la planificación perteneciendo a los propietarios —el Estado— y sus mandatarios —los funcionarios nombrados a este efecto—, constataremos que en ella el obrero no cambia de condición. Es la calidad del patrón la que cambia. Y si los trabajadores deben participar «ampliamente», la participación con «otros» (las instancias de la autoridad) consagra la diferencia entre los participantes, los trabajadores y los no trabajadores, aunque se autocalifiquen de representantes de la clase obrera.

Los trabajadores continúan pues, en sus sindicatos, encerrados (como en los países donde su socialismo existe ya) en el papel de organismos de enlace y transmisión, encargados de llevar a realización las decisiones del Partido.

Es bien significativo a este respecto, que en sus declaraciones sobre esta «gestión democrática», no habría lugar a confusión: delegados del personal, para la defensa de los intereses de los trabajadores y delegados a los comités de empresa encargados de la gestión. Dos aparatos bien distintos, no pudiendo nunca los trabajadores sentirse identificados con la producción, habiendo siempre algo que escape a sus decisiones. Sino, ¿porqué y contra quién defender sus intereses? La gestión, así concebida, ¿será democrática? No lo será.

La ensambladura está bien estudiada. Se trata de operar de tal manera que los trabajadores, a través de sus organizaciones económicas, los sindicatos, no puedan nunca romper la influencia directa y el papel director del Partido.

De donde resulta, que hasta la concepción de «gestión» queda reducida a su más mínima expresión.

En la segunda versión, muy en boga hoy en los países en los que el Partido no ha podido obtener la exclusiva y en que todas las colaboraciones son auspiciadas, permitidas y autorizadas para obtener una parcela del poder «democrático», yendo hasta una integración en las actividades económicas del capitalismo privado, existente al lado de cierto número de nacionalizaciones, no podemos concebir la gestión «democrática preconizada más que a la moda alemana» de la que ya nos hemos ocupado.

La versión de la C.F.D.T. que se quiere heredera de las tradiciones libertarias y sindicalistas revolucionarias, toma este punto de partida para resbalar rápidamente y de manera peligrosa hacia el patinadero político.

Para esta concepción pretendidamente autogestionaria todo debe surgir de la concertación previa de los trabajadores, pero... —porque hay un pero bien modesto para sus teóricos— si afirman que no puede haber autogestión triunfante más que en una sociedad global autogestionaria, su linea de conducta encierra una concepción netamente política de poder.

En sus hipótesis de porvenir, encontramos las de la posibilidad de autogestión bajo «égida revolucionaria» de unas izquierdas en el Poder y por experiencias progresivas. Bien lejos estamos de la sociedad global autogestionaria...

Resbaladero que se acentúa hacia el dominio del autoritarismo, enemigo jurado de la autogestión revolucionaria.

El programa de estos pretendidos autogestionarios se resume así: Unas izquierdas políticas en el Poder, poniendo en marcha la transformación social. De arriba abajo. Ensayos de autogestión en el sector nacionalizado, que más bien sería gestión obrera de las nacionalizaciones o usufructo por delegación de los bienes del Estado. Paralelamente ciertas empresas privadas serían incluidas en un sector de autogestión.

Pero no vayamos más lejos... Todas las contradicciones de la coexistencia entre el verdadero socialismo y el capitalismo, saldrían a la superficie. Recordemos una vez más y para dejar de ello constancia, que la definición de la «sociedad global autogestionaria» se encuentra bien y prontamente abandonada en la realización.

***

Partidarios y defensores de las dos versiones se observan hoy como hermanos enemigos. Unos, temiendo ver en su casa las tristes experiencias de las gestiones democráticas» de ciertos países de la Europa del Este, los otros inquietos por la influencia creciente de las concepciones anarquistas, por la presión cada vez más fuerte del sentimiento colectivo de los oprimidos, la de la juvendud decepcionada, sedienta de evasión, de escapada fuera de la prisión capitalista y autoritaria.

LA EVASION

Porque es preciso plantear los problemas de la vida social y económica del hombre y de la colectividad en toda su vasta amplitud.

La gran ambición de los hombres, la gran esperanza en mañanas mejores no pueden reducirse a la sola mejora del nivel económico de la existencia de la clase obrera, ni puede encerrarse en los límites de la conquista de un bienestar monetario en creciente mejora.

Los tiempos de la conquista del pan, están sobrepasados —aunque este problema siga siendo agudo y grave para una gran parte de la humanidad.

En la tormenta de las generuiones que quieren preceder un cambio neto de los modos de vida, es el individuo el que sale a la superficie: el HOMBRE.

El centro de gravedad social económico de la vida, no es la producción ni su organización ni las modalidades de funcionamiento de la economía.

El centro, es la unidad pensante, activa, teniendo todos los derechos porque todo parte de él: el Individuo, en un conjunto de relaciones armoniosas y equilibradas en una sociedad libre. Y la rebusca de este equilibrio es posible a la sola condición de suprimir todos los factores de la desigualdad y en primer lugar la autoridad.

Negamos valor y peso a los argumentos falaciosos que quisieran demostrar la imposibilidad de un humanismo universal.

En la realidad económica del presente pueden ser valederos. Es por dicha razón por lo que afirmamos que esta realidad que declaramos sobrepasada por una toma de conciencia nueva es la primera que habrá que abatir.

Cambiar el trabajo, las formas de trabajo. Una transformación fundamental y total de las normas y moldes tradicionales se impone. Y esta transformación es uno de los aspectos primordiales de la revolución necesaria. No se mejora la vida de un obrero en una cadena de producción, o sobre una tarea despersonalizada, acordandole menos horas de trabajo, un taller más luminoso, una mejor retribución y mejores condiciones de trabajo. Estas reivindicaciones pueden representar una mejora del régimen de servidumbre, pero no una liberación.

Es el carácter mismo del trabajo el que hay que cambiar. La producción de nuestros días no es más que un inmenso absurdo. Y no descubrimos nada al decirlo. Esta afirmación se encuentra en la boca como en la punta de las plumas de todos los hombres sinceros.

Todos reconocen que el motor de la producción actual, es la avidez del provecho y que la ley dominante es del crecimiento de los beneficios del capital privado o de Estado.

La productividad no puede hoy tener otro valor que el cuantitativo, el del número y es así irracional, empujada por la locura frenética de una superproducción creciente.

Es la imagen de circulo vicioso y loco: producir más para consumir más.

Política económica creadora de necesidades inexistentes forjadas e impuestas por intoxicación publicitaria de los cerebros.

La imagen de la abundancia —limitada a una pequeñísima parte de la humanidad— que se desluce estos últimos tiempos por un avatar, también forjado por los manipuladores de la alta finanza, era un holograma, una proyección irreal en el espacio, una imagen ilusoria, vendida con gran refuerzo publicitario por los beneficiarios de siempre.

Lo superfluo es rey en una economía guiada hacia el dispendio creciente, hacia un mundo artificial de «necesidades innecesarias», devenidas tales por intoxicación psicológica.

Y la revolución, para ser verdadera, deberá operar como ras de marea que barra y lo lleve todo, dejando únicamente sobre el terreno desnudo los valores originales anclados en el fondo del hombre, en su real necesidad de vivir, de vivir mejor, de vivir de otra manera. De vivir en la sobriedad de una vida sana, nueva, más simple, más limpia, natural y digna.

Aspiraciones que forman parte de nuestra propia línea social y revolucionaria. Nosotros, anarcosindicalistas, libertarios, hemos afirmado en todo momento que la organización de la producción y la distribución de los bienes de consumo, son un aspecto y bien secundario de este magnífico conjunto que debe ser mañana la existencia individual en el seno de una sociedad más justa.

Producir y consumir es asegurar la supervivencia de cada día del ser humano. Y el hombre es algo más complejo que un animal refinado que sabe mejorar lo que la naturaleza le da.

El hombre quiera saber, amar, proyectarse entre sus semejantes, sentirse solidario, responsable, capaz de un mejoramiento moral y ético, gozar de la existencia en todo su esplendor.

Llámese con el nombre que se quiera; los sociólogos a la punta de un progresismo a la moda dirán «ocios», otros más escrupulosos hablarán del «tiempo de no trabajo», ese tiempo de la vida en que el individuo se libera del pacto social consentido para sentirse «yo», es más importante que el que debe, solidario, consciente y voluntario a la sociedad.

Importa sobre todo para el triunfo de la revolución que el contrato «anarquista» individuo-sociedad dé al primero mucho más que le pide.

No es así hoy, en el contrato de sumisión que los sistemas políticos imponen en todo el mundo por medio de la autoridad.

Y la rebusca de esta síntesis de fraternidad debe hacerse por la toma de conciencia creciente del individuo. No se trata siquiera ya de encontrar un equilibrio, inexistente hoy, sino de bascular todo el desequilibrio apuntalado por esta autoridad al servicio del capital, fuera de la existencia colectiva, para que el hombre, el individuo se dé el papel dominante en las relaciones que deberá establecer con sus semejantes.

Lo que es posible por las razones que siguen:

La evolución de las técnicas que sólo es utilizada hoy para el provecho de una minoría permite en una organización racional de la producción llegar a resultados satisfactorios de productividad con una aportación menor del esfuerzo humano.

La supresión radical de toda función inútil, el barrido de toda la arrebañadura de actividades intermediarias del comercio, cuyo papel actual es el de forzar la elección de un consumo dirigido, aportaría a la producción de todo cuanto es útil y fundamentalmente necesario nuevos brazos y nuevos cerebros.

El abandono puro y simple de todas las ramas de la actividad productiva superfluas, nocivas, innecesarias, concentrando como hemos dicho anteriormente, la totalidad de los esfuerzos hacia lo necesario, útil y agradable, crearía un nuevo cuadro de vida.

La eliminación de toda función improductiva y cuya misión es en la hora actual la de mantener por la fuerza un «orden de violencias» vertiria al conjunto solidario nuevos esfuerzos orientados hacia la solidaridad entre los hombres.

Estas medidas, entre otras, serían capaces de dar nueva fisonomía al problema de las necesidades humanas, reduciendo al máximo la prestación social del individuo y liberándolo así, le dejaría dueño de sí mismo para una proyección máxima de su personalidad.

***

Los enemigos de la revolución, numerosos y formados en un estado de espíritu que se pretende capaz de demostrar lo indemostrable, no dejarán de presentar argumentos para apuntalar sus teorías sobre la imposibilidad de la realización autogestionaria.

Pero todos esos argumentos tomarán apoyo en falsas hipótesis deducidas de los datos facilitados por un presente imperfecto, queriendo ligar las posibilidades de un futuro revolucionario a los estamentos tambaleantes de la sociedad capitalista en quiebra fraudulenta.

Porque serán incapaces de comprender que una transformación total del contexto social humano no puede apoyarse más que sobre el hombre y no sobre el conjunto ni aún siquiera sobre una sola de las instituciones artificiales que la existencia de la autoridad creó. Así, los detractores de la autogestión anarquista enarbolarán el argumento menor y ridículo del papel de los técnicos, incomparable con su versión «meli-melo» de la asamblea popular.

¿Cómo hacerlés comprender que el técnico, el especialista, no es un ser aparte, sino un hombre como los otros, y ligado como los otros por un contrato consentido, al conjunto social en una sociedad libertaria?

Habrá que admitir, además, que en una producción racional, cada uno es un técnico en su misión.

Que no es menos técnico el obrero de una jabonería que sabe dosificar sus mezclas y discernir a golpe de vista el producto terminado, que el ingeniero químico que estudia el perfeccionamiento de éste. Que el obrero tintorero que trabaja sabiamente los colores y el obrero fresador capaz de terminar una matriz para su máquina, que responda a las características de un dibujo preparado por la oficina de estudios y proyectos, son técnicos igualmente. Todas las técnicas se interpenetran, son necesarias, solidarias y complementarias.

En la concepción de una fraternidad solidaria en la producción, seria insensato pensar que por la fuerza de rivalidades inexistentes y absurdas la opinión de un técnico preparado para una cierta labor, no sería escuchado por sus compañeros de trabajo.

Otro argumento, igualmente enarbolado como una maza, que para nosotros golpea siempre en el vacío, sería la falta de preparación de las masas populares para tomar sus responsabilidades.

Esta idea, reflejo del desprecio absoluto de las «élites superiores» hacia el mundo de «los de abajo», «la canalla», «la hez de la tierra», no resiste a la primera crítica.

Es el criterio clasista anclado en creencias seculares de los poseedores del privilegio: la de que solamente ellos y sus hombres, formados a su imagen, son capaces de un esfuerzo intelectual, organizador y coordinador. Que los «cerebros» no pueden encontrarse más que entre las clases dominantes o ponerse a su servicio. Es una de las tinieblas de viejas civilizaciones y de los mitos ancestrales de las castas y de sus orígenes, de donde nos llegan esas convicciones conservadoras cuyo mantenimiento como valor tradicional es la garantía de supervivencia del mundo de privilegios.

Toda la historia es, sin embargo, una lección constante, que muestra el error brutal y grosero de dichas creencias.

Si es ciertamente verdadero que por el hábil juego de todas las políticas, los pueblos se acomodaron en una gran parte a una conducta de abdicaciones y de delegación permanente de las responsabilidades y de los poderes de decisión en un cierto número, bien reducido, de los «hacedores» devenidos profesionales de la organización, esta dimisión colectiva de las masas populares, temporal y accidental, tiende a desaparacer por el empuje voluntarioso de las nuevas generaciones. La organización de una economía, en plena guerra civil, abandonada por los señores de siempre y en ausencia absoluta de los medios tradicionales de crédito y financiamientos, como fue el caso de España entre 1936 y 1939, demuestra que los ignorantes, los incapaces, los «menos que nada», eran bien capaces de asegurar el relevo. ¿No fueron capaces de organizar la producción agrícola los campesinos mejicanos que seguían la revolución agraria de Zapata?

¿No fueron obra de simples trabajadores los primeros kibbutzin en Israel?

Diremos para ir más lejos en la defensa de las capacidades populares, que la improvisación espontánea del hombre abandonado a sus libres iniciativas no es discutible.

Parecía ser igualmente que la organización de la vida social y económica según la visión autogestionaria sería imposible, vista la complejidad actual de los rodajes creados por el Estado y las instituciones del capitalismo privado o estatal.

¿No parece absurdo imaginar que el solo hecho de suprimir en estos rodajes los elementos parasitarios, improductivos y nulos debería paralizar un conjunto que hoy está mal que bien en marcha?

El contexto social de hoy se caracteriza por una desproporción entre la aportación de esfuerzos de la mayoría y el provecho resultante de dichos esfuerzos, distribuido de manera desigual con ventajas para una minoría.

Y para mantener ese desequilibrio, la ley del más fuerte, la alienación de las libertades por el uso de la violencia oficial, el constreñimiento a la violencia por la creación de una fuerza brutal de servidores, bautizados para las necesidades de la causa, los agentes del orden.

Si para los detentadores de las »verdades oficiales» la autoridad es la única capaz de mantener la actual semblanza de orden, este estado de coacción que es «el miedo al gendarme» y «el temor a la ley», son en consecuencia la única «virtud civica» valedera.

Representa ello acordar poco valor al hombre si se pretende que sólo la ley —obra de una minoría— y la represión son capaces de mantener un conjunto social. Una vez más nos encontramos ante la confusión entre la situación actual, inestable e irregular y las perspectivas de porvenir social.

No quieren pensar que si la ley y la represión existen, ellas son la prueba moral y material de que el conjunto no acepta, de buena voluntad, la dominación de unos cuantos.

No pueden concebir que por nuestra parte, las reglas civicas y del bien vivir de hoy, los certificados de buena ciudadanía, son falsos principios que quieren dar derecho de legitimidad al abuso tradicional.

Limpiar las conciencias será necesario. Pero para esto, la escuela militante de los sindicatos, de un lado, y las escuelas nacidas de la revolución, y como la revolución, autogestionarias, por otro, se encargarán del renacer, con una nue.va moral, una ética liberada de los dogmas, de un alba nueva para las nuevas generaciones.

¿COMO...?

Queda el cómo. La respuesta no puede ser un programa definido, limitado, trazado por avance como el de los partidos políticos, portadores de enormes promesas electorales.

Quitaríamos a la autogestión revolucionaria a realizar en un mañana más o menos próximo, su propia personalidad y su carácter de obra popular, si nos tomáramos, en el presente, el derecho de decir a los hombres de la revolución cómo deberán llevarla a cabo.

No se improvisa un guía de la selva sobre cartas geográficas. Es sobre el terreno, allí donde nunca el hombre puso el pie, donde no hay caminos trazados, donde hay que encontrar uno, a través de la maleza.

Existen, no obstante, las grandes líneas de la concepción social, no de las modalidades de acción ni de funcionamiento, que han sido pensadas y escritas por anarquistas, partiendo de las premisas fundamentales de la libertad individual, de la solidaridad entre los hombres y de la idea base de cambiar el gobierno de los hombres por la administración de las cosas.

La tendencia libertaria de nuestro comunismo es garante de esta libertad.

Paralelamente a la organización y la coordinación del esfuerzo productor de las exigencias de la distribución solidarias, realizadas de manera autogestionaria, la garantía de una existencia individual en el cuadro colectivista, aparece por la organización comunal, federalistas, Pierre Besnard, en «Un mundo nuevo»; Isaac Puente, en «El comunismo libertario», han expuesto a grandes trazos y cada uno a su manera, con líneas semejantes y detalles que no lo son, lo que podrían ser, hipótesis de realización de esta sociedad autogestionaria cuya idea precedió la denominación dada en estos últimos tiempos.

La idea base: el hombre. Solidario de la colectividad le debe su aportación de productor. En cambio, esta colectividad le debe el respeto a su libertad, a su derecho a la vida sin coacciones.

De cada uno según sus posibilidades, a cada uno según sus necesidades. El contrato anarquista libremente aceptado no puede existir más que sobre estos principios: el hombre es productor, solo por su libre decisión de ligarse a la comunidad.

Para esto, una organización económica cuyas bases podrían tomarse en las estructuras del sindicalismo revolucionario y en la libre decisión de los productores en los lugares de trabajo.

En las federaciones por ramas de la producción y por localización geográfica.

Partiendo de cada lugar de trabajo, de cada rama de la producción, la federación regional, interregional de esta rama, ligada estrechamente en coordinación primeramente local y después regional e interregional de todas las ramas en consejos económicos. Todo de abajo arriba, partiendo de la base, de las asambleas, sin delegaciones permanentes de misión, sí temporales y condicionadas al complimiento de los mandatos dados por asambleas y congresos.

Una organización social, paralela y complementaria encargándose de las relaciones sociales, de las realizaciones necesarias al conjunto.

Estructura igualmente de abajo arriba, partiendo de las asambleas comunales o de barrio hacia la federación de comunas libres, organismos delegados, todos, temporalmente, para la realización de las decisiones económicas y sociales. Delegaciones revocables sin formalidades, pacto federal libre, del hombre y del productor, que sabe y conoce su derecho a intervenir y a decidir en todo momento, a exponer su punto de vista ante todos los problemas. Administración de la vida por todos, comunismo libertario igualitario y el único que puede afirmarse, sin engaños, fiel a la idea totalmente maltratada por unos y otros, de la autogestión.

Del Boletín de información A.I.T.

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LAS SOCIEDADES MULTINACIONALES
y el Sindicalismo Revolucionario
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por Ramón LIARTE

ESTA demostrado hasta la saciedad que lo que es rentable para el capitalismo internacional no es bueno para los pueblos que forman el mundo. Asistimos a un fenómeno económico de proporciones gigantescas: el natalicio y crecimiento de las cociedades multinacionales. Todas las cosas del globo van rodeadas de cierto misterio. Por eso, la inmensa mayoría de la gente se pregunta: ¿qué son las Sociedades multinacionales? Y la respuesta brota a flor de labios: Sociedades distribuidas a través del mundo internacional.

El caso es que al correr de los días, el adjetivo se ha transformado en nombre. Es necesario decir: las sociedades multinacionales, industriales, financieras, comerciales, que acaparan la potencia económica. El dinero no tiene leyes ni fronteras. Pero puestos a preguntar, abramos un interrogante. ¿Por qué son sociedades multinacionales y no internacionales? El vocabulario es muchas veces engañoso como una trampa preparada por buen cazador. Mas sabido es que las palabras no expresan en todas las ocasiones un contenido único. No responden a la verdad en todas las situaciones.

Varios epítetos han sido lanzados: transnacionales, anacionales, polinacionales, plurinacionales. Está visto que cada prefijo tiene un sentido particularmente meticuloso, singular a todas luces. De todos modos, de lo que se trata, en suma, es de una vasta institución económica que supera a la nación, y que la desborda. Otra pregunta viene a la imaginación: ¿por qué no llamarlas mundiales?

El movimiento propiamente dicho ha tenido su cuna en América. Grandes sociedades crecen sin cesar, de manera arrolladora. Y es que no se trata de exportar productos americanos, sino de montar filiales asociadas económicamente para formar un sistema que garantice, afirme y consolide la existencia del capitalismo «multinacional».

El 80% de los capitales empleados por los norteamericanos en el exterior de su nación son colocados bajo el poder de las firmas multinacionales. Otro tanto sucede en los países donde estas corporaciones fabrican productos parecidos a los elaborados por ellas en EE.UU. Conviene dar paso a las cifras para que no haya lugar a engaños. De las 100 a 200 grandes sociedades que existen, la mayoría son americanas. El ensayo se hizo con las tres primeras sociedades suizas, y al ver los resultados beneficiosos que se habían obtenido, los USA, pasaron a la ofensiva con todas las consecuencias.

Las sociedades multinacionales comienzan a dominar los diversos mercados nacionales, principalmente en el domino del automóvil, de la química y de la electricidad. Se sabe de una manera concreta que 200 sociedades americanas se han instalado en seis grandes países. El capitalismo siempre va a lo suyo. No tiene entrañas ni corazón, pero eso sí, posee cerebro y oro para comprar inteligencias. Los cambios internacionales, las relaciones de continente a continente, todo va tomando otros derroteros. Es el clásico renovarse para no perecer, o evolucionar para sobrevivir como sea. Nacimiento super-capitalista, supremacía del más fuerte, imperio de los mejor organizados. ¿Crecerán aún más estas sociedades? Claro que sí. Se espera que el año 1990, de no haber un cataclismo universal, estas firmas dominarán el 90% de la economía. No habrá para ellas límite, que las contenga ni poder que las doblegue.

Estamos asistiendo a la aparición, crecimiento y apogeo de un nuevo poder. Las sociedades nacionales de antaño no tenían una gran autonomía. Carecían de potencialidad propia; por así decirlo, estaban faltas de verdaderos poderes. Sus intereses hallábanse diseminados. Ayer, la política gobernaba a la economía; hoy, la economía dirige, forja y crea la política. Y es que los dueños de las industrias han dado un golpe de Estado en el campo capitalista multinacional. Las conquistas alcanzadas en este terreno son impresionantes, aterradoras.

AMPLITUD DEL FENOMENO DE LAS «MULTINACIONALES»

En 1970, de las 100 primeras empresas del mundo, 64 eran de procedencia americana, 9 alemanas, 8 japonesas, 7 inglesas, 3 italianas, 3 francesas, 2 holandesas, 2 anglo-holandesas y 3 para Suiza y Austria.

A pesar de su carácter multinacional, sus centros de decisión están siempre en los países ricos.

En todo el mundo no comunista, las 300 sociedades multinacionales más poderosas controlan en la actualidad más del 20% de la producción industrial y el 30% del comercio mundial (Estudio G.A.T.T.).

Las ventas de las más fuertes sociedades multinacionales de los EE.UU., Europa y el Japón (unas 300) aumentan en 10% al año, aproximadamente, lo cual viene a ser el doble, por término medio, de lo que aumenta el producto nacional bruto, en cifras reales, en todo el mundo.

Las inversiones americanas en el extranjero han hecho más que doblar en 1960 y 1970. En Europa se han cuadruplicado. Si se hace una evaluación de lo sucedido en 1970, vernos que los Estados Unidos invirtieron el 68% del total en los países industrializados y el 27% en los países en vías de desarrollo. (Estudio O.I.T.).

En la industria «avanzada», o en los sectores «punta», un puñado de firmas dominan ya el mundo: 7 firmas de la industria petrolera, 15 en la petro-química, 3 en la industria neumática, 10 en la electrónica profesional y 9 en la industria papelera.

He aquí las repatriaciones oficiales de los beneficios obtenidos por las sociedades multinacionales en 1970 expresados en millones de dólares:

— En Africa: Inversiones, 270. Repatriaciones, 996.
— En Asia: Inversiones, 200; repatriaciones, 2.400.
— En América Latina: Inversiones, 900; repatriaciones, 2.900.

(Informe O.N.U. — 1973.)

Sólo las empresas multinacionales de origen americano disponen de un volumen de moneda de 262 mil millones de dólares (cifras de 1971). Esta cantidad equivale a los volúmenes monetarios de Francia, Alemania, Gran Bretaña y Bélgica juntas.

(Informe O.N.U. — 1973).

Comparación de la importancia y de las riquezas de los Estados nacionales y de las grandes Sociedades:

— Las 12 primeras potencias económicas del globo, son Estados.
— La décimotercera es la General Motors, que figura antes que Suiza, Suecia, Bélgica y Argentina. (El presupuesto del Estado francés equivale a la cifra de negocios de la General Motors).
— Entre las 50 mayores potencias económicas, 37 son países y 13 son sociedades.
— Argelia y Marruecos figuran muchos más atrás que sociedades como la General Motors, Ford, Shell, Chrisler, Unilever, MobilOil, Texaco, I.B.M., Western Electric, Dupont y una inmensa red de sociedades extendidas por el mundo.

La cifra de negocios de la G.M. rebasa el producto nacional de 130 países, de la misma manera que las actividades de las sociedades multinacionales americanas controlan la mitad del comercio exterior de su país. Pero, por si esto fuese poco, las andadas en el sector bancario son inquietantes. No dejan dormir a todo el que tiene sueño. Hagamos un examen objetivo. Las reservas monetarias de todos los Bancos centrales del mundo representan 122 miles de millones de dólares; y el total de los fondos manipulados por las multinacionales era, en 1969 de 268 miles de millones. ¿Se calcula, intuye o adivina la potencia financiera de estas sociedades? Hay que tener en cuenta que nada más que el desplazamiento del 1% de su líquido-podría provocar una crisis internacional. Los reyes de la «plata» no quieren perder sus respectivas coronas.

EL PODER SUPREMO DEL ORO

Hasta ahora, sólo el Estado ha tenido en sus manos el poder supremo. Ha gobernado siempre lo que los romanos llamaron la ley del Imperio. El Estado lo ha venido dominando todo. La persona propiamente dicha, los grupos aislados, o los grupos unidos se han visto domeñados por el poder absoluto que ha venido imponiendo la ley, el nepotismo, la fuerza. Los imperios ideológicos se han frustrado, la política no va más allá de la quimera nacionalista y el Estado carece de expansión multinacional. Tal es el fracaso del poder político y el triunfo creciente de la economía capitalista unida para afincarse y endurecerse en todos los pueblos. De las viejas y modernas instituciones, una organización gana la batalla y no pírrica precisamente: el poder supremo del oro.

Rueda la moneda por toda la superficie de la tierra. Pasa de nación a nación con la velocidad del teléfono, del rayo, de la onda. Las sociedades multinacionales no tienen fronteras. Estudiando uno de los numerosos informes publicado por el Consejo Económico y Social de la O.N.U. sobre las sociedades multinacionales, se comprueba el poderío ilimitado de tales instituciones económicas, cuya energía dirigida cabalga a horcajadas del mundo contemporáneo.

¿Se trata, en definitiva, de crear una plataforma política internacional para salir al paso a la ríada económica multinacional que todo lo arrastra en su rodar sin fin? ¿Podrán los países situados en vías de desarrollo hacer frente a la rapiña capitalista organizada con todos los medios técnicos, científicos, intelectuales, para vertebrar el globo a base de los intereses creados y por crear? Es demasiado tarde. No se puede volver al pasado. Las cosas andan como pueden, pero andan. Todo sigue su cauce. El capitalismo tiene la divisa de la Legión: «Anda o revienta». Se pudren las religiones como los juncos en los barrancales. El Estado que se ha querido meter en todo, pronto acabará no sirviendo más que para ejercer funciones meramente policíacas. Ya no entra en la cabeza, ni en las cajas de caudales dirigidas por las multinacionales, y mucho menos en el bolsillo de cada ciudadano. Sólo el capitalismo multinacional sale vencedor en este primer golpe de fuerza. Luego, vendrán otras fuerzas que acabarán siendo poderosas: el socialismo de inspiración proudhoniana, latina, con alma socio-humana; de inspiración en última instancia, el sindicalismo revolucionario, partero y organizador del mundo nuevo, preámbulo glorioso de la anarquía.

Pero sigamos en hilo de las cosas porque son cosas y estados actuales. Ya hablaremos del futuro.

Con el objeto de que se examine y analice el alcance de las sociedades multinacionales, bastará con presentar uno de los muchos botones de muestra que tenemos en nuestro cajón de sastre de ideas. Las inversiones americanas en Bélgica han triplicado entre 1972 y 1973. Estudiemos las cifras que están a nuestra vista, las cuales son provinentes del ministerio de Economía de Bélgica:

«De 1292 millones de FB en 1972, las inversiones han pasado a 612 millones el año pasado.

En 1973 las inversiones extranjeras han totalizado 1.476 millones contra 1.356 en 1972.

En el curso de este período, la participación americana ha pasado de 14,4% a 41,3%. Los Estados Unidos figuran en la primera fila de los inversionistas extranjeros en Bélgica. El año pasado fue la segunda en este sentido la Alemania del Oeste. Francia ocupaba la tercera plaza, con 144 millones de FF, contra 324 millones en 1972, cuando ella ocupaba la posición más firme.

¿VASALLOS INDEPENDIENTES?

De eso se trata, de ser libres o esclavos. En nombre de la libertad se están forjando las nuevas cadenas de la supeditación económica al más fuerte y osado. Las estadísticas publicadas por el U.S. Bureau of Economic Analysis (Survey of Current Business, 1973) dan la impresión de la fortaleza, del ritmo común, del crecimiento económico en los países de adopción de las sociedades multinacionales.

En la denominada Europa del Oeste, la inversión de capitales americanos era inferior a 7 miles de millones de dólares en 1960. Cinco años después había doblado para llegar a 30,7 miles de millones de dólares al final del año 1972.

Por otra parte, en el Mercado Común Europeo la progresión dolariana es más fuerte, ya que los capitales americanos pasan de 2,6 miles de millones de dólares en 1960 a 20 miles de millones en 1974.

Se estima por parte de los técnicos más competentes que las filiales americanas en el extranjero invertirán 225 miles de millones de dólares en 1974 y 1980. Prosiguiendo esta misma proyección, las empresas americanas encajarán de aquí a 1980 la fuga y friolera de 130 miles de millones de provecho neto. Lo que patentiza que 62 o 63 miles de millones podrán ser repatriados a Norteamérica. Mayor victoria financiera no cabe.

Se calcula que 13 miles de millones de dólares aseguran a los USA una posición a todas luces decisiva en América Latina, contra cuya barrera se han estrellado numerosos pueblos sedientos de independencia. Si además de 25.000 millones de dólares mantienen una galopante «osmosis» económica en el rico Canadá, se deduce que 60.000 millones al fin de este decenio proporcionarán a las sociedades americanas su predominio sobre 250 millones de habitantes contra toda concurrencia activa de los productos y las técnicas del otro lado del Atlántico.

Entre el 3 y 4% de la formación bruta del capital de las empresas francesas en 1970, era de hecho de las filiales americanas. Semejante porcentaje ha ido aumentando según todas las probabilidades que conocemos. No se puede jugar al engaño con posiciones nacionalistas pasadas de moda. En la industria, un trabajador francés sobre veinte, por lo menos, está empleado actualmente por una firma de capitales americanos. Y eso que Francia es el país del Mercado Común Euroneo que queda como el menos dominado por la economía americana.

LOS GRANDES GRUPOS

Los capitales extranjeros, el inglés en particular, intervienen de una manera singular, después del siglo XVIII, en la economía portuguesa, sometiendo los sectores más esenciales del país — minas, transportes, teléfonos, import-exports en general. Nombrar presidentes de República; poner una Monarquía donde hay una República o viceversa, es la cosa más fácil del mundo para estas sociedades ocultas, a las que un hombre político llama «potencias del dinero...» La rebelión colonial no escapa a la influencia de «las multinacionales», que aspiran a barrer gobiernos extraños a la independencia interior para luego ser ellas, sólo ellas, las que administren a su antojo los intereses de los países «liberados».

Son los grandes grupos de presión extranjeros que han venido dominando secretamente el llamado «Pacto colonial». El dictador Salazar, en 1938, resumió la esencia de este pacto, diciendo en su libro «Portugal»: «Las colonias deben producir y vender a la metrópoli las materias primas y con el producto de éstas, ellas le compraran productos manufacturados. Es la doble esclavitud. Al correr del tiempo la rebelión de las colonias ha puesto fin a los viejos afanes de hegemonía portuguesa cultiv idos por el roñoso Salazar y el opusdeísta Caetano.

Se comprueba que los capitales nacionales se encontraban diseminados y dispersos para afrontar el despertar anticolonialista. Es seguro que el capital exterior investido en la economía colonial era diez veces superior al capital medio del conjunto de las empresas portuguesas. Téngase en cuenta que las mil sociedades que han regido los destinos de las colonias representa cerca del 20% del capital social de las cuarenta mil sociedades de Portugal. Actualmente, el viejo Portugal y el moderno, pagan los platos rotos de una política negativa y cruel, mientras que las sociedades multinacionales se preparan para cosechar las riquezas sembradas por las colonias «independizadas y libres»...

La General Motors y Ford han dirigido secretamente una parte importante de la economía de Mozambique, y muy especialmente en Angola. No han ido a la zaga la Westinhouse y las sociedades de distribución die petróleo Mobil-Oil y Exxon. Sin lugar a dudas Inglaterra ha sido responsable directa del mantenimiento de la dictadura de Salazar, de la opresión en las colonias para recoger beneficios a costa de la sangría portuguesa, en fin, de haber cimentado un imperio en la miseria y el dolor de los pueblos.

ESPAÑA, PARAISO DEL CAPITALISMO

En los países donde no hay libertad sindical, ni libertad de ninguna clase porque todo está preparado para que no la haya, se dan las condiciones mejores y seguras para la defensa de los privilegios del capitalismo internacional. Debido a la represión brutal que sufre la clase obrera, hay pocas huelgas, ninguna de gran importancia. No se puede hacer más bajo el peso aplastante de la dictadura.

Los salarios son bajos. El trabajador no tiene derechos. Por contra, tiene contraídas muchas obligaciones. En un terreno privilegiado el capitalismo goza de todos los beneficios. Entre otros, como Brasil, los pueblos latino americanos y la República Sud-Africana, está España.

Un ejemplo concreto: la producción de coches. Las casas constructoras invierten grandes capitales en España. Examinemos la situación.

Las inversiones Renault alcanzan a más de 162 millones de francos franceses.

La producción actual de coches Renault, que es de 125.000 al año pasará a 300.000 coches el año 1977, de los cuales esperan exportar 100.000.

La SEAT, dirigida por el Estado, con una participación de 30% de la FIAT, mantiene el mismo nivel. Se estima que el año 1977 su producción será de 335.000 coches.

Ford tiene los planes trazados para producir 240.000 coches anuales.

Chrisler se propone doblar la producción.

Todos tienden a que en 1977, en España, se tendrá capacidad industrial para exportar tantos coches como la Gran Bretaña, actualmente.

Ya se empieza a hablar del milagro económico de España. Nadie habla de la explotación inicua, de la represión bárbara que sufre el pueblo español. En la bolsa del subdesarrollo que representa España en la Europa rica y libre, los trabajadores constituyen la raza de esclavos al servicio del capitalismo internacional, bajo el garrote cruel y despiadado de la dictadura.

CAUCE Y POTENCIA DEL NUEVO CAPITALISMO

En la Alemania Federal, 82 empresas totalizan el 70% de la economía, siendo éstas las que desempeñan el papel más decisivo e importante en el desenvolvimiento del país. Los sectores que controlan son industriales, puntos de vital importancia para el desarrollo tecnológico y la producción en gran escala. Hasta el presente, la importancia de las sociedades multinacionales ha sido decisiva. Sus medios de ampliación los buscan en el extranjero, ya que las firmas americanas han salido de sus fronteras para huir de la ley impuesta por los antitrusts. De ahí que la Bolsa Internacional se haya convertido en un círculo vicioso, teniendo necesidad de buscar nuevos recursos para mantener su hegemonía en el orden financiero internacional.

Un fenómeno se ha producido por doquier: la amplitud de las sociedades multinacionales. En cada período de crisis, la industria local o nacional ha sido debilitada, mientras que el potencial exterior ha quedado intacto. Se habla del Mercado Común y de la Europa no vasalla, ocultando que la mitad de las sociedades multinacionales que la orientan son de origen americano. Cosa extraña y a tener muy en cuenta: los dirigentes de las sociedades multinacionales se hacen pasar por los más furiosos nacionalistas. No de otra manera sigue el engaño. De la debilidad de las economías nacionales sacan su fuerza preponderante esas nuevas sociedades que encauzan sus pasos a los fines de dominar la tierra, los mares y el espacio infinito.

Actuando aisladamente, las multinacionales ejercen una preponderancia decisiva en la vida de las naciones. Dividen para vencer. Talan los árboles que les impiden ver. Mantienen las viejas instituciones pero se ciscan en ellas. Sabido es que las reglas de concurrencia no amilanan el desarrollo del capitalismo. Más bien la fortifican. Tal organización tiende a fijar las reglas de su funcionamiento. Porque de lo que se trata es de prefijar un código deontológico de las empresas actuales dispersas para unificarlas en un gobierno económico multinacional. Esta organización será, está siendo ya mucho más fuerte que la O.N.U., que trata de dictarle leyes pero que acabará siendo su esclava y sometida. La economía será la rectora absoluta de la vida sociopolítica en un próximo futuro.

La potencialidad de las sociedades multinacionales no puede medirse a la ligera. Sus inversiones en Europa son cuantiosas y enormes. En Asia y Africa, proporcionalmente, lo son más todavía. Se llevan los mejores bocados del festín, influyendo soladapadamente en los sectores más modernos de la producción económica. Pujanza del imperialismo del oro. Ello lleva consigo una nueva fase de la lucha de clases, y una vez más las fuerzas obreras deben prepararse para dirimir a su favor la gran batalla internacional que se plantea en los frentes del trabajo y la producción.

Los Estados no pueden resistir la influencia de los capitales internacionalmente confabulados. Es preciso para ello ir hacia un desarrollo mundial más armonioso del trabajo y la economía, y ganar, pues, la lucha revolucionaria, poniendo todas las fuerzas de la sociedad al servicio del hombre productor, del creador de riqueza. Los flujos y reflujos de la defensa de tipo nacionalista, pasarán a ser una entelequia. Son las naciones un juego de niños comparadas a la revolución científico técnica y humana que se prepara para dentro de unos decenios.

EL NACIONALISMO VENCIDO POR EL ORO

Solo los sordos de conveniencia pueden desoír los ecos de los grupos financieros multinacionales. La niebla que cubre a los gigantes, no los empequeñece, ya que los aureola de misterio y grandeza. ¿Qué busca el capitalismo? La mayor libertad jerárquica entre los cuadros técnicos y obreros; el triunfo de la competencia al servicio de la propiedad; la victoria de los intereses creados convirtiéndoles en la palanca que mueve todas las bases del Universo futuro. Hay que ver venir los acontecimientos y prepararse para hacerles frente con capacidad social y resolución de ánimo libertario.

Invisibles y poderosas son las cadenas de las multinacionales «americanas». Entre los años 1967 y 1970, Francia ha recibido 2.000 millones de dólares de inversiones americanas, es decir un sexto de las inversiones totales de la industria del país.

En la mayoría de los países europeos, la redistribución de estos factores económicos han sido acompañados de un cortejo de resistencias políticas muy espectaculares, mas desprovistas de clara de inteligencia. La voluntad nacionalista de ciertos «prohombres» europeos no hubiera podido impedir —de haberlo intentado— que las sociedades multinacionales echasen raíces por todas partes. No se ha podido sustraer la industria europea de los planes trazados por el exterior. Cuenta mucho más el imperativo industrial que el político. No hay pues, tal independencia económica, sino interdependencia y ya es bastante por el momento.

***

A la vuelta de los años, !os métodos y finalidades del Sindicalismo Revolucionario que forman el entramado teórico y práctico de la Asociación Internacional de los Trabajadores, vuelven a tener más vigencia que nunca. La economía futura pertenece a las firmas multinacionales y no a los grupos nacionales arrinconados por el progreso. Hoy, se critica duramente a las sociedades multinacionales. A lo cual responden los estamentos capitalistas: «Critíquese para mejorar el sistema actual, para regularizarlo con los objetivos y los planes de nuestro tiempo.» Y es que lo que se persigue es sencillo y complejo a la vez: la puesta en valor del capital. Por eso las sociedades multinacionales se entrelazan con otras hasta embeberlas. Es una palabra, la internacionalización del capital, que es una reunión de todos los factores de poder.

Los hechos demuestran que todo reparto injusto del trabajo lleva a una lucha entre los capitalistas y los trabajadores. No hay vueltas ni rodeos: para salir al paso al poder de las sociedades multinacionales se impone plantear la lucha a nivel mundial.

No se crea que las sociedades multinacionales son un cuerpo nuevo. Ni mucho menos. Ellas no hacen más que seguir las condiciones de explotación del trabajo. Se organizaron hace ya unos cincuenta años, mas el fruto estaba verde, la organización mundial no era propicia en aquel entonces y hoy son desempolvadas como joyas preciosas del sistema capitalista. Su estructura presente nada tiene que ver con los chispazos multinacionales de la segunda mitad del siglo XIX. Hoy, calculan que la mejor manera de defender el sistema capitalista es tener una política de concurrencia que vitalice y regenere su cuerpo, mediante el establecimiento de una legislación pragmática ligera y rápida que se ocupe de resolver los asuntos de las regiones desheredadas, creando el empleo permanente de la mano de obra para evitar la revolución social.

CAPITALISMO CLASICO Y CAPITALISMO DE ESTADO

El capitalismo clásico del Oeste y el capitalismo de Estado del Este, tienen tomadas las mismas o parecidas decisiones. Y es que para el capitalismo de Estado, lo mismo que para el capitalismo privado, la izquierda es el enemigo principal. Lo que ambos poderes buscan es el mantenimiento de sus estamentos con miras a sostener el poder. Hay hechos que no engañan. La Checoslovaquia de 1968, como la Polonia de 1970 reivindicaron la autogestión obrera temida por el Este y por el Oeste desde Cronstadt a nuestros días.

Que no se nos venga a decir una vez más que el fracaso del lenimismo es debido al hundimiento completo del stalinismo. Está bien demostrado que Lenin fue el iniciador de la construcción del aparato burocrático del Partido como base de mando y estructura de poder totalitario. Este error capital engendró el stalinismo que ha acelerado, sin duda, la muerte de su socialismo, al convertirlo en comunismo de Estado.

Lo que sucede es que los poderes públicos de ambos lados, dirigidos de una manera u otra por los USA y la URSS se dan la mano en nombre de una política de paz armada y por armar. Todos los hombres y pueblos bien equilibrados son responsables de su propia labor y por lo mismo partidarios de la distención, pero no en beneficio de los Estados, sino de la humanidad toda. Sólo los poderes económico-políticos que dirigen el mundo desean la guerra; los hombres quieren la paz. Y a probarlo vamos.

Millones y millones de seres humanos están hambreados. Viven, si esto es vivir, en condiciones horribles, lamentables. El llamado subdesarrollo es la miseria. Todo son principios y frases, pero no se evita la miseria y la degradación. No hay deseos de cambiar la situación angustiosa que sufre el mundo. Los hechos ponen de relieve cuanto afirmamos. ¡Pobre América Latina, pobre Asia, y pobre Africa!... El dolor universal está tan grabado en el alma y el cuerpo de los pueblos hoy como ayer.

Los pueblos desconfían de I‘)s gobiernos, no tienen fe en sus «administradores». Los principios marxistas-leninistas, las bases de las llamadas democracias libres y federales, muéstranse incapaces de resolver los problemas del desarrollo del Tercer Mundo. Por lo demás se siguen gastando miles de millones en armamentos. Y todos demuestra que la carrera armamentista irá aumentando cada día más. De esta desconfianza nace el drama de la juventud que está en divorcio con la civilización presente sin que hasta ahora, por lo menos, haya encoltrado la ruta de su propio quehacer histórico. Se trata de comer o no comer, de vivir, o no vivir, y no como bestias de carga, sino como seres humanos, racionales, conscientes. Como quiera que la solución primordial es de guerra o paz, de salvar el destino comprometido del hombre, planteamos en toda su crudeza uno de los aspectos esenciales de la bancarrota moral presente, dando soluciones al mismo, las cuales oponemos al capitalismo privado y al capitalismo de Estado; es decir, a las sociedades multinacionales y a los poderes concentracionarios, convencidos como los estamos, de que son incapaces de llevar a cabo la gran tarea de regeneración y salvación de las colectividades hoy esclavas.

COMER O NO COMER, VIVIR O NO VIVIR

En una noche el Senado norteamericano aprobó, no ha mucho, el presupuesto para el año próximo.

70.800 millones de dólares es una cifra fabulosa. La medida española y europea se queda sin posibilidades de comprensión. ¿Cuánto representa en pesetas? (4.850.000.000.000). Es decir, cuatro billones ochocientos cincuenta mil millones de pesetas.

¿Puede comprenderse tamaña cifra?

Esa riqueza va a gastarse en Defensa de los EE. UU.

Por otra parte, puntualizan !os técnicos militares, expertos en la materia, que la Unión Soviética emplea la misma cantidad aproximadamente; 128 Estados organizados en el mundo gastan tanto como los USA y la URSS juntos.

Incluso los Estados más míseros de Africa poseen metralletas, tanques, carros de asalto y aviación militar.

Sumando las naciones como China, Francia, Inglaterra, Alemania e Israel, necesario es anotar que e! presupuesto norteamericano se puede multiplicar por cuatro.

¿A qué cifra llega el armamento?

Unos veinte billones de pesetas. ¿Hay mayor locura? Pues, sí.

Las Naciones Unidas precisan que los gastos mundiales de armamento, no de defensa, sólo de armas, alcanzarán próximamente los 350.000 millones de dólares anuales.

¿Qué puede hacerse con 20 billones de pesetas?

1. — A 100 millones de pesetas por cada hospital. montado con todos los adelantos científico-técnicos, 200.000 hospitales extraordinarios.
2. — A 50 millones por Instituto para proporcionar enseñanza media, se pueden construir 400.000 Institutos con capacidad para 5.000 alumnos cada uno, lo que supondría la sede para la enseñanza de 2.000 millones de alumnos.
3. — A 10 millones por Escuela de enseñanza primaria, Dos millones de escuelas para recibir 600 millones de niños.
4. — A medio millón por vivienda para todas las personas del globo que no tienen cobijo, 40 millones de casas.
5. — Y en alimentos, todo esto transformado en comida, lo suficiente para que no exista un hambriento en la tierra, donde dos seres sobre tres, mueren de hambre, dolor y miseria. Los EE. UU. de América del Norte quieren que los hombres de Europa sean los mercenarios americanos y sus pueblos campos de batalla; la Rusia bolchevique transforma los Estados comunistas en satélites al servicio de sus fines de dominación intercontinental. No tenemos por qué escoger entre el comunismo ruso y el capitalismo multinacional. Es nuestra misión destruir el sistema entero causante de la injusticia y la explotación. Ni nacionalísmo ni super-nacionalismo. Federación libre de pueblos.

La paz universal significa revolución completa. Hay que educar a las nuevas generaciones para la vida, no para la muerte. Preciso es luchar para que la humanidad, al fin libre y reconciliada en un futuro inmediato, nos ofrezca !a imagen de un hombre justo y digno, creador de la paz y enemigo de la violencia y la guerra.

Tales son las soluciones que el Sindicalismo Revolucionario propone para salvar la vida y la felicidad del mundo.

LA POSICION ANARCOSINDICALISTA EN LA NUEVA ERA DE LUCHA SOCIAL

No somos adivinos ni profetas. Los adivinos pertenecen a la brujería y los profetas están pidiendo tierra a un metro cuarenta de profundidad. Pero eso sí, somos revolucionarios que estudiamos las lecciones del pasado y analizamos las realizaciones presentes para encararnos con el devenir económico-social.

Hemos dicho que los Estados están llamados a desaparecer en un futuro inmediato. Los cálculos anarcosindicalistas se van concretizando. Y agregamos más aún: el partidismo político, cada día que pasa tiene menos razón de existir. Triunfa, poco a poco, el Sindicalismo, que es la vedette del siglo. Mas es nuestro deber procurar que el Sindicalismo de raíz y contenido Revolucionario no sea alterado y corrompido como ha venido siéndolo por culpa de los partido políticos, de las naciones rivales, que lo han adulterado de manera lamentable para todos.

Las organizaciones sindicales internacionales, decimos CIOSL, FSM, y la CISC, socialdemócrata la primera, comunista la segunda y socialcristiana la tercera, se han venido desgarrando mutuamente para guardar y hacer crecer sus efectivos. Hoy, la situación es muy otra. Ya están corriendo sus dirigentes para buscar una unificación más o menos parcial o integrista, con el fin de hacer frente a la situación que se nos echa encima.

Plantean las sociedades multinacionales una nueva fase de lucha sindical. Estas están organizadas a base de Federaciones de Industria. De esta manera, cuando se declare una huelga en América, Francia, Inglaterra o el Japón, por ejemplo, la industria seguirá trabajando en otros países para la misma firma, y aquí paz y después gloria. Y ahora se viene a lo nuestro, tan censurado por unos y otros. El sindicalismo tiene que organizarse a base de federaciones mundiales si no quiere ser arrasado por la balumba de los acontecimientos que se aproximan como un río salido de madre. Si el movimiento obrero llega a comprender, nunca es demasiado tarde, la necesidad de poner en práctica los principios sindicalistas revolucionarios que informan y presiden los Estatutos de la AIT, la experiencia nos habrá servido de lección valiosa y de buen ejemplo a seguir.

Las huelgas de inter-ramos de industria, generalizadas en todas partes va a ser el nuevo estilo de competición social. Hemos de ponernos a la cabeza del obrerismo militante internacional, ocupando la vanguardia activa e inteligente, como supimos hacerlo en el pasado glorioso. Aquí hace falta menos nihilismo trasnochado y más acción militante organizada con la máxima responsabilidad anarcosindicalista.

¿Qué hacer en el actual proceso de combate manumisor?

Fomentar el sindicalismo de contenido libertario, es decir, de asamblea abierta y decisión colectiva. Propiciar en todas partes donde haya que defender la causa obrera, la necesidad de administrar colectivamente los bienes del conjunto. Volver a decir para que nadie lo olvide, que el hombre no está hecho para servir a ningún amo, ya que siendo un creador de riqueza está capacitado para gobernarse a sí mismo, libremente.

Una nueva civilización clarea en el horizonte. La civilización del trabajo no es un sueño, sino una realidad. Estamos pasando, sin apenas darnos cuenta, por un capitalismo multinacional impuesto por la técnica y la ciencia, al servicio del poder y no ya por los partidos políticos y los Estados, y que habrá que vencer para volver a los derroteros del socialismo organizado de manera federativa.

Debemos saltar del capitalismo a nuevas facetas multiformes y variadas de socialización, del Estado unitario nacional a la libre federación de los pueblos, de !a vieja y arcaica concepción religiosa a la sabiduría humana y la fraternidad universal.

El sindicalismo revolucionario es un impulso definido y una conducta ejemplar en el desarrollo de la historia manumisora del hombre. No es el nuestro un sindicalismo troquelado que represente un fin social sino un medio poderoso de emancipación total de clase. El hombre productor es e' centro determinante y consciente de todas las creaciones. De ahí que hayamos dicho de una manera permanente: La esclavitud hace del hombre una bestia; la emancipación hará al hombre. Se persigue y esto es lo que cuenta, hacer del sindicalismo el organizador directo del esfuerzo manual e intelectual. Hemos de oponer la universidad y el laboratorio a la religión y al dogma; el trabajo contra el capital y, la administración de los bienes colectivos contra el Estado.

Tres soluciones hemos de ofrecer de manera urgente: El sindicalismo revolucionario como organización de lucha económica y social directa: el municipio libre administrando los intereses populares a base de pacto gestionario y acuerdo voluntario; y, los consejos de economía para que ejerzan una coordinación de todas las actividades de la producción desde la escala local a la internacional.

La autogestión revolucionaria es directa o no lo es. Es el método elaborado por la concepción anarquista. Hay que atacar los problemas socio-económicos en su raíz misma. Es el nuestro un principio multiforme, antiestatal y anticapitalista. Por eso oponemos a la cooperación de clases, la lucha de clases, si bien afirmamos que las clases son un accidente más el, el proceso liberador del género humano. Luego no hay clases en sí, sino hombres nacidos para aplicar los principios de solidaridad y apoyo mutuo.

Debemos extender una red poderosa de consejos obreros, de comités de fábrica, de organis nos agro-técnicos e industriales que hagan frente a las nuevas modalidades capitalistas. Vigorizar las federaciones de industria para que, al llegar la hora de la verdad, podamos sustituir con ventaja al sistema estatal y capitalista. Confederar los municipios, organizar los ramos poderosos de la cultura, la ciencia y el arte para que trl bajen y produzcan de forma feliz e independiente. Los que todo le producen, para hacerse respetar, no tienen más que cruzarse de brazos a fin de imponer sus derechos.

Se aproximan tiempo nuevos y grandes cambios en el orden general. Es el triunfo de lo múltiple, de lo variado, de lo plural. Los postulados anarcosindicalistas, de autogestión, sin dictadura ni oligarquías unidas, acabarán triunfando. Pero hemos de trabajar con ahinco y poner la máxima inteligencia en la obra que hacemos.

Somos una auténtica organización social sin jefes ni comisarios, sin tecnócratas ni fiscales de turno. Somos, por así decirlo, con la propiedad que merece, un movimiento de responsabilidad de gestión que no quedará arrinconado en el curso de la historia que ese está haciendo, que no debe hacerse sin nuestra presencia eficaz y positiva para todos. Las transformaciones que van a realizarse van a ser aceleradas. La época de la gran revolución de métodos y valores se aproxima. A los anarcosindicalistas de todas las latitudes nos cabe la obligación moral de hacer del sindicalismo revolucionario lo que ha sido y debe ser: el instrumento de lucha manumirosa hoy, y el movimiento creador de !a liberación humana, forjador de la sociedad nueva de mañana.

Trabajar y hacer las cosas bien es levantar un mundo mejor conforme a la manera de ser de la especie humana universalmente emancipada.

Del Boletín de información A.I.T.

¡Guardémonos de agrandar el caos mediante palabras de orden vacías y conceptos mal entendidos! Si se apropia uno de las palabras cínicas de Lenin y se interpreta la libertad simplemente como un prejuicio -pequeño burgués», entonces los derechos y las libertades políticas no tienen ninguna importancia para los trabajadores. Pero entonces las inumerables luchas del pasado, todas las sublevaciones y revoluciones a quienes debemos esos derechos, no han tenido valor alguno y podemos permitirnos tranquilamente el lujo de abandonar sin lucha todas las conquistas de las pasadas acciones colectivas, porque fracasaron en su objetivo final. Para proclamar esa sabiduria no habría sido necesario derribar al zarismo, pues ni siquiera la censura del último Romanof habría tenido nada que objetar si se hubiera calificado la libertad de prejuicio burgués. Por lo demás, los grandes teóricos de la reacción, De Maistre y Donnald, lo han dicho también, C017 otras palabras, y los defensores del viejo absolutismo les quedaron reconocidos por ello.

Rudolf ROCKER.

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CRISIS DE ESTADOS, CRISIS DE ECONOMÍAS
Las soluciones anarcosindicalistas
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por José MUÑOZ CONGOST,

CAMINOS peligrosos, amenazantes para toda la huma- nidad son los que hoy siguen nuestras sociedades regidas por la ley del absurdo. En la pendiente forzosamente degeneradora de todas las sumisiones a que se obliga la especie humana, ignoran muy pocos y pretenden —engañosamente— ignorar la mayoría, la existencia flagrante de una verdad que no admite discusión: hemos llegado al límite de la decadencia degenerescente, social y aun fisiológicamente hablando.

Cierran los ojos los hombres para no ver. Se tapan los oídos para no escuchar. Y el miedo a la coacción autoritaria impide hablar a muchos. Y si de actuar se trata, menos aún, metidos en culo de saco desesperante.

Triste herencia, moldeada en costumbre, por siglos de miedo a la coacción autoritaria, y de servidumbre acomodaticia, forjada a través de siglos de abdicación de la responsabilidad individual. Pero hoy, no solo están amenazadas ciertas estructuras, sino estas mismas comodidades. Está amenazada la VIDA, la existencia misma de la Especie.

Lancemos pues un alerta, pero un alerta marginal, independiente de los coros de maldicientes creados por los destructores de esta misma vida, para enmascarar aún y todavía la perversión criminal de sus actuaciones.

Estamos amenazados en tanto que conjunto social y que especie viviente. Está amenazado el equilibrio natural de cuanto nos rodea. Todo está amenazado por la acción malhechora de las estructuras socio-económicas que nos rigen.

La segregación entre los individuos, por motivos de raza, de etnia, de nacionalidad.

La segregación entre los pueblos por su situación económica en segregación económica, que, dando nacimiento a las clases, estableció la necesidad ineludible entre éstas... Todas se ven hoy doblemente resentidas por la explotación irracional de los recursos vitales, por el agotamiento progresivo de las posibilidades de supervivencia.

Como pirámide constituida con todos los errores que el Capital y la Autoridad han venido acumulando a lo largo del tiempo, y que pesa sobre todos y cada individuo, el cúmulo de malversaciones vitales, amenaza hoy aplastar al HOMBRE. Y la realidad incontrovertible que apenas llegamos a concebir, es que el peso de las sumisiones ancestrales, de la inercia acomodaticia acumulada a lo largo de siglos de abdicación voluntaria, haya inhabilitado al parecer a una gran parte de la humanidad para reaccionar virilmente ante esta amenaza y contra sus autores. No cabe ni aun la excusa de la ignorancia.

Documentos, libros, manifiestos, declaraciones públicas y oficiales, congresos y reuniones internacionales, han elevado a un primer plano la exposición de todos los errores de que está hecha la descabellada ruta que sigue hoy la humanidad: hambre y superpoblación, contaminación del medio ambiente, agotamiento de los recursos naturales, aparición de enfermedades degenerativas, etc.

Sin embargo, en la esperanza mesiánica de que los organismos del Poder (en todos sus matices y formas) se preocupen de encontrar la solución o soluciones a los problemas, la humanidad sigue abdicando en las élites descentradas.

Descentradas por las fuerzas rectoras que las rigen, las leyes de MERCADO, constituidas en determinantes de toda la existencia. En esas élites y en sus principios directores de AUTORiDAD ESTATAL y CAPITALISMO CONCENTRADO, se deja el porvenir que ellas mismas van destruyendo día a día.

Y nosotros discrepamos con esta actitud general y...

ACUSAMOS a los Estados de todo matiz y color, a las instancias y organismos internacionales, o los sistemas capitalista o socialista autoritario, a las más altas representatividades de la actual economía, de operar criminalmente, en dirigismo desenfrenado, que reconociendo primacía absoluta al «provecho financiero de ciertas minorías despersonalizadas» amenazan la existencia misma de las generaciones futuras.

Acusamos igualmente a dichas entidades y organismos, de mentir descaradamente en los comicios y cenáculos internacionales que celebran en nombre de la paz, de la lucha contra el hambre, de las medidas contra la contaminación ambiental. Allí se exponen los problemas disfrazados por extraños intereses, se ocultan los orígenes y las causas, se estudian los paliativos, se callan intencionadamente las soluciones.

Porque todas las soluciones posibles, las auténticas, tienen un denominador común: la desaparición de las causas originarias y de sus autores. Y los autores, reunidos, no pueden en momento alguno decidir de su AUTO-DESTRUCCION.

ACUSAMOS a los hombres de ciencia, a técnicos y tecnólogos, a los ecologistas de salón, a los profesores de abstractas teorías, de enunciar en sus estudios doctos y profundos, verdades como templos, escondiendo temerosos la verdad de los medios drásticos que son necesarios para terminar con las plagas. Porque no se les oculta, como no se oculta al último de los mortales que el origen de todas las calamidades, está en el modo mismo de existencia a que se nos llevó, en las estructuras consagradas y aceptadas, en el todo socioeconómico autoritario e inarmónico que forma el monstruoso contexto social y antinatural que nos rodea.

A los males del error en que vivimos y contra su continuación solo pueden oponerse soluciones revolucionarias. No hay transición posible entre la pendiente hacia un desastre vital, social y económico y nuevos caminos para un mañana, no ya solamente mejor, sino el único posible de promesas vitales.

Cambiar la vida es cambiarlo todo. Y muchos ídolos habrán de caer y muchos intereses habrá que destruir y muchas costumbres que romper. El porque y el cómo de esta necesidad; he aquí los objetivos de esta exposición cle ideas.

DIFERENTES ASPECTOS DEL PROBLEMA

1° El aspecto económico. Una economía de tipo capitalista, estando los capitales sea en manos de grupos privados con mayor o menor intervención de aportes estatales, ya en manos del Estado exclusivamente. Unas y otras en franca derrota. La inflación roe los rodajes. El crecimiento cero, exponente del fracaso, es sufrido unilateralmente, por la clase que siempre estuvo destinada a perder: los trabajadores.

2° El problema demográfico. Fantasma enarbolado por todas las políticas de tipo capitalista, el exceso de población parece que amenaza las posibilidades de subsistencia. Su crecimiento, al decir de todas las técnicas prostituidas por la autoridad, es superior a las posibilidades de la alimentación en el globo. Como consecuencia, el hambre, que es plaga hoy para una parte más que importante de los habitantes del globo, puede serlo para todos mañana.

3° El problema de la supervivencia. La utilización desenfrenada y desordenada de las técnicas, puestas a! servicio del provecho de las minorías, desvia el proceso natural de evolución de la Naturaleza. Por el modo de vida, por la incrementación industrial superflua en muchos casos, por la creación de necesidades «innecesarias», cargamos el medio ambiente con desechos contaminadores, de un volumen superior a la capacidad de absorción y transformación que esta ofrece. Envenenamos el aire, el suelo y el agua a la vez que suprimimos las fuentes naturales de depuración y de reciclamiento de residuos.

4° El problema social. Ligado intimamente a los precedentes y consecuencia a la vez que determinante de ellos, el sistema de organización social y político establecido en todos los lugares del mundo, acusa hoy todas las fisuras anunciadoras de ruina inevitable. La reacción de las nuevas generaciones a la razón imperante que dirige todos los pasos del contexto social, no puede desembocar en callejón sin salida.

Problemas constituyentes de un conjunto anormal y que no quiere reconocer su fracaso.

El paro creciente como consecuencia del primer problema. La disminución del poder adquisitivo de la clase trabajadora de los países industriales, hasta hoy privilegiada en relación con un subproletariado sedentario o emigrante de los países pobres, es una de las primeras fallas de una sociedad que se creía abocada a un crecimiento constante.

Hasta hace cincuenta años, la supuesta y falsa prosperidad de estos países se mantuvo por el aporte forzado de los «esclavos» de la política económica de los colonialismos.

Desde la desaparición de los colonialismos políticos, este aporte fue reemplazado por la determinación unilateral e injusta de los precios de materias primas, cuyas fuentes estaban en aquellos países, por los «ricos». El colonialismo económico sustituyó al político-económico.

Con el sobresalto económico creado por los posesores de los manantiales de petroleo, (sobresalto que fue provocado por las instancias financieras internacionales para hacer comerciables otras fuentes de dichos productos), los detendadores de otras materias reaccionan igualmente imponiendo un aumento de precios de las mismas. Las ramas dirigentes del capitalismo internacional (privado o de Estado) aprueban la medida que les ayuda a salvar la crisis, aunque sea generadora de otros problemas. Pero el precario equilibrio de los países industriales, y la semblanza de prosperidad general, se esfuma. Las consecuencias determinan el origen del problema económico que pesa hoy sobre las clases productoras.

LA CRISIS ECONOMICA, LA INFLACION, EL CRECIMIENTO CERO

La economía de los países bajo todos los regímenes se basó desde los comienzos de la era industrial, en la creación en un número reducido de países de un supuesto grado de riqueza general, de lo que se llamó un nivel de vida «elevado».

El florecimiento de las grandes empresas, los trusts y más tarde las multinacionales provocó apoyado en las bases de un desequilibrio del que hemos hablado anteriormente, la cadena sinfín, círculo cerrado del superconsumo y de la superproducción.

El hacer ganar más a los trabajadores para que puedan consumir más, para que con mayor poder adquisitivo, den mayor extensión y posibilidades al mercado y exijan el crecimiento constante de la producción.

Convirtió así la existencia de dichos países en un automatismo productor en el que todo se centró alrededor de un trabajo que embrutece doblemente, porque obliga primeramente para poder adquirir mayores bienes, y en segundo lugar, con la demanda de mayores bienes, empuja a mayores exigencias de rendimiento laboral.

Con dichos procedimientos el peso de los intereses creados para esta nueva clase de trabajadores privilegiados, parecía que se suprimía toda veleidad reivindicativa de carácter finalista.

Con el proceso de aumento de los productos provinentes de los países «pobres» parece que van a terminar aquellos tiempos de euforia, en que se podían pagar salarios «convenientes» a un número reducido de productores en un determinado número de países, porque costando poco la materia prima, quedaban aún márgenes suficientes para el provecho financiero.

Diríase que en el horizonte de las finanzas son otras potencias las que aparecen. En realidad, si cierto equilibrio desapareció —equilibrio ayer inestable porque basado en la explotación de una elevada parte de la humanidad—, con la aparición del llamado petrodólar» el desequilibrio prosigue. Ni aun se puede decir que las riendas cambiaron de mano. Aumentó quizá el número de los superprivilegiados, con una contrapartida natural, siendo más los de arriba, los desposeidos verán disminuir aún sus propias posibilidades económicas.

El nuevo juego de fuerzas se realiza en sentido y dirección únicos. Ello obliga a los determinantes de ayer a plegarse a otros. El crecimiento cero, el fin de la expansión, el golpe de freno a la era industrial, la acumulación de los depósitos de mercancías por falta de comprador, repercuten finalmente en el productor mismo que es quien ha de sufrir mayormente las consecuencias.

Las informaciones del mundo entero nos lo muestran cada día. El paro se cierne amenazante sobre las clases trabajadoras. Y con esta amenaza, sobre todo en aquellos países que hasta ayer se creyeron al margen de las preocupaciones, vuelven a escena todos los viejos «tabús», y el espíritu racista y de privilegios nacionales, y de diferenciación de cuna geográfica aumenta de día en día. Cuando se ve amenazado el pan, el hombre de la calle, falto de conciencia revolucionaria, se vuelve como animal amenazado contra quien cree que le arrebata sus posibilidades de supervivencia: el obrero más desventajado que vino de lejos a ganar en el pais de «cucaña» el pan de los suyos.

EL AUMENTO DE LA POBLACION Y EL HAMBRE EN EL MUNDO

Tema de predilección de futurólogos, sociólogos y demás entelequias pseudosociales, que se dicen preocupados por la situación y la condición humanas, la existencia del fenómeno del hambre crónica en numerosos países, y afectando a un elevado porcentaje de la humanidad, no se ha planteado en sus verdaderas bases. Pavoroso para las víctimas, nos parece truculento en la mesa de los cenáculos internacionales en que se plantea como tema de publicidad político-demagógica. Es decir, que se juega con la muerte de millones de seres, cuando se llama a la «caridad» internacional que acuerde unas migajas de pan al que muere de inanición. No puede ser solución, afirmamos, al problema del hambre crónica, el propiciar que una parte de lo que «sobra» en la mesa de los grandes vaya a los que ni aun viven de muerte lenta.

Dice un proverbo chino: «Si das a un hombre un pescado hoy y otro mañana, le quitarás el hambre de hoy y el de mañana. Si le das las posibilidades de pescar, asegurarás su subsistencia.» Desglosemos el problema en los dos aspectos en que se nos lo presenta por los mismos «victimarios»: el hambre crónica en muchos países de hoy, la amenaza del hambre generalizada por la disminución de recursos para un mañana próximo.

Se atribuye hoy el aumento de población de ciertos países a la disminución de la mortalidad por el mejoramiento sanitario. Y no dejaremos de señalar como detalle vergonzoso, que en ciertos estudios realizados al respecto, paraca hasta derivarse como una lamentación porque hayan Intervenido estos mejoramientos de la condición de vida de los parias del mundo, permitiéndoles así vivir más tiempo. En los comicios internacionales se plantea sobre todo el problema de la natalidad excesiva, porque se teme que haya en un próximo futuro conflicto entre la población y los recursos naturales.

Si examinamos con detalle !as soluciones preconizadas veremos que ellas se reducen a «que disminuyan o no aumenten las bocas que comen poquísimo para que unos pocos pueden seguir hartándose».

A nadie se le ha ocurrido estudiar la posibilidad de vivir dentr) de los medios naturales y de saber si el hombre es potencialmente capaz de hacerlo. Plantear así el problema sería conocer la enorme y absurda injusticia de la distribución de los recursos en el mundo por el juego innoble de que las posibilidades adquisitivas sean desiguales.

Se dice demagógicamente que hay que elevar el nivel de vida de los pueblos del Tercer Mundo al de los pueblos industriales. Ello equivaldría a multiplicar el absurdo.

Porque el planeta terrestre carece de recursos para permitir una industrialización a ultranza de todos los pueblos.

Porque si los recursos existieran el nivel de contaminación del globo multiplicado igualmente, haría desaparecer toda posibilidad de vida.

¿Quiere ello decir que hay que mantener las diferencias actuales entre unos y otros pueblos? No. Todo lo contrario.

Pero planteemos el problema en sus verdaderos términos:

Un norteamericano consume, en término medio, 25 veces más que un indostánico. Es decir, que hablando en equivalencias, si en los Estados Unidos la población aumenta de dos millones de individuos por año, y las necesidades del americano han sido establecidas según el P.N.B. a 3.670 dólares anuales el crecimiento de población americano costará 2 millones x 3.670 dólares 7.340 millones de dólares.

En la India el aumento anual de la población es de 13 millones y medio. Y el P.N.B. es de 90 dólares al año. El crecimiento de la población india cuesta 13,5 millones x 90 (Sálales, mil trescientos quince millones de dólares. Es decir, seis veces menos que el de los Estados Unidos.

El problema para el futuro sólo presenta una solución de claridad, de posibilidad. Suprimir esta diferencia de disponibilidades de existencia y equilibrar el nivel de vida.

El problema del presente tiene como solución el facilitar el proceso de transformación social revolucionaria para llegar a este equilibrio. ¿De las soluciones anunciadas por todos los técnicos del oficialismo autoritario? No neguemos su eficacia parcial ni nos ocultemos los peligros que otras presentan.

¿Aumentar las superficies cultivables? ¿Intensificar la producción de las ya cultivadas? Si. Pero dentro de los límites que permita la misma configuración de las tierras y el equilibrio de la Naturaleza. Así, contestamos por ejemplo el principio de conversión de las selvas tropicales en tierras cultivables. En América Central el procedimiento no hizo sino convertir ciertas tierras en desiertos. Los bosques de Kizagstan que Krustchev hizo abatir para convertirlos en trigales son hoy una enorme cuenca de polvo.

La superficie de las tierras cultivadas en el globo, el 10%, disminuye cada día por la acción desvastadora de la civilización industrial. Entre 1082 y 1952 la superficie ocupada por edificios y urbanizaciones pasó de 870 millones de hectáreas a 1.600 millones.

En ese mismo período los bosques disminuyeron del 45%. Los desiertos yermos pasaron del 9,4% al 23,3%.

¿Aumentar el rendimiento? Quizá. Pero sin recurrir al sistema capitalista de monocultivos, factores de empobrecimiento de las tierras, abandonando la utilización de fertilizantes artificiales inaprovechados por las tierras en gran parte y llevados por las corrientes a ríos y mares con la consiguiente contaminación de estos elementos.

Desechando ciertas soluciones de irrigación portadoras de consecuencias devastadoras. El dique y pantano de Assouan ha traído consecuencias inesperadas para el suelo egipcio: la vega del Nilo se encuentra privada del limón fertilizante, sus tierras aumentan en salinidad, y la falta de desechos orgánicos que las inundaciones llevaban al delta provocan la disminución de la pesca en aquella zona.

EL PROBLEMA EN LOS PAISES EN DESARROLLO

La producción agricola como la industrial se encuentran estancadas. La producción por individuo es la décima parte de la de los países industriales.

El número de parados en Africa, entre 1960 y 1965, se multiplicó por 7. En Malasia por 30. El principal obstáculo para la marcha de esos pueblos es un conjunto de circunstancias políticas y sociales y las enormes diferencias en la distribución de las rentas.

Las clases sociales que se benefician de la desigual distribución de la renta no quieren perder sus privilegios y se protegen bajo regímenes fuertes y militares.

La agricultura, fuente principal de riquezas y que emplea entre el 50 y el 80 por 100 de los habitantes no tienen una aportación correspondiente al esfuerzo.

La economía de estos pueblos es de subsistencia. No se produce para el mercado sino para la existencia dentro de la miseria general. Y a pesar de éso se amasan grandes fortunas por las minorías dirigentes. Fortunas que lejos de investir se evaden hacia países más ricos.

En América Latina, según informes oficiales, la capa social superior (5% de la población) absorbe el 30 q'c, de los recursos. Las capas sociales inferiores (el 50%) consume 15 veces menos. Si estas diferencias se suprimieran, las posibilidades de mejorar la existencia serían concluyentes.

Porque hay en muchos de estos países reservas, capacidad de crear. excedentes, pero falta el motor crucial, el aliciente humano. Falta el «Tierra y Libertad» de los zapatistas y magonistas mexicanos. El 65% de propietarios (los latifundistas). Y de ellas solo se explota el 5%. Y las normas de arrendamiento no ofrecen aliciente al que trabaja, que sabe que sufre y pena para el parásito. El freno al desarrollo natural del Tercer Mundo está en sus propias estructuras.

En realidad, las posibilidades técnicas de la fabricación de alimentos no están agotadas. Sólo con un aumento natural de la producción de éstos, en ciertas regiones de la Tierra bastaría para organizar una alimentación adecuada si no abundante. Y el mar encierra aún riquezas incalculables, si no le envenenamos.

EL PROBLEMA DE LA SUPERVIVENCIA

Sin extendernos en explicaciones de orden técnico, afirmamos ante un examen somero de la realidad ambiental, que estamos destrozando y destruyendo el equilibrio natural de los elementos con nuestro modo de vida.

Opera el hombre en la naturaTeza como el dueño absoluto e indiscutido. No admite en su existencia ningún rival que le dispute los recursos alimenticios ni que amenace su egoísta comodidad.

Destruye especies animales y vegetales que le estorban o molestan, sin consideración ninguna a la cadena de equilibrios que determina la vida de todo lo existente. Intentamos reemplazar los recursos autoreguladores de la Naturaleza por otros de efecto inmediato y puntual, cuyas consecuencias son la mayor parte de las veces perniciosas.

Son características de la Naturaleza:

1° La interrelación orgánica de sus partes, en colaboración hacia fines determinados. Ella determina la estabilidad del sistema natural.

2° Su grado de organización a base de sistemas naturales constituidos por otros más pequeños. De la célula y el átomo a la especie humana.

3° La posibilidad de transformación que ofrece la energia.

De los rayos solares fuente abierta, a través de la fotosíntesis de las plantas vegetales, a su vez transformados después en tejidos animales al consumir estos vegetales.

4° La recuperación de residuos y su reciclamiento.

Así el anhidrido carbónico despedido por la respiración de los animales es transformado por las plantas en oxígeno necesario.

El reciclamiento de los productos es base del equilibrio. Pues si la fuente primaria de energías es casi permanente (energia solar) los recursos son limitados y sólo su transformación y la transformación de los desechos permite la renovación.

5° Su complejidad. En la naturaleza cada especie tiene su misión a cumplir. La introducción de toda especie extraña es fuente de perturbación.

El científico moderno, fruto de la civilización industrial, se cree capaz, por la fuerza de las técnicas adquiridas, de superar o reemplazar los mecanismos naturales. Craso error.

Por amplia y extendida que sea la capacidad de una programación electrónica, se revelaría incapaz de relevar al conjunto de mecanismos autorreguladores naturales.

Supongamos que se agotaran las reservas de agua dulce del mundo. Supongamos que los mecanismos naturales que nos proveen de aire respirable fuesen destruidos.

Y que el agua potable dependiese de instalaciones de desalinización y que el aire fuese proveído por instalaciones técnicas inyectando oxígeno en la atmósfera y absorbiendo gases nocivos...

Un leve fallo y todo el mecanismo de la vida quedaría cerrado. Y nuestra cacareada civilización industrial nos conduce a la destrucción de todos esos principios naturales, por los procedimientos siguientes:

1° Contaminando el medio natural (agua, aire, tierras) con la presencia de desechos que los mecanismos naturales no absorben (plásticos, fertilizantes, insecticidas, pesticidas, etc.).

2° Destrozando los organismos reguladores. Si aumentamos las fuentes de contaminación del aire con los vapores nocivos de las industrias y a la vez disminuimos las posibilidades de renovación del oxígeno del aire al disminuir las superficies verdes del planeta.

CONTAMINACION DEL AIRE, TIERRA Y AGUA

La evacuación de humos de las chimeneas industriales, las emanaciones de motores de explosión, los gases derivados del petróleo que se desprenden no quemados de los mismos motores, las grandes concentraciones urbanas antinaturales, frutos de la expansión industrial, etc., envenenan cada día más la atmósfera.

La desaparición de bosques y selvas vírgenes reducen la capacidad pulmonar» del globo.

La utilización de las aguas de los ríos para procedimientos industriales produciendo una elevación de temperatura de estas aguas, provocan la disminución de la capacidad vital de la misma. La acumulación de desechos industriales es fuente de eliminación de vida en los ríos. Cosa demostrada y sobre la que no cabe insistir.

La evacuación de aguas cloacales de las ciudades sin prevía depuración y reciclamiento aumenta la actividad de las bacterias reguladoras del agua y disminuye su capacidad en oxígeno. Y los ríos van al mar y el mar se contamina igualmente.

La acumulación creciente de restos de fertilizantes y desinsectizantes llevados por las corrientes a los ríos provoca un aumento de productos de desechos inutilizables.

En las tierras los efectos no son inferiores.

Añadamos ahora al todo la existencia de los residuos radioactivos cuyos efectos perniciosos se están viviendo ya en ciertas regiones del globo.

NUESTRA SOCIEDAD NO ES VIABLE

Nuestras sociedades no son rEturales. La sociedad humana actual no presenta aspecto alguno de verdadera organización. Está dominada por la distorsión autoritaria. Parte de una complicación extremada del aparato del poder y arrebata a los ciudadanos el poder de la opinión y de la intervención y no les deja cumplir con el papel natural de autorreguladores del todo.

Y como ha introducido en el sistema todos los elementos asistémicos posibles (políticos, burócratas, clases parasitarias, intermediarios, leyes, tribunales, fuerza de represión, etc.), ha anulado toda la capacidad reguladora de los grupos humanos, convertidos en la mayoría de los casos en rodajes impersonales de un aparato económico de producción.

La sociedad, acostumbrada a que la obliguen a funcionar de esta manera no puede funcionar por sí sola. Le falta estructura social básica.

Nuestra sociedad es cada vez más masiva y menos organizada. La autoridad, el principio del poder regidor, agudiza día a día su instabilidad y crea por la fuerza de las cosas la necesidad de las dictaduras como consecuencia de la destrucción de los controles naturales ciudadanos.

El grupo humano, en la ciudad, en el trabajo, desapareció. Si el estatuto personal del hombre libre es el conjunto de las posiciones que ocupa en diferentes grupos interrelacionados, este estatuto no existe hoy. Fue anulado por el aparato monstruoso y engendrador de monstruosas obediencias y abdicaciones.

La revuelta humana aparece sin embargo. La emergencia de las rebedías es evidentes. Pero ella debe generalizarse.

Romper las cadenas de esa servidumbre, para con un contexto destructor de todos los equilibrios, atacar el mal de raiz. Y no caben políticas de reforma, ni soluciones transitorias. No se construye con elementos de desecho.

Y para salir del atolladero y del suicidio provocado hacia el que se nos encamina, solo puede preconizarse la revolución integral, la revolución social.

LAS SOLUCIONES

En la actual sociedad el hombre se siente aislado, cuando no vigilado, domesticado, constreñido. La supresión de todo poder de deliberación a la base ciudadana en las ciudades, y la toma de posesión creciente de todas las facultades de decisión por la Autoridad y la intrincada burocracia del Estado, provocan a su vez el aumento de un individualismo egoista que se siente amenazado. Más que un individualismo nuevo, es un creciente encerrarse del individuo en reducido círculo de acción que le separa de otros. Y como signo distintivo del mismo, la acumulación de bienes que le aislan y le alejan de lo que debiera ser espíritu de fraternidad solidaria para con sus semejantes y el primer paso hacia una recuperación de todos los valores que hacen al hombre :ibre, será el retorno a la vida en la comuna, donde se sienta libre, donde las aspiraciones individuales se confundan con las de la comunidad, donde ningún hombre controle a otro, y donde cada cual disponga de una amplia libertad bien superior a la que creemos —a veces— gozar en nuestros días.

En la Comuna, la satisfacción de conocer y de ser conocido creará una intensa interralación entre un número reducido de personas en lugar de la actual multiplicación de relaciones superficiales.

Y el camino verdadero de las soluciones está ahi. Romper el gigantismo del sistema. Volver a la unidad social perceptible: La Comuna Libre.

Reducir el consumo; establecer el principio de una justa distribución de recursos, preferir la calidad y la durabilidad de los productos a la cantidad. Suprimir toda la producción de lo superfluo, de lo perjudicial e inútil. Ampliar el horizonte vital de tal manera que la acumulación de bienes materiales deje de ser un objetivo y devenga imposible. Encontrar otras alternativas y otros objetivos a la existencia, porque vivimos el ocaso de la civilización industrial y de expansión económica de todos los capitalismos.

Pero habrá que descontar completamente la posibilidad de un cambio deliberado, concebido y consentido por las actuales estructuras. Y si la humanidad está convencida de ello, hay que convencerla de la necesidad de la acción destructiva, a través de la Revolución Social.

Porque hoy por hoy, y atada al carro de la inercia tradicional, prefiere por comodidad egoísta dejar el problema a las generaciones venideras.

Y nosotros, anarquistas, anarcosindicalistas, clamamos a todos los vientos nuestra discrepancia con esta inercia cobarde. Sabemos que las soluciones están en manos de los hombres. Son conocidas desde ha largo tiempo.

Rehusamos aceptar todos los expedientes de aplazamiento temporal. Todo ha de cambiarse, comenzando por nuestra propia existencia. Las soluciones son antiautoritarias, anticapitalistas, autogestionarias, de libre federación económica y social, solidaria, por encima de fronteras, saltando continentes.

Revolución inmensamente humana que solo puede ser obra de generaciones conscientes.

Así lo afirmamos a los hombres de nuestra generación como acta de acusación y a las generaciones montantes como promesa posible de nuevas auroras sociales.

¿POR QUÉ LA ANARQUIA?

Porque las condiciones indispensables requeridas para salir del estado de conflicto permanente entre explotadores y explotados, entre la naturaleza y sus destructores, no pueden darse dentro del estrecho marco de las leyes socioeconómicas de tipo autoritario, sean capitalistas o socialistas.

Porque si en primer lugar la idea madre de la solidaridad universal y de las necesidades universales han de tener primacía, sera preciso que desaparezcan las barreras que impiden esta solidaridad, es decir: los intereses de fracción, de sector, de país, de clase social... Porque una nueva organización de la producción, más racional y más acorde con las necesidades naturales y con los recursos, exige la eliminación de toda producción de mercancías, cuya necesidad ha sido creada artificial y publicitariamente. Supone la desaparición de toda producción de artículos nocivos, de las armas de la muerte y de toda una trama organizada de publicidad, de intermediarios comerciales, de todos cuantos viven hoy pegados como chupópteros a una operación de primera necesidad: el abastecimiento de los productos primarios.

Porque la fraternidad y la solidaridad universal necesitan de la desaparición de fronteras y la terminación de la dicotomía entre países industriales y países pobres.

Porque la necesidad de una producción racional, ajustada a las necesidades, necesita, con el abandono de todas las concepciones capitalistas del crecimiento, la organización de la producción en grupos más reducidos, de una adaptación de los sistemas de producción. Mayor intervención de la mano de obra, menor consumo de energías.

Porque para detener de una vez la carrera de destrucción de la naturaleza, será preciso recurrir al reciclamiento de los residuos, a su reutilización. a fin de evitar la constante y creciente contaminación del medio ambiente, utilizando para ello todos los medios posibles, sin consideraciones al aspecto financiero o de rentabilidad de las operaciones.

Porque la carrera hacia los armamentos, base primordial de la economía de hoy deberá terminar, y esta medida solo es posible con la desaparición de los Estados.

Porque todos los cambios necesarios requieren una revolución social y económica. Representa partir sobre bases nuevas. Exige la desaparición de todas las estructuras actuales.

De los modos de vida actuales, de las concepciones cívicas y morales de hoy, del urbanismo salvaje de hoy, de la osatura industrial de hoy, del andamiaje de naciones y grupos de naciones de hoy.

Solo a través de una transformación así concebida, puede nacer una moral de dignidad humana que sepa y considere como lógico y normal que el equilibrio de los recursos supone reducir los privilegios abusivos de unos para aumentar las disponibilidades de todos.

¿,OUÉ PROPONEMOS?

Descentralización completa de todos los aspectos de la vida social y económica de la colectividad humana.

Nueva reorganización social partiendo de las comunas libres, en libre federación, en toma de conciencia individual, que es donde la auténtica voluntad general se abre paso.

En las que las restricciones necesarias al equilibrio vital aparezcan como necesarias y deseables y no como limitaciones impuestas más o menos arbitrariamente desde las alturas autoritarias.

Nuevo sentido y aspecto a la vida ciudadana. Abandono progresivo de las urbes monstruosas fuentes de contaminación.

Humanización de la producción partiendo del mismo principio regulador. Unidades reducidas donde el aporte individual es más personal y menos mecanizado. Desaparición de la producción por la producción y del crecimiento inútil y destructor de equilibrio.

Un control más racional de !a agricultura. Volver al cultivo natural variado, con supresión de monocultivos gigantescos, factores de empobrecimiento de los suelos.

Explotación colectiva de las tierras.

Normalización de la vida. Dispersión de los centros de producción. Fusión progresiva entre el campo y la ciudad.

Supresión de la producción de tipo comercial, de corta duración y retorno a productos naturales, reduciendo al mínimo la utilización de sintéticos y plásticos.

Normalización y regularización racional de la distribución como responsabilidad colectiva, eliminando todas las funciones de publicidad y los intermediarios comerciales.

El hombre quiere trabajo y belleza. Y encontrará así, en la comunidad productora una estructura organizativa en la que mejor se realiza el control interno de las individualidades. La dinámica estimulante partirá de cada individuo.

En esa comunidad de trabajo, corno en la Comunidad de vida social, el individuo, el hombre como la mujer, pueden realizarse. Con esta reducción, con esta dispersión de los núcleos de vida social y económica, disminuiremos el impacto dañino que las grandes concentraciones industriales, y las grandes aglomeraciones producen en el medio ambiente.

Comuna Libre, unidad social de base, autosuficiente y autoreguladora y contrariamente a las afirmaciones pesimistas de nuestros detractores, no introvertida, ni de espaldas al resto del mundo, sino unida a otros en libre federación que permita la interrelación necesaria para la realización de los trabajos que implican las necesidades regionales, del país, de continente, mundiales.

Grupo de trabajo, colectividad productora, unidad económica de base, autosuficiente y autoreguladora igualmente, en relación constante con los otros grupos de trabajo, federada por ramas de producción y en el orden geográfico.

Partiendo de estas dos células de base, la federación a todos los niveles, que equilibra posibilidades y disponibilidades, dentro de la norma reguladora: «a cada cual según sus necesidades, de cada cual según sus posibilidades».

Labor inmensa, pero a la que nos vemos por la fuerza de la evolución destructiva, abocados necesariamente.

En la conservación de los bienes naturales, en su recuperación progresiva, los productores sabrán, sabiéndose dueños de sus destinos y sin dependencias extrañas, buscar y encontrar con espíritu de invención y con la instalación de técnicas nuevas, el medio de conservación máxima de materias y energías, de modalidades productoras no contaminadoras.

Los hombres dejarán de ser unidades insensibles, produciendo cantidades crecientes, para aumentar su instrucción y tener oportunidad de mejorar la calidad del trabajo personalizándolo.

La producción industrial como la agrícola existiendo en plena armonía en las comunidades la distinción irreal entre el hombre como productor y el hombre como vecino desaparecerá. Las necesidades de la comunidad y de las comunas preveerán los trabajos en atención a su propia estabilidad y no porque un grupo cualquiera quiera beneficiarse del esfuerzo de los más.

Reforzar la capacidad y las facultades de la Comuna Libre que asumirá cuantas funciones le son propias y hoy están en manos del dictado autoritario.

Los temas que afectan a la vecindad competen a los vecinos, los que afectan al barrio a sus habitantes, los del taller, la fábrica o el campo, a quienes en ella trabajan.

Volver, así, en plena armonía, hacia la Naturaleza.

Ir a una sociedad más justa y agradable que la actual, vinculada en la superación del hombre y de sus relaciones, en lugar de Campo vasto ofrecido a las energías y talentos del científico y del técnico. Investigación científica pluridisciplinaria para estudiar y aprovechar los complicados mecanismos de la Naturaleza con los que hemos de aprender a cooperar.

***

Hacia una sociedad compuesta de comunas descentralizadas, federadas por libre consentimiento, repetimos, autosuficientes y una organización de producción que paralelamente hará que los hombres trabajen cerca de sus hogares, tengan la responsabilidad de organizarse y de regirse a sí mismos, de administrar sus escuelas, sus hospitales, su propia seguridad social y económica.

Donde el individuo adquiera una identidad personalísima, cualidad perdida en la sociedad de masas.

Dar así un nuevo sentido a la vida. Crear un nuevo conjunto de valores y sentirse orgullosos de sus realizaciones.

Detener la carrera hacia el precipicio, cambiar el legado de desesperación que pesa sobre nuestros hombros en herencia de esperanzas para todas las generaciones.

En eso consiste, el camino hacia la Anarquía.

(Del Boletin de Información A.I.T.).

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EL CAPITALISMO DE ESTADO Y LA REVOLUCION ANARCO-COMUNISTA
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por K. KONTANTINOV

DOS tendencias caracterizan el mundo del capital : La extensión internacional de su poder y la centralización de éste en un número de manos cada vez más reducido. Estas dos tendencias están determinadas por la competencia y la concentración. Resulta de ello, la edificación de los imperios y la estatificación de la economía capitalista. Oponer estas dos tendencias, una a la otra, oponer la política a la economía de clase, el poder político al poder del dinero, significa abandonar el punto de vista anarco-comunista, descender a un nivel inferior al del razonamiento liberal de los profesores americanos, de los cuales uno definió lacónicamente la relación poder-dinero de la manera siguiente: «Un gran número de hombres ricos entraron en el Congreso y muchos congresistas se hicieron ricos». Cierto es que el hecho de que un punto de vista no sea anarco-comunista, no prueba que sea erróneo. Pero si somos adeptos de la doctrina anarco-comunista es porque creemos que ella recoge de la manera más profunda la esencia de la economía y de la política, abrazando los hechos principales que las caracterizan. Ella hace resaltar netamente el mecanismo de las estructuras sociales y elabora los diagnósticos y los programas que en el estado actual de la ciencia representan la aproximación acabada de la sociedad futura. Y aún más, los diferentes análisis de las tendencias en cuestión, la solución al problema de la dirección y de la perspectiva de desarrollo, determinan una estrategia, una táctica y diversos métodos de movilización y de preparación de las fuerzas revolucionarias con vistas a futuros combates.

Así dos preguntas se presentan:

1° ¿Cuáles son los medios por los que se realizan, en fin de cuentas, los imperios multinacionales con sus fronteras geográficas?

2° ¿A quién la última palabra en el cuadro de la sociedad capitalista: la propiedad privada o la propiedad del Estado?

Fueron diletantes los que, en los albores del capitalismo, edificaron los imperios, precedidos por aventureros y misioneros cristianos, por piratas, conquistadores y cherifs. Todos ellos pertenecen hoy a un mundo sepultado. En los tiempos modernos que vivimos, los imperios nacen y se mantienen gracias a los bombarderos y a los carros de asalto, a los «marines» militares, a las quintas columnas» y a las expediciones de paracaídistas bien organizadas. Este cambio refleja las relaciones entre el apetito del capital comercial y manufacturero de antaño y el de los complejos económicos gigantes de hoy. Ayer eran cabezas aisladas las que caían; actualmente son pueblos enteros ocupando vastos contingentes quienes son diezmados y despojados. Y en esta misión civilizadora y bienhechora, el papel de vanguardia corresponde inevitablemente al Estado. Las operaciones comerciales y financieras no habrían aportado nada, las inversiones no habrían tenido rentabilidad alguna, los empréstitos hubieran continuado siendo eternamente insolventes y los acuerdos económicos desiguales no hubieran podido concluirse si los ejércitos bien equipados de las metrópolis no asegurasen la protección de las potencias financieras.

En los años 30, cuando las páginas de la gran prensa de América se llenaban con las «hazañas» del rey de un «bussiness» ni más ni menos honrado que otros, el jefe de la infanteria marítima americana, que acababa de ser jubilado destacó: «Estoy harto de las historias de «gangsters» de Al Capone, que desde hace tres años aterrorizan a tres ciudades americanas. Con mi infantería yo hice lo mismo durante treinta años».

Pero para no detenernos en el terreno de las figuras conviene que nos volvamos hacia los hechos, y entre ellos aquéllos que nuestro compañero Ramón Liarte indicó en predecente estudio.

¿Cómo tomó nacimiento al final de la segunda guerra el imperio de la Unión Soviética y de que manera se mantiene con sus carros de asalto y los ejércitos de paracaidistas que aplastaron las insurrecciones en Alemania del Este, en Hungría y en Polonia? ¿Cómo fue ahogada la primavera de Praga? Creemos que todos aquéllos cuyos intereses van más allá del dominio de su cocina y de su dormitorio tienen buen conocimiento de los hechos referidos para no tener que insistir en ellos. La situación actual del Japón y de Europa, así como de otras regiones del globo, son el resultado de la ocupación militar de hecho, una ocupación al final de la guerra, que independientemente de las formas jurídicas continúa todavía paralizando no solamente a los adversarios de ayer, ya vencidos. Basta volver la mirada hacia las cláusulas de los bloques militares tales como el Pacto de Varsovia y la OTAN para ver que una de las razones fundamentales de su existencia es la de servir de instrumentos de represión contra las tentativas revolucionarias en los países dominados. (Las revoluciones en estos países llevan el nombre de «rebeliones» o de «disturbios» de extremistas). Así, las bayonetas preparan la mesa del banquete sustancial de las sociedades multinacionales y la «cooperación socialista» en la industria las bancas y el comercio.

Si no, veamos la relación entre las potencias. Frente a los 280.000 millones de dólares de las sociedades multinacionales, los presupuestos militares anuales se cifran en 350 millones. Paralelamente a esta cifra astronómica de los presupuestos de que disponen las máquinas del Estado en los cinco continentes, la estatización progresiva de la economía se manifiesta igualmente por todas partes.

El sector del Estado en los dos campos del Este, URSS y China, se aproxima del montante ideal : 100%. En Europa occidental la propiedad del Estado varía del 20 al 30%, acusando una tendencia firme al crecimiento. En el Tercer Mundo, el ritmo de la estatización es más rápido y se acelera aún más. En la ciudadela de las sociedades multinacionales, el antiguo presidente americano Eisenhower hablaba de un complejo militar e industrial potente sin precisar dónde terminaba el poder del general y hombre político y donde comenzaba el del financiero y presidente de una compañía. El programa de Roosevelt preveía la creación de un sector de Estado potente en tanto que regulador y corrector de la economía monopolista. Los subproletarios blindados de Hitler colocaron a los reyes del dinero en dependencia absoluta del Estado nacionalsocialista. Los partidos comunistas son los instrumentos más eficaces de la estatización del capital en el mundo, seguidos por los partidos de la Internacional socialista y de toda la gama de los frentes nacionalistas y «socialistas», de las juntas militares, de los movimientos de jóvenes oficiales de los adeptos de la economía mixta y de otros participantes a la cabalgata que arrastra la humanidad hacia el capitalismo de Estado.

No ver estos hechos y hablar únicamente del Estado gendarme, «vigilante», del poder absoluto e independiente del dinero, testimonia de una capacidad insuficiente de comprensión de los procesos potentes de la política y de la economía de nuestro tiempo. Porque las tendencias y la dirección del desarrollo transforman al «vigilante» en copropietario absoluto de la economía capitalista. El número de asalariados obreros y empleados que trabajan para los trusts que llevan los nombres de URSS, República Popular de China, República Popular de Polonia, República Francesa, Reino Unido, República Socialista Araba, etc., crece más rápidamente que el de los obreros ocupados por la General Motors, Standard Oil, y otras sociedades multinacionales. Será preciso que abandonemos los cristales a dioptrías del siglo XIX si queremos ser eficaces en el final del siglo XX.

Insistimos en el hecho de que la transformación que, partiendo de la manufactura pasa por los monopolios, para terminar en el capitalismo de Estado, está determinada por la concurrencia, la concentración y la centralización del capital. Inútil será perder tiempo sobre su prehistoria, en la que encontraríamos las estatizaciones de Napoleón o de Bismarck y el reflejo de esas tendencias en la obra de diferentes ideólogos del pasado siglo. El historiador, movido por la curiosidad, podría descubrir en el sedicente «Manifiesto comunista» de Marx y Engels, así como en otros de sus escritos con carácter de programas, la idea, casi perfecta, los métodos y los medios de la transformación del capitalismo monopolista privado, en capitalismo de Estado. La verdadera, la triunfante historia de esta variedad de sociedad capitalista que representa el último capítulo de la historia de las formaciones de clase comienza el 25 de octubre de 1917. A partir de aquel día y al cabo de algunos años, el desarrollo «natural» de la economía capitalista se ha visto acelerada gracias a la violencia del Estado y a la presión económica, absorbiendo gran número de pequeñas y medianas empresas para terminar con la creación de un supercapitalismo único: el Estado.

Mientras que en las pancartas y en las calles brillaban diversas consignas socialistas, en los soviets de comisarios y en las oficinas del partido, en un ambiente de tinieblas y de oscuridad de palabras, se constituía el cuerpo de la policía marxista, de la Tcheka, del ejército rojo. La burocracia administrativa y la burocracia del partido se cristalizaban y se consolidaban. Así tomaba nacimiento la nueva clase del capitalismo de Estado. El dragón que Marx había esperado salía de la crisálida de un partido político.

No procederemos aquí al análisis de las circunstancias que crean ilusiones en el seno de las masas oprimidas, permitiendo al mismo tiempo a la clase naciente de los nuevos señores el creerse portadora de las esperanzas de la mayoría, efecto conocido de tiempo en que los caballeros franceses de la Bolsa encarnaban las esperanzas ilusorias del tercer estado completo. Lo que importa para nosotros es señalar que la lucha encarnizada, abierta o sorda, entre la clase dominante y el proletariado de la industria y de la agricultura comenzó en Moscú, en Ukrania y en Cronstadt, en el momento en que el último soldado de la guardia blanca iba a ser enterrado y los regimientos derrotados en la guerra civil abandonaban el territorio del imperio ruso.

Diversas falsificaciones jurídicas e históricas del carácter real de las luchas de clases en la URSS son posibles. Se pueden utilizar las circunstancias complejas en que se desarrollan agravadas por el cambio rápido de las fases del capitalismo ruso y de las estructuras contemporáneas del mundo (el que, por su presencia, puso su sello, en diversos momentos, a cada acontecimiento y a cada combate) para toda clase de especulaciones, introduciendo intereses y tendencias diversas de carácter religioso, monárquicas, patrióticas o verdaderamente marxistas leninistas. El papel es sufrido.

Pero el día en que la lucha de clases del proletariado barra la dictadura policíaca y militar del capitalismo de Estado, cuando el Kremlin y el mausoleo vecino, sean demolidos hasta sus cimientos y que la plaza que ocupan no sea más que una extensión de la plaza Roja; cuando los batallones revolucionarios rompan el telón de acero, el mundo comprenderá las insinuaciones jurídicas y las mistificaciones clericales y patrióticas del laureado del Premio Nobel y las desinformaciones del reformador democratizarte del capitalismo de Estado, Roy Medvedev, a quien muchos periódicos como «Le Monde», hacen una publicidad escandalosa.

Por otra parte, la lectura atenta de »Goulag», de Soljetnysine y del libro de Roy Medvedev sobre la democracia socialista, permitiría darse cuenta de que la dictadura bolchevique, durante un período de más de 57 años, tuvo por principales enemigos, soportando todos "los horrores de la máquina represiva, las tres generaciones de revolucionarios anarquistas comunistas. No será a nosotros a quienes se nos permitirá la publicación de revistas y libros «clandestinos». No serán nuestros compañeros quienes se verán expulsar del país con sus familias, suegra incluida, y transportados en avión al Occidente; no se cerrarán en nuestro favor los ojos, como lo hacen las autoridades con respecto a las conferencias de prensa que se hacen en pleno Moscú. No se nos reserva más que una sola «carrera», la que conduce al pelotón de ejecución, a los subterráneos de las prisiones bolcheviques o, en fin..., a la revolución que aplaste a todos los verdugos y transforme miles y miles de Bastillas en plazas donde poder bailar.

Esta simbiosis, no legítima, entre los opositores que «piensan de otra manera», y los que detienen el poder, está determinada por el temor a la revolución popular y la venganza inexorable. Los unos y los otros discuten abiertamente o en sesiones secretas sobre el sombrío porvenir del imperio del capitalismo de Estado. Saben que está podrido en la sangre por la basura de su historia, y de su presente y que la revolución húngara, los obreros de Berlín o de Polonia y que el descontento que madura en las masas anónimas rusas, paralelamente a todos los conflictos que amenazan al mundo, no presagían nada bueno para ellos. Por esta razón se precipitan en proponer reformas sobre los detalles a fin de salvaguardar lo esencial. Proponen unos el autoritarismo »ortodoxo» soviético, buscan otros el capitalismo de Estado »con faz humana», de marca socialdemócrata, y otros aún que creen que el retorno a los métodos bestiales de Stalin podrían detener el proceso de usura y de parálisis de la sociedad del capitalismo de Estado.

Mientras, los detentadores reales del poder proclaman ciertas reformas económicas enarbolando banderas patrióticas y nacionalistas.

Y todos juntos, temen el momento en que la crisis interior e internacional permitirá a los grupos tachados de extremistas de salir de la sombría existencia subterránea y al grito unánime de ¡A las armas!, los obreros, los estudiantes y los soldados se confundirán en un mismo huracán revolucionario contra las decenas de millones de parásitos y de opresores.

Esta triste perspectiva para todos los señores del mundo de hoy les ha conducido al statu-quo actual, próximo de la tenebrosa fantasía de Orwell, en la que algunos bloques imperialistas, sin límites ni posiciones bien precisas, Estados Unidos, URSS, China, Europa en unificación, y Japón, ponen en juego su espectáculo de marionetas entreayudándose o desvalijándose mutuamente o participando directa o indirectamente a las pequeñas guerras en las que las víctimas son pueblos extranjeros, a fin de ensayar nuevas armas, arreglar ciertas viejas cuentas y poner a prueba las posiciones e intereses de sus actuales adversarios y aliados.

Sobre este fondo se tejen y se embrollan las redes de las sociedades multinacionales, los acuerdos económicos y militares. Esto no es nuevo para el imperialismo y no lleva en manera alguna al triunfo de las supercompañías. El capital se internacionaliza; su valor expresado en oro. Cuando el crecimiento llega a su punto crítico, el capital se hincha como la masa del pan y desbordando de la artesa nacional se extiende en las esferas que su potencia militar le garantiza. Las tendencias son análogas en los otros bloques. Los acuerdos entre ellos, las reglas del juego internacionales y el reparto del botín no corresponden más que a un estado provisional de las relaciones internacionales en el mundo contemporáneo. Los tratados de paz y los reglamentos que rigen las relaciones de apropiación podrían crear la ilusión de que el desarrollo futuro del mundo va hacia el imperialismo universal: el superimperialismo. El autor de este último término es Kautski.

Sesenta años han transcurrido desde la época en que éste esperaba la edificación de un mundo internacional unificado a base de. trusts y carteles. Pero es suficiente que el equilibrio provisional de la potencia militar y financiera de los contratantes sea quebrantada para que éstos pidan la revisión de los acuerdos y de los reglamentos establecidos a fin de proceder a un nuevo reparto de la piel del proletariado mundial. Llega entonces el momento de los conflictos políticos, diplomáticos, comerciales y financieros, cuyo fin desastroso es bien conocido, hasta para quienes tienen la memoria corta y han sido testigos de las grandes conflagraciones del siglo XX. En efecto, las dos grandes guerras mundiales se soldaron por el desgarramiento de las sociedades multinacionales. Unas se reforzaron, otras se debilitaron, y otras fueron enterradas. Es decir, que la muerte de antiguos imperios marcaba el nacimiento de nuevos, seguido por el diagnóstico para la edificación de supercompañías, de superimperios. ¿Podrá esperarse que la tercera carnicería que se prepara no se termine de la misma manera desastrosa?

Sí, y las razones son las siguientes:

1° Cuando el desenvolvimiento desigual de los bloques imperialistas actuales basado sobre el capital privado o sobre el capital de Estado haya removido el equilibrio inestable existente, el grito lúgubre del buho marcará el fin del statu-quo. La tercera guerra que siga será verdaderamente universal, arrastrando en su torbellino a toda la humanidad. Por el hecho de que el capitalismo en todas sus formas es un sistema que abarca al mundo entero, la localización del conflicto en uno o dos continentes será imposible; en consecuencia ninguno de los rapaces sobrevivirá. En el mundo de la post-guerra no habrá ni árbitro, ni plan Marshall susceptible de galvanizar el sistema envejecido; en cuanto a los ejércitos, descompuestos por la guerra y por la propaganda revolucionaria, serán incapaces de ocupar sus propios países.

2° La revolución técnica y científica que conduce a la automación de la producción y de las funciones ligadas a su planificación y a su administración, pone en entredicho todo el sistema de propiedad del poder y de las relaciones socioeconómicas. Creando las condiciones necesarias para la solución revolucionaria de los problemas de la humanidad, agrava a la vez la crisis general en la producción, el empleo, la salida de los productos y en las finanzas de actual sistema. Ella juega el papel de catalizador en la información reduce los mercados internacionales y nacionales, prepara los explosivos bajo el edificio actual de la paz mundial y socava la tumba de la paz de clases y del statu-quo social en cada país:

3° El abismo creciente siempre, entre los países desarrollados y los que están en vías de desarrollo cuyo retraso es debido al egoísmo de olase, y a la avidez de los ricos, provoca la formación de nuevos campos de minas en los treseuartos del globo, en que miles de millones de hombres mueren de hambre aun disponiendo de las materias primas, sin las cuales la industria moderna es imposible. Es allí y en las colonias del imperio soviético donde maduran las futuras insurrecciones contra todas las formas de explotaciones coloniales.

4° En el cuadro de las estructuras económicas y sociales del mundo y el parcelamiento nacional y político de la humanidad mantenido por los Estados, el problema demográfico no podrá encontrar solución y se convertirá en fuente de desarrollo explosivo de las poblaciones en determinadas regiones y amenaza de disminución en otros.

En estas perspectivas, ¿qué queremos?

1° Abolir el Estado y sus instituciones. Suprimir el ejército, la policía y sus diversos servicios y organizaciones de información y de espionaje.

2° Asegurar el orden interior y la defensa por el pueblo en armas con la eligibilidad y la revocación de los técnicos de defensa.

3° Organizar libremente y voluntariamente los pueblos en comunas federadas para llegar a la unificación de la humanidad entera.

4° Expropiar la propiedad y el Estado y organizar la producción por las uniones de productores integrando a las mismas a cuantos hoy explotan el trabajo de otro o se ocupan de actividades inútiles para la sociedad.

5° Retribuir según el principio de la igualdad a todos los trabajadores, con tendencia de distribución según las necesidades.

6° Reducir las jornadas de trabajo según posibilidades del momento (por ejemplo, cinco días de trabajo a razón de seis horas diarias).

7° Encargar a las comunas y a su federación, respectivamente a sus asambleas y congresos la planificación de la producción y la distribución de los fondos sociales a base de las decisiones mayoritarias.

8° Encargar a las cooperativas de consumo debidamente readaptadas después de la revolución del aprovisionamiento de las poblaciones y del reparto bajo control social.

9° Reconocer y establecer una entera libertad de expresión y de difusión del pensamiento por la palabra y por escrito, y la libertad de organización a base de programas y plataformas.

10° Suprimir las cárceles, abolir la pena de muerte y asegurar la justicia a través de comisiones sociales en los barrios y en los lugares de trabajo, elegidas y controladas por los colectivos.

11° Asegurar la instrucción y la educación más amplia por todos los medios, igual para todos y en todos los grados, a cargo de la sociedad, y según la vocación de los alumnos.

12° Asegurar la utilización social en toda igualdad de todos los servicios: medicina, higiene, transportes, etc.

13° Resolver los problemas del alojamiento presente comenzando por la creación de un fondo social de alojamientos existentes incluyendo el gran número de oficinas superfluas y repartirlo de la manera más justa, y acelerando la construcción de alojamientos nuevos.

No son estas reivindicaciones, sino nuevos jalones hacia un mundo nuevo, susceptible de modificaciones, de desarrollo, de enriquecimiento, según la voluntad, la iniciativa y las preferencias de millones de hombres cuya posibilidad de expresión será garantizada por las fuerzas que ellos poseen.

¿Cómo realizar este programa?

La revolución es algo importante y grave; no hay que hablar de ella a la ligera. Pide imaginación, saber hacer, valentía y espíritu de sacrificio. Hay que comenzar desde ahora, a fin de prepararnos para la época de guerras civiles que se extenderán sobre los cinco continentes: los que crean que la revolución podrá efectuarse sin que las masas productoras participen con toda su iniciativa, no han aprendido nada de la historia. La revolución es una guerra de clases y no hay guerra sin ejército. Los ejércitos insurreccionales deben organizarse, armarse y prepararse, hacer ejercicios desde ahora mismo, de la misma manera que lo hace el enemigo de clase. Mañana será demasiado tarde; nuestra negligencia de hoy será un crimen mañana, porque costará mucha sangre. La historia no nos perdonará ni la ceguera, ni el miedo de proclamar altamente la verdad, avanzando a costa de todos los sacrificios. En esto reside notablemente la diferencia entre prerrevolucionario y el que tan sólo hace frases.

Del Boletín de información A.I.T.

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CONCLUSIONES
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LOS estudios y acuerdos que hemos presentado, representan una riqueza ideológica, táctica y social de un alto valor histórico. Una segunda parte viene a ser incorporada a nuestro trabajo compilador, por estimar que así el Manifiesto dedicado A TODOS LOS PUEBLOS DEL MUNDO, LA CARTA DEL SINDICALISMO REVOLUCIONARIO, LLAMADA CARTA DE PARIS (adoptada en el Congreso de la C.N.T. francesa de diciembre 1946), como los ESTATUTOS DE LA ASOCIACION INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES, elaborados en el Congreso Constituyente, Berlín, diciembre de 1922, modificados, aprobados y ratificados por varios Congresos de nuestra gloriosa Internacional, constituyen una reserva de conocimientos y conclusiones para vertebrar las tareas y actividades del proletariado militante en todos los países del globo.

La tesis anarcosindicalista demuestra la capacidad del Ideario que nos incita a luchar por el advenimiento de la nueva sociedad sin clases. No es el sindicalismo un fin social, sino un medio de manumisión de todos los explotados y oprimidos. Afírmase como una organización socio-económica llamada a estructurar los primeros órganos del mundo victorioso del Estado y el capitalismo.

El natalicio del Sindicalismo Internacional tuvo como postulado esencial la asociación de los trabajadores para lograr su emancipación. Esa finalidad sigue siendo valedera. Los hechos deben ir a los principios y las cosas a los hombres. La revolución social y socialista no debe servir exclusivamente a una sola clase, sino al pueblo que es un todo. La libertad sin la igualdad niega los objetivos que deseamos conquistar. No se trata de sostener al Estado, sino de destruirlo. Toda desigualdad conduce a iniquidades socioeconómicas.

El hombre, por deseo de perfección es un innovador, un anarquista. Pero ante todo, por necesidad e imperativo social, es un productor. La virtud del sindicalismo reside en que es el organizador del esfuerzo. Heredero de los grandes sistemas socialistas utópicos, científico-técnicos y experimentales, busca una conclusión que ponga lo económico al servicio de lo ético. La esclavitud, como las clases y el Estado, desaparecerán de la escena social.

La idea propende a transformarse en realidad. Y la voluntad guiada por el ideal, triunfa de todo porque improvisa y descubre. Bueno es improvisar si se tiene imaginación creadora, pero no es menos útil organizar cuando existe responsabilidad de gestión y sabiduría acumulada. Obrando con audacia y mesura a la vez, también se practica la acción directa.

¿Qué quiere el Sindicalismo Revolucionario?

Que el laboratorio oriente lo que hoy dirigen las centrales capitalistas y estatales. El campo de los productores contra los ejércitos inútiles; el taller sustituyendo al Gobierno. Los trabajadores deben separarse de los políticos que les confunden. Y organizar los sindicatos llamados a cristalizar las reivindicaciones sociales. Preciso es obtener lo que nos pertenece: el suelo y el subsuelo, los útiles de trabajo y los frutos de la producción.

La política destruye, el sindicalismo edifica. Que la autogestión sea cada día más competente y responsable. Mas no entendida como la comprenden los partidos burgueses para servirse de ella, sino aplicada como en la España colectivista y libertaria durante la revolución, 1936-39, dando un ejemplo de Comunismo Libertario viviente y práctico que nos capacita para instaurar el universo de la igualdad y el orden.

El Sindicalismo Revolucionario no quiere la libertad con cuentagotas, ni las reformas leves que aumentan los engaños. En esta hora de prueba dos fuerzas se disputan el destino del mundo : la plutocracia multinacional, y el sindicalismo revolucionario que ha de volver a conquistar la fuerza de proyección que tuvo en mejores tiempos, y que le restaron los que, al negarse a sí mismos, fortalecieron los baluartes del estatismo político y la autoridad moderna.

Es indubitable que estamos en la fija puesto que andamos por el camino cierto que nos acerca a nuestros objetivos. En la lucha que se aproxima, el sindicalismo acabará con los partidos; el municipio libre sustituirá al Poder. La municipalidad autónoma contra el autoritarismo avasallador; la sociedad federada frente a la oligarquía. Todo sigue su curso puesto que el progreso no se estanca. La verdad social vuelve a rebelarse ante la historia. Es el tiempo de la labranza honda y de la siembra sana. Sembradores: sembrad. Después del invierno, la primavera anunciará con rayos de oro y tallos renacientes, la hora de la cosecha. Trabajar equivale a encontrarse en cada movimiento.

La clase obrera ha de ser cada día más solidaria. En la ayuda mutua encontrará siempre su mejor arma de liberación. Una fase de reajuste mundial de los valores colectivos se abre al cotidiano vivir. En este despertar multitudinario, es imprescindible la unión del esfuerzo manual e intelectual. La cooperación de los técnicos, sabios, productores y constructores de todas las disciplinas de la ciencia y el trabajo, debe articularse de acuerdo con los postulados Sindicalistas Revolucionarios.

Urge ganar voluntades y aprovechar fuerzas para realizar la tarea que tenemos asignada. Hay que llevar nuestros grandes ideales a todas partes para ganar a los hombres sin distinción de clase para la causa de la emancipación humana. La victoria moral de los trabajadores es inevitable a la postre. Las viejas instituciones burguesas, capitalistas y estatales, se encuentran en crisis. Quieren renovarse, mas no consiguen salir del atolladero.

El problema que se va a plantear a la clase trabajadora en un futuro inmediato, es concreto e irreversible. ¿Cómo y de qué manera, en un momento dado, podrá hacerse cargo de todas las labores que hoy están confiadas al Estado y el capitalismo, para suplantar, con creces, las instituciones de oprobio y explotación que imponen privilegios de casta y de clase, burlando los principios más elevados de la condición social y humana? El asunto no admite escapatoria. Hay que afrontarlo sin demora y con la mayor responsabilidad autogestionaria.

Tres soluciones principales, entre otras de no menor relieve, contiene el anarcosindicalismo: el Sindicato como organismo de acción economico-social directa; el Municipio libre administrando los derechos populares a base de pacto consentido y acuerdo voluntario; y, los Consejos de Economía entroncando las grandes redes y vías de las Federaciones de Industria desde la escala local a nivel intercontinental.

Se vive para trabajar, para gozar, para crear. Hay que hacer del trabajo el movimiento generador de la alegría renaciente. Necesario es hacer las cosas lo mejor posible. Luego no todo es logro de riquezas materiales y goce de apetitos insatisfechos. La salud cuenta tanto como el pan. Y la libertad vale mucho más que la vida del esclavo que pugna por partir las cadenas que le oprimen.

Jóvenes estudiosos y hombres de rectas intenciones: Vienen tiempos nuevos. Es el triunfo de lo múltiple, el advenimiento de lo variado. El Sindicalismo Revolucionario se desarrolla como la semilla en campo bien abonado y cultivado. Ha comenzado la época de lo NUESTRO. El tiempo y el espacio son de TODOS. Lo tuyo» y lo «mío», pierden su vieja significación. La cooperación entre iguales es imprescindible. Por si sola, pero ayudada mucho más, se impone la magnanimidad de la convivencia justiciera y fraternal. Puesta a disposición del género humano, la doctrina del apoyo mutuo y el colectivismo libertario, ofrecen soluciones para construir la sociedad eugénica y libre que soñaran nuestros amados maestros.

Imposible se hace unir el Estado y el Sindicalismo Revolucionario. En el combate contra todas las formas centralistas y autoritarias, la acción directa es el arma adecuada para conquistar los objetivos del movimiento obrero libre e independiente.

Decir que la estrategia sindical la forjan los líderes es desconocer o traicionar el sindicalismo. La estrategia obrera es hija de las condiciones socio-económicas y morales y del voluntarismo militante. Lo que importa es canalizar las corrientes puras del trabajo hacia el logro de la finalidad prevista. No antes ni después, a su debido tiempo.

Un tratado de ciencia económica y social es, sin duda, el Sindicalismo Revolucionario. La Carta de París, los Estatutos de la A.I.T. y las llamadas a los hombres del mundo para que alcancen su manumisión total, forman el cuerpo robusto y lozano de la sociología humanista. Nuestro sindicalismo busca la administración de los pueblos sin dictaduras ni oligarquías. Es un ejemplo vivo de federalismo representativo. Propende a erradicar las raíces del salariado. Por eso ordena el trabajo de manera racional y cuida de la salud completa de los trabajadores. Es el sindicalismo gestionario, el vehículo propicio para suplantar las tareas del capital y el Estado. No busca el bien de una clase, la más escarnecida de todas, sino la felicidad común en la hermandad perfecta. Tal es su concepción de la justa y equilibrada distribución de los bienes.

Son los tiempos presentes de cambios incalculables y acelerados. Es la época de la revolución social y debemos estar preparados y dispuestos. Avanza la historia con gran rapidez. Cada día debemos elaborar la estrategia precisa, el método más adecuado, siendo fieles a las ideas que nos alientan.

La organización y la idea tienen, infinidad de veces, contradicciones sin cuento. Se trata, en suma, de que las incompatibilidades de la idea y la organización, antiguas como la vida misma, se superen en cada fase social, de la manera más inteligente posible. No es bueno estar obsesionado por una sola querencia. Al comenzar una labor determinada podrán haber criterios distintos, pero hay que suavizar las diferencias y fortalecer el entendimiento.

Los revolucionarios capaces y laboriosos saben conexionar el mundo íntimo de la idea con la esfera exterior de lo orgánico. Lo que hoy es valor decisivo del Sindicalismo Revolucionario, una vez instaurada la sociedad anárquica con sus variadas formas de vida renaciente, pasará a ser un factor relativo, ya que otros medios de organización serán aplicados por los hombres de acuerdo con el proceso evolutivo de la historia. Nuestros principios afirman a la luz de la experiencia que no hay nada rigurosamente total para todas las fases del progreso.

Una idea ecuánime y sensata nos lega el doctor Max Nettlau, Heródoto del anarquismo y biógrafo excepcional de Miguel Bakunín, a cuyo genio consagró los años más fecundos de su vida, para recoger sus lecciones. Dice el sabio: «El sindicalismo, instrumento de lucha ahora y cuadro reconocido será tal aun cuando estalle la gran lucha, pero entonces los acontecimientos lo desbordarán y debe cuidarse de no ofuscarse lo que haría de él en el instante un factor de estancamiento, de detención, de gran valor para su evolución; pero del que se espera en el momento de su transformación en mariposa. En el alba de la anarquía, el sindicalismo se desvanecerá. Entonces la gratitud de los hombres del porvenir le quedará asegurada. Grande es quien engrandece y no rebaja. Imposible se hace superar estos conceptos sugidos de una mentalidad rebosante de ternura y conocimientos.

Es indudable que la sociedad concebida por el genio del anarquismo no brotará por arte de magia y encantamiento. Han de formarse nuevas mentes, intelectos conscientes. Hombres renovados para marchar por el camino de la manumisión donde las mayores audacias en lucha para hacer posible lo imposible, están permitidas y alentadas. Los que sufren en la noche buscando nuevos derroteros, descubren valles de ensueños y rutas anchurosas al lado de los ríos, que son caminos que andan hacia el mar. No hay que dormir con exceso si no se quiere morir antes de tiempo.

De la misma manera que el amor no reconoce leyes ni se supedita a los cánones de la moral vieja y canija, el sindicalismo no limita sus posibilidades creadoras y laboriosas ulteriores. El Sindicalismo Revolucionario, lejos de ser barranco muerto en un estero, es un manantial caudaloso y puro que desemboca en el río inmenso y grande del anarquismo.

Ramón LIARTE.

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A TODOS LOS PUEBLOS DEL MUNDO
A los Trabajadores de todos los países
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DESBARAJUSTE MUNDIAL

LA Humanidad es víctima constantemente de los sistemas y capitalistas, de las instituciones y estructuras políticas, sociales y económicas a ellos inherentes, que, con sus vicios de origen, de principio y sus contradicciones internas y externas, hacen pesar sobre ella, principalmente en nuestros tiempos, los más graves peligros y amenazas, desencadenando contínuos cataclismos y conflictos de todo orden en extensas y diversas zonas del mundo.

Ni el Capitalismo ni los Estados Modernos, en su versión democrática o marxista, y mucho menos en las exacerbadas expresiones autoritarias manifiestamente dictatoriales, hallan puntos de equilibrio estable para poder mantenerse sin conflagraciones armadas o simplemente para una coexistencia razonable y perduradera. Y es. que por su misma esencia y condición llevan en sí el germen de la guerra, de las violencias, y, por otra parte, han de anteponer forzosamente sus intereses egoístas y voraces por encima de los supremos de la Humanidad, no retrocediendo para ello ante los más atroces crímenes ni las más horrendas hecatombes.

En lo que va de siglo XX ya hemos visto desencadenarse la gran conflagración universal de 1914-18, que tantas ruínas y millones de víctimas produjo, y la guerra mundial de 1939-45 provocada por el nazi-fascismo, engendro y producto de la podredumbre de esos sistemas, guerra que también sembró los frentes de multitud de cadáveres, que tampoco los ahorró entre la población civil, que dejó estropeados para siempre a millares de seres, acumulando por doquier miseria y desolación. Sumadas a esas contiendas bélicas generalizadas, hemos visto en estas décadas últimas alumbrarse los conflictos sangrientos de las guerras civiles, en España, con su Revolución ejemplar, impulsada por el pueblo; en Grecia, en Hungría, en Argelia, en Argentina, en Venezuela, en Haití, en Santo Domingo, en Cuba, en Guatemala, en Nicaragua, en el Brasil, en el Congo, en Indonesia, en cien partes del mundo. Y asistimos actualmente a los conflictos armados del Medio-Oriente, entre Israel y los Estados árabes, a los masacres de que es víctima la población kurda; al genocidio sin nombre del Viet-Nam. donde el Estado más poderoso de la Tierra, con su potencial armado super-perfeccionado, con sus aviones gigantes de bombardeo, con sus tanques, con el napalm y con todos los medios de destrucción, con el pretexto falaz de oponerse al avance del comunismo, se ensaña diezmando a un pequeño pueblo, que con coraje inaudito defiende su independencia, sus libertades y no quiere dejar imponerse la ley del más fuerte.

Esos crímenes de lesa humanidad, esos genocidios y cataclismos son imputables a los Estados, a los gobiernos, al capitalismo, a la actual organización política, social y económica del mundo. Pero los trabajadores, tanto los del bloque de los países del Este como de los del bloque Atlántico, que fabrican las armas y explosivos, que los transportan, que obedecen como rebaño a las órdenes de movilización, que no se rebelan y no se niegan a colaborar directa o indirectamente con esas monstruosidades y que no tienen un NO! rotundo para la guerra, que dejan hacer pasivamente a los gobiernos y estamentos derivados, que los sostienen, también tienen contraídas enormes responsabilidades sobre cuanto viene aconteciendo de malo en el mundo. Y mayores responsabilidades recaen sobre las Internacionales reformistas políticas y sindicales, sobre las centrales obreras que, como la AFL-C10 y otras, respaldan a los gobiernos en sus aventuras sangrientas que, de manera inapelable, condenan moralmente a lo que se da en llamar «mundo civilizado».

Todos los días se presentan más evidentes las muestras del gigantesco desbarajuste que existe en el mundo y que amenaza hundirlo en una serie de cataclismos, de catástrofes, si no se pone remedio a tiempo, con energia y lucidez, por parte de los pueblos y de los hombres, interesados en salvarse y en que los más altos .valores éticos y los más nobles atributos de la especie humana, que la han elevado en dignidad, conciencia y saber, no pericliten.

PLAGAS Y CALAMIDADES ENDEMICAS

El militarismo se impone a la cabeza de numerosos Estados. Muchos países están a merced de los pretorianos. Una mentalidad de S.S. o de para» se cultiva y perfila en los cuerpos armados de diferentes naciones. El neo-nazismo apunta en Alemania del Oeste. Las democracias se desacreditan, como Norte-América, con su política en el Viet-Nam y su intromisión escandalosa en los pueblos latino-americanos.

Por otro lado, la crisis, la recesión económica se extiende por las mismas naciones super-industrializadas. Hay millares de parados en ellas. Estos suman millones en los países subdesarrollados. Y también millones de seres pasan hambre endémica, en la India, en el Laos, en Bolivia, en Colombia, en el Brasil, en Argelia, en otros numerosos lugares de los cinco continentes.

En los mismos países industrializados, a la punta del progreso técnico y científico, la hipertrofia de producción, sujeta a la comercialización burguesa, provoca el cierre de fábricas y talleres, el frenesí de la concurrencia, por la conquista de los mercados, cada día más escasos y disputados, sin que, sin embargo, hallen fácil salida los productos agrícolas e industriales, mientras millares de seres humanos disfrutan de un poder adquisitivo precario y muchos millares más carecen de los medios indispensables para cubrir sus más elementales necesidades, para aplacar su hambre, para apagar su sed, para poder vestirse y alojarse como personas.

MONOPOLIOS PELIGROSOS

Entretanto se producen de manera vertiginosa las grandes concentraciones industriales, bancarias y comerciales. Los trusts renacen a la escala continental y mundial. Las fuentes de producción y de riqueza se estatifican, pasan a concentrarse en manos de unos pocos, los poderosos tentáculos de las oligarquias y fuerzas de presión se extienden mientras el medio de vida de miles de familias, de millones de trabajadores queda bajo la absoluta dependencia de las empresas privadas, de las sociedades anónimas, de los magnates de la finanza, de los tiburones del capital, de las aceradas redes del Estado-patrono.

Y, no obstante, se da la paradoja de que, por sus mismas contradicciones internas, el propio Capital, fraccionariamente, pierde pie y confianza. Las monedas se desvalúan. El sistema monetario en boga experimenta serias sacudidas, haciendo aparecer al desnudo su falsa base y fragilidad.

Concentraciones capitalistas, rebajas de derechos aduaneros, Mercado Común Europeo, «Kennedy Rounds», y otras cien medidas que pueden adoptarse, no son más que paliativos transitorios, no pueden ni podrán salvar al capitalismo de su declive final.

En los Estados de economía de orientación y tipo marxista-leninista, las cosas, para las inmensas masas populares que trabajan, bajo métodos que nada tienen de común con el verdadero socialismo, tampoco las cosas se presentan con perspectivas más halagüeñas.

Un cambio fundamental se impone en los sistemas sociales, políticos y económicos hoy imperantes en el mundo que tenga por fin y objetivo esencial la libertad integral y el mayor bienestar para todos los seres humanos, sin discriminación, para todos los pueblos, sin excepciones.

TOMA DE CONCIENCIA DE LA CLASE OBRERA

Las conquistas de derechos y de mejoras parciales, que cada día han de ampliarse más en las batallas cotidianas, no pueden resolver en favor del proletariado ni del pueblo, dentro de la sociedad burguesa, los problemas de fondo.

Es hora de que los trabajadores del mundo entero comprendan que no hay salvación real posible para ellos, ni para los pueblos, si no se aplican medidas y remedios radicales; si ellos mismos no asumen la responsabilidad de sus propios destinos, la gestión y administración directa de la cosa pública, de la Sociedad, sobre la base de una soberanía popular no alienable ni misticable; si no marchan resueltamente hacia delante con el decidido propósito de transformar el orden social actual, de acabar con los vigentes sistemas de injusticia y de opresión.

Para ello hay que llevar la lucha por la emancipación de la clase obrera y la liberación de los pueblos internacionalmente a las escala mundial. Intensificarla el máximo.

Se hace indispensable prestar la solidaridad más efectiva a los pueblos que desde tantos años padecen bajo el despotismo de las dictaduras fascistas, para hundir régimenes ignominiosos como el de España y Portugal. Hay que apoyar a los pueblos que luchan valientemente por sus libertades en las Américas y demás continentes.

Deben defenderse enérgicamente los derechos y libertades humanas en todas partes. Ha de avanzarse, sin vacilación, con paso firme, con voluntad tesonera, por el camino del Socialismo integral, del federalismo solidario, del comunismo libertario. Hay que promover en todas las latitudes del globo terrestre intensos movimientos populares emancipadores, articulándolos y coordinándolos, con sincronización y estrategia revolucionaria lúcida, en impetuosos y arrolladores corrientes nacionales y internacionales de liberación, con el fin de derrocar los régimenes en que se asienta la opresión del hombre por el hombre, el virus autoritario, el imperialismo y el racismo, la injusticia social y de instaurar la nueva e ingente Sociedad, humana, universal y solidaria, abierta a todas las conquistas progresivas del porvenir, pacifica, libre e igualitaria.

POSICION CONSECUENTE DE LA A.I.T.

La Asociación Internacional de los Trabajadores ha condenado siempre los principios y sistemas estatales y totalitarios, el salariado y la injusticia social, el militarismo y las guerras. Ha puesto en evidencia la falacia de la democracia burguesa, el sarcasmo de las llamadas democracias orgánicas». Ha combatido todas las formas de explotación del hombre por el hombre. Ni Capitalismo ni Estados es su divisa invariable. Asociación y gestión social libre de los productores emancipados, directa, sin intermediarios, parásitos ni jerarquías. Sociedad igualitaria sin clases.

Ante las realidades de nuestros días, y cara al porvenir, los principios y finalidades del sindicalismo revolucionario de que es expresión fiel la A.I.T., cobran mayor actualidad. Hacen que los trabajadores tomen conciencia más clara de sí mismos, de su valor, de sus posibilidades y de su fuerza y les infunden fe en su propia acción, en los métodos y tácticas de ACCION DIRECTA, partiendo del certero lema de la Primera Internacional: la emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores.

En la memorable jornada del 1° de Mayo, hay que despertar y alentar el espíritu revolucionario y de insurgencia, honrado en el imperecedero y emocionado recuerdo a los mártires de Chicago, hombres sin tacha inmolados por el capitalismo yanqui a consecuencia de haber reivindicado la jornada de 8 horas y de haber proclamado en alta voz su fe y esperanza en el Socialismo y en la Anarquía; recordando a cuantos nos precedieron en la lucha y a todos los caídos y sacrificados que posteriormente, hasta hoy, la han continuado sin desfallecimientos ni apostasías, defendiendo en todo momento nuestras reivindicaciones más apremiantes, orientamos nuestra acción intensificando eficazmente el gigantesco combate encaminado a transformar la sociedad de injusticia y de esclavitud, levantando sobre sus escombros la radiante Sociedad del porvenir libre.

¡Trabajadores de todos los países! Para acabar con todas las opresiones, para romper todas las cadenas, por el triunfo final de una Humanidad libre y feliz, UNAMONOS! La A.I.T. ES LA UNICA INTERNACIONAL OBRERA INDEPENDIENTE QUE JAMAS CLAUDICARA NI CEJARA EN SU LUCHA EMANCIPADORA.

¡VIVA LA A.I.T.!
¡ABAJO LOS TOTALITARISMOS, LA EXPLOTACION Y LA GUERRA ¡VIVA EL COMUNISMO LIBERTARIO!

Por la Asociación Internacional de los Trabajadores,
El Secretariado.
10 de Mayo de 1968.

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CARTA DEL SINDICALISMO REVOLUCIONARIO,
LLAMADA CARTA DE PARIS
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(ADOPTADA EN EL CONGRESO DE LA C.N.T. FRANCESA DE DICIEMBRE 1946)

TENIENDO en cuenta la inestabilidad política y financiera del Estado francés, en cualquier momento puede provocarse una crisis que haga pensar en la necesidad de establecer un orden social nuevo por vías revolucionarias.

El Congreso, a la par que rehusa dar al capitalismo la oportunidad de recuperarse, declara que el sindicalismo debe sacar de esta situación catastrófica las mayores ventajas para la liberación de los trabajadores.

Afirma, en consecuencia, que los esfuerzos del proletariado deben tender, no solamente a derrocar el régimen actual, sino también, a impedir que los partidos políticos, que se disputan ya la posesión y el ejercicio del poder, logren su objetivo.

El sindicalismo, por lo tanto, debe saber aprovechar todas las tentativas hechas por el capitalismo encaminadas a posesionarse del poder para jugar él mismo su papel decisivo que consiste en destruir ese poder y substituirlo por un orden social que tenga por base la organización de la producción, del cambio y la distribución, asegurando el funcionamiento en todos los órdenes por medio de los sindicatos.

Proclamando el sentido profundamente económico de la próxima revolución, el Congreso hace constar que ésta debe revestir un carácter de transformación social indispensable y reconocida inevitablemente, tanto por el capitalismo como por el proletariado.

Este carácter puede imprimírsele únicamente por el proletariado organizado en los sindicatos, ajenos a toda dirección exterior que no podría por menos que serle nefasta.

Es solamente a condición de obrar así, que la acción revolucionaria de los pueblos, dirigida y utilizada hasta ahora por los partidos políticos, permitirá, al fin, el advenimiento de un cambio notable en el orden económico y social, de acuerdo con el desarrollo de las sociedades modernas.

En consideración de cuanto antecede, el Congreso declara que los próximos acontecimientos, al desarrollarse dentro del contexto económico, van a imponer condiciones nuevas de vida a los pueblos y a fijar con fuerza potente e insospechada los verdaderos caracteres de la vida social.

Esta nueva forma de vida será la obra de las fuerzas productoras y creadoras, asociándose armónicamente en sus esfuerzos los trabajadores manuales, los técnicos y los sabios, orientados constantemente hacia el progreso.

Así se precisan lógicamente los caracteres de la transformación necesaria.

Hacemos nuestros los términos del párrafo de la resolución de Amiens que declara que el sindicato, agrupación hoy de resistencia, será en el porvenir la agrupación de la producción y de la distribución, base de la reorganización social.

El Congreso afirma que el sindicalismo, expresión natural y concreta del movimiento de los productores, contiene en estado latente y orgánico, todas las actividades de ejecución y dirección capaces de asegurar la vida nueva. Le pertenece, pues, desde ahora, reunir en un plano de organización, únicamente, todas las fuerzas de la mano de obra, de la técnica y de la ciencia, obrando separadamente y en orden disperso, en la industria y en el campo.

Reuniendo, dentro de lo posible, en un mismo organismo todas las fuerzas que concurren para asegurar la vida social, el sindicalismo estará en condiciones desde el comienzo de la revolución, de tomar en sus manos la dirección de la producción y la administración de la vida social.

Comprendiendo toda la grandeza y la dificultad que implica este deber, el Congreso afirma que el sindicalismo debe, a partir de ahora, estructurar su organización, completar sus cuadros, adaptarlos a las necesidades —igual que hace el capitalismo— y prepararse para obrar mañana en su papel de gerente y administrador capacitado, de la producción, de la distribución y el cambio.

El Congreso no desconoce la complejidad extrema de los problemas que se presentarán a la desaparición del capitalismo y no titubea en declarar que el movimiento de los trabajadores, que no cuenta todavía con las fuerzas necesarias para la vida social de mañana, debe probar su inteligencia y su flexibilidad llamando a todos los individuos y a todas las actividades que por sus funciones, su saber y sus conocimientos, tienen un lugar natural en su seno y serán indispensables para asegurar la vida nueva en todas las escalas de la producción.

No ignorando los cambios profundos sobrevenidos en el dominio de la técnica y de la ciencia, ya sea en la industria o en la agricultura, el Congreso, preocupado de las transformaciones necesarias, no titubea en hacer una llamada a los sabios y a los técnicos. Se dirige igualmente a los campesinos para que aseguren, con sus hermanos obreros, la vida y la defensa de la revolución que no podría efectuarse sin su concurso práctico, completo y constante.

El Congreso piensa que así se sellará, por medio de un esfuerzo concordante, armonioso y fecundo, que nos unirá a todos en una misma tarea de liberación humana, la unión de los trabajadores del músculo y del pensamiento, de la industria y del campo.

No teniendo otra ambición que ser los pioneros atrevidos de una transformación social cuyos agentes de ejecución y dirección trabajarán dentro del sindicalismo, los sindicalistas desean que su movimiento, vivo reflejo de las aspiraciones y de las necesidades materiales y morales del individuo, se conviertan en la verdadera síntesis de un mecanismo, en vías ya de constitución, donde todosy el de inducir a los esclavos a fijar el sello de la Ley a su esclavitud.

encontrarán las condiciones orgánicas, idealísticas y humanas de la próxima revolución deseada por todos los trabajadores.

El porvenir será para los productores agrupados o asociados, en virtud de sus funciones económicas.

La organización política y social, surgirá de su seno, conteniendo en sí misma todos los factores de realización, organización, coordinación, cohesión, impulsión y acción.

De esta manera se superpondrá frente al ciudadano: entidad fugaz, inestable y artificial, el trabajador: realidad viva, sostén lógico y motor natural de las sociedades humanas.

EL SINDICALISMO EN EL PLANO NACIONAL

a) SU ACCION GENERAL. — La Confederación Nacional del Trabajo afirma desde su constitución que es una agrupación de clase: la de los trabajadores. En completo acuerdo sobre este punto con la carta de Amiens, debe sostener su lucha en el terreno económico y social.

Fuera de todos los partidos políticos y en oposición a ellos, la C.N.T. es el verdadero organismo de defensa y de lucha de clases, la fuerza activa que debe permitir a todos los trabajadores defender sus intereses inmediatos y futuros, materiales y morales.

Inspirándose en la situación presente se declara dispuesta a preparar sin tardar los cuadros completos de la vida social y económica del mañana, cuyos caracteres posibles y funcionamiento en general, debe examinar al momento.

Al capitalismo —consecuencia y resultante de la vida pasada, adaptada y modelada por las fuerzas dirigentes, fuera de toda teoría o doctrina-- entrando en el último ciclo de su evolución histórica, el Congreso entiende substituirlo por el sindicalismo, expresión natural de la vida social de los individuos en marcha hacia -el comunismo libre.

Rechazando el principio de la distribución de privilegios, tan querido y defendido por nuestros adversarios, el sindicalismo debe seguir adelante con su misión, que es la de destruir los privilegios y establecer la igualdad social.

No alcanzará esta finalidad más que haciendo desaparecer el patronato, aboliendo el salario individual o colectivo y suprimiendo el Estado. Para ello, preconiza la huelga general, la expropiación capitalista y la toma de posesión de los medios de producción y de cambio, así como la destrucción inmediata de todo poder estatal.

b) SUS MEDIOS DE ACCION. — Al precisar su concepción de la huelga general, el Congreso declara firmemente, que este medio de acción tiene todo su valor en cualquier circunstancia, ya sea corporativamente, local, regional, nacional o internacionalmente.

Que sea para hacer triunfar las reivindicaciones particulares o generales, federales o nacionales, ofensiva o defensivamente, para protestar contra la arbitrariedad patronal o gubernamental, la huelga parcial o general es y será la única arma del proletariado.

En lo que concierne a la huelga general expropiadora, primer acto revolucionario que se marcará por el cese inmediato y simultáneo del trabajo, el Congreso afirma que no puede ser si no es violenta.

Ella tendrá por objetivo:

Primero: Privar al capitalismo y al Estado de toda posibilidad de acción, apoderándose de los medios de producción y de cambio y arrojando del poder a sus ocupantes actuales.

Segundo: Defender las conquistas proletarias que permitan asegurar la existencia del orden nuevo.

Tercero: Volver a poner en marcha el aparato de la producción y del cambio, después de haber reducido al mínimo (para la toma de posesión), el tiempo de cese de la producción y de los cambios rurales y urbanos.

Cuarto: Reemplazar el poder estatal que destruyó, por una organización federalista y racional de la producción, del cambio y de la distribución.

Confiando en el valor de este medio de lucha, el Congreso declara que el proletariado sabrá, no solamente tomar posesión de todas las fuerzas de producción y destruir el poder estatal existente, sino que será capaz, también, de explotar esas fuerzas en interés de la colectividad liberada y de defenderla contra toda empresa contra-revolucionaria con las armas en la mano y de dar a la organización social la forma que exija el estado de evolución alcanzado por los individuos que vivan en esta época.

Afirma que el objetivo finalista de las conquistas revolucionarias no puede alcanzarse más que por la facultad de comprensión de los trabajadores y las posibilidades de realización de sus organismos económicos, sin regatear el esfuerzo necesario.

Por esto, el Congreso indica que la estabilización momentánea de la revolución debe efectuarse fuera de todo sistema preconcebido, de todo dogma y de toda teoría abstracta que estaría prácticamente en contradicción con los hechos de la vida económica, que deben dar nacimiento, necesariamente, a la vida política y social que corresponde al orden nuevo.

Proclamando su unión indefectible a la lucha revolucionaria, el Congreso tiene a bien precisar su pensamiento declarando que considera la Revolución como un hecho social determinado por la contradicción permanente de los intereses de las clases en lucha que vienen de pronto a marcar brutalmente su antagonismo, rompiendo el curso normal de la evolución, que tiende a precipitar.

En consecuencia, declara que el sindicalismo —como cualquier otro movimiento— tiene derecho a usarla siguiendo sus propósitos para alcanzar al máximo los objetivos que se ha fijado, sin confundir su acción con la de los partidos que pretenden también transformar el orden político y social, preconizando éstos para ello la dictadura proletaria y la constitución de un Estado supuesto provisional.

Además de esta acción esencial, el Congreso declara que el sindicalismo, por su acción reivindicadora cotidiana, persigue la coordinación de esfuerzos entre los obreros, el mayor bienestar para los trabajadores por la realización de mejoras inmediatas, tales como la disminución de horas de trabajo, el aumento del salario, etc., y prepara cada día la emancipación de los trabajadores, la cual no será efectiva más que por la expropiación del capitalismo.

Condenando la «colaboración de clases» y el «sindicalismo de interés general», el Congreso considera que las discusiones inevitables entre patronos y obreros no constituyen actos de colaboración de clases. No viendo en estas discusiones, que resultan del estado de cosas actual, más que un aspecto de la lucha permanente de clase, el Congreso precisa que la colaboración de clases se caracteriza por el hecho de participar en organismos que reúnan representantes de los trabajadores, de los patronos o del Estado, para estudiar en común problemas económicos cuya solución no haría otra cosa que prolongar y reforzar la existencia del régimen actual.

EL SINDICALISMO EN EL PERIODO PRE-REVOLUCIONARIO

Considerando que en el período pre-revolucionario, el papel del sindicalismo es de formar una oposición constante a las fuerzas capitalistas y de disminuir el poder patronal aumentando el del sindicato, el Congreso estima que estos resultados no pueden obtenerse más que por la introducción del control sindical en las empresas capitalistas, con la creación de comités y de consejos de talleres, de fábricas, de oficinas, de astilleros, en las estaciones, en los puertos, en las granjas agrícolas y en todos los dominios de la producción.

Al mismo tiempo que se llevará a cabo la tarea documental de educación técnica y profesional con miras a la reorganización social, se realizará al fin, en las mejores condiciones, el aprendizaje de la gestión.

Al indicar que los sindicatos constituirán los cuadros de la sociedad nueva, el Congreso declara que dando acceso en el sindicato a los técnicos y a los sabios, estos quedarán situados en ellos en un plano de completa igualdad con los otros trabajadores.

De la colaboración inteligente y amistosa de todos esos elementos, surgirá el verdadero consejo económico del trabajo que tendrá por misión la continuación de la tarea preparatoria en -la gestión de los medios de producción, de cambio y de distribución, teniendo además a su cargo, bajo la dirección del Congreso, buscar los mejores medios para obtener las reivindicaciones obreras.

RELACION DEL SINDICALISMO CON LAS OTRAS FUERZAS REVOLUCIONARIAS

El Congreso afirma de nuevo que el sindicalismo debe vivir y desarrollarse con absoluta independencia, que debe gozar de la autonomía completa conveniente a su carácter de fuerza esencial de la revolución.

Por su doctrina, su finalidad y su acción corporativa y social, el sindicalismo se afirma como el único movimiento de clase de los trabajadores. Es capaz de realizar por sí mismo las diferentes fases de evolución humana en el comunismo organizado como en el comunismo libre.

Esto implica que no puede perseguir fines políticos afirmados por los partidos, ni unir su acción a la de ellos. La afirmación neta y repetida sin cesar por las otras confederaciones sindicales y sus partidos, obliga a la C.N.T. a repudiar toda alianza con esas fuerzas en el terreno revolucionario.

En efecto, si todavía es posible reunir en una acción corporativa común todas las fuerzas obreras agrupadas en las diversas confederaciones sindicales, es innegable que la conjugación de esas mismas fuerzas revolucionarias, aparecería inútil y vana a causa de la oposición fundamental de los fines que persiguen las diversas fracciones del sindicalismo.

Esta incompatibilidad de acción revolucionaria se extiende con toda evidencia a los acuerdos con los partidos políticos obreros que, todos, sin excepción, pretenden —y es su razón de ser— instaurar un Estado político dirigido por ellos, Estado acerca del cual el sindicalismo revolucionario proclama su nocividad y niega su necesidad.

En consecuencia el Congreso declara que la C.N.T. no puede unir sus esfuerzos a los de las otras confederaciones sindicales más que en el terreno de la acción cotidiana.

Por otro lado, es evidente que la unidad de todas las fuerzas revolucionarias se realizará en la fase decisiva de destrucción del Estado burgués y del capitalismo, para continuar en el período constructivo y culminará con la entrada de todos los trabajadores en su agrupación natural: el sindicato, órgano completo de producción, de administración y defensa de una sociedad que descansa exclusivamente sobre el trabajo, la distribución y el cambio, desde la base a la cumbre.

EL SINDICALISMO EN EL PLANO INTERNACIONAL

Considerando que los trabajadores, hoy más que nunca, tienen el- deber de estrecharse la mano por encima de las fronteras y de proclamar que pertenecen a una misma clase: la de los explotados.

El Congreso estima que para oponer un frente único, común e irresistible a la potencia capitalista, los obreros deben unirse en el seno de un organismo internacional dentro del cual hallarán la prolongación de la propia lucha de clases que tienen emprendida en sus países contra la patronal respectiva.

Estima que el lugar de un movimiento sindical basado en la lucha de clases, no puede existir más que en una Internacional que acepte los principios siguientes:

Autonomía completa e independencia absoluta del sindicalismo, en la administración, la propaganda, la preparación de la acción y en el estudio de los medios de organización y de lucha futura, igual que en la acción.

Habiendo definido el concepto de la acción del sindicalismo revolucionario en el terreno nacional e internacional, el Congreso da la adhesión de la C.N.T. a la Asociación Internacional de los Trabajadores (A.I.T.).

Proclama que esta Internacional es la continuación lógica de la Primera Internacional, igual que la C.N.T. es la continuación de la C.G.T. de 1906.

REORGANIZACION DE LAS JUVENTUDES SINDICALISTAS

Considerando que el desarrollo y el porvenir del movimiento sindical reside fundamentalmente en la formación continuamente renovada de sus cuadros.

El Congreso considera que la educación de los obreros jóvenes y de las obreras, debe ser una de las principales preocupaciones del sindicalismo.

En consecuencia, recomienda a las diversas gradaciones de los organismos sindicales, la obligación precisa de reconstituir bajo la dirección efectiva de la C.N.T., las juventudes sindicalistas.

Especifica que los jóvenes, al no tener que deponer o defender reivindicaciones, lo cual es obligación del sindicato, deberán recibir una educación social intensa a cargo de las Uniones y Federaciones locales con el concurso de los sindicatos.

Las agrupaciones locales, regionales y nacionales de la juventud, participarán a título consultivo en las asambleas de la misma naturaleza de la C.N.T. Deberán, cuando sea posible y tan pronto como hayan adquirido las nociones indispensables, ser adjuntos a los militantes locales, regionales o nacionales, responsables de la marcha de los diversos mecanismos del sindicalismo, para iniciarlos en su funcionamiento.

Además, el Congreso encarga a la Oficina confedera] de presentar en el próximo C.C.N. un plan completo de organización de las juventudes sindicalistas.

ESTATUTOS DE LA C.N.T. FRANCESA
(Adoptados en el Congreso constitutivo de diciembre 1946 y modificados en el tercer Congreso de noviembre 1949).

TITULO PRIMERO

FINALIDAD

Artículo Primero. — La Confederación Nacional del Trabajo tiene por finalidad:

—Agrupar en el terreno específicamente económico, para la defensa de sus intereses morales y materiales, todos los asalariados, a excepción de las fuerzas represivas del Estado, consideradas como enemigos de los trabajadores.

—Continuar, por medio de la lucha de clases y la acción directa, la liberación de los trabajadores, que no será efectiva más que por la transformación total de la sociedad actual.

Precisa que esta transformación no se llevará a cabo si no es por la supresión de la patronal, la abolición del salario, la sindicalización de los medios de producción, de distribución, de cambio y de consumo, así corno la substitución del Estado por un organismo formado por el sindicalismo mismo y administrado por el conjunto de la sociedad.

La Confederación Nacional del Trabajo, basándose en el productor, garantiza a éste la dirección de la organización de los trabajadores.

La Confederación Nacional del Trabajo forma parte integrante de la A.I.T., en cuyo seno colabora en el estudio de las cuestiones sociales y económicas a escala internacional, coadyuvando a la obra de liberación total de los trabajadores.

La C.N.T. creará o colocará bajo su control toda obra susceptible de desarrollar la instrucción y la conciencia de clase de sus adherentes, de mantener la solidaridad entre ellos y de estrechar los lazos de solidaridad que los unen.

TITULO II

COMPOSICION

Art. 2. — La C.N.T. está constituída por:

Primero. — Los sindicatos agrupados en las Uniones locales y regionales y en las Federaciones de industria.
Segundo. — Las Uniones regionales de Sindicatos.
Tercero. — Las Federaciones de industria.

Esta asociación está concebida y organizada sobre bases federalistas.

Ningún Sindicato puede formar parte de la C.N.T. si no se adhiere a su Federación de industria, a su Unión local y a su Unión regional.

Las organizaciones adherentes a la C.N.T., tienen derecho a la marca distintiva llamada label confederal.

TITULO III

ORGANIZACION Y ADMINISTRACION

Art. 3. — La C.N.T. está administrada según las decisiones tomadas por los Sindicatos reunidos en Congresos cada dos años durante el otoño.

COMITE CONFEDERAL NACIONAL

Art. 4. — Durante el intervalo de Congresos, la C.N.T. está administrada por el C.C.N.

El C.C.N. está constituido por un delegado de cada Unión regional. Se reúne durante el último mes de cada trimestre y extraordinariamente, en caso de circunstancias graves, por decisión de la C.A. (Comisión Administrativa) o mediante sugerencia de tres Uniones regionales.

Cada región tiene un voto.

Los miembros del «Bureau», un delegado de cada Federación y un responsable de la comisión de control, toman parte a título consultivo, así como los miembros de la C.A. Los gastos de delegación ocasionados por las reuniones de los C.C.N., son reembolsados por la caja del Congreso, en las condiciones previstas en cada C.C.N.

Art. 5. — El C.C.N. designa el número de empleados (traductores, mecanógrafos, taquígrafos, etc.) necesarios para el buen funcionamiento de la C.N.T. y fija sus honorarios.

En caso de urgencia, este número podrá aumentarlo la C.A. bajo reserva de ser ratificado por el C.C.N. siguiente.

En las actas de cada una de las reuniones del C.C.N. se hará constar el número de regiones representadas, excusadas y ausentes.

Los delegados tienen el deber de dar cuenta de las discusiones de esos diversos comités a sus representados.

COMISION ADMINISTRATIVA

Art. 6. -- En el intervalo de los Comités nacionales confederales, la C.N.T. está administrada por la Comisión administrativa, elegida por el Congreso.

La C.A. está compuesta de veinte a treinta miembros escogidos entre los militantes de !a Región donde resida la sede de la C.N.T. Los candidatos son presentados por los Sindicatos.

Para la verificación de los votos, designará el Congreso una Comisión especial. Dado el caso de que algunos candidatos de los que rebasen el número de treinta tengan igual número de votos que el que hace 30, serán también elegidos.

La nueva C.A. entra en funciones a la terminación del Congreso. Los miembros de la C.A. saliente, son inmediatamente reelegibles.

BUREAU (OFICINA)

Art. 7. — El Bureau es el órgano de ejecución y de enlace de la C.N.T. Se designa por dos años. Es elegido por el C.C.N. reunido durante el Congreso y ratificado por él en las mismas condiciones que para la C.A. Es revocable por el Congreso y, en caso de circunstancias graves, puede ser suspendido por un C.C.N., que nombrará un «Bureau» provisional hasta el Congreso extraordinario convocado de derecho. Los miembros de la Oficina confedera] y de « Le Combat Syndicaliste », con sueldos o no, no podrán ocupar ningún puesto responsable dependiente de un partido político, ni de una secta filosófica o religiosa. El simple acto de presentar candidatura para un cargo de éstos, implicará de oficio la dimisión de las funciones que desempeñan.

Los miembros responsables de la C.N.T. no pueden prevalecerse de ese título fuera del marco de su competencia.

Art. 8. — Los miembros remunerados del Bureau, no son reeligibles y no pueden presentar candidatura para ninguna función sindical retribuida, cualquiera que sea, antes de un período de tres años.

Esta disposición no podrá modificarse más que por la mayoría de Sindicatos presentes en el Congreso y previéndoles con seis meses. de antelación. Los miembros del Bureau saliente de este Congreso, no podrán beneficiarse de esta modificación.

Art. 9. — Los candidatos al Bureau Confederal, son presentados por los Sindicatos.

Los Sindicatos deben hacer llegar a la C.N.T. la lista de sus candidatos, ya sean de su propio seno o fuera de ellos, con dos meses por lo menos antes de la fecha del Congreso Confederal.

La lista de los candidatos es inmediatamente presentada a todos los Sindicatos por el Bureau confederal.

Art. 10. — La designación de los delegados de la C.N.T. en las diversas comisiones, comités o consejos fuera de la C.N.T., es hecha por la C.A.

Estos delegados avisarán a la C.A. y al Bureau de las convocatorias que podrían solicitarles.

Estarán obligados a pedir un mandato a la C.A. (o al Bureau en casos de extrema urgencia) acerca del objeto de su convocación y deberán rendir cuenta de su cumplimiento en la forma que la C.A. les pida.

Art. 11. — El Bureau debe enviar trimestralmente ante cada una C.C.N., un informe confidencial de actividades a las Uniones regionales y a las Federaciones.

UNIONES REGIONALES Y LOCALES

Art. 12. — El conjunto del país está dividido en Regiones, cuya delimitación y nombre son fijados, en principio, por el Congreso confedera!.

Las Uniones regionales tienen e! deber de constituir donde les sea posible, Uniones locales, a las cuales deben adherirse los Sindicatos obligatoriamente.

Las Uniones regionales, que son la expresión misma de la C.N.T., deben satisfacer las peticiones y los deseos de los trabajadores, abarcando toda la actividad económica y social que necesita la defensa de sus intereses materiales y morales y que impone su liberación total y definitiva, finalidad suprema del sindicalismo.

Las Uniones regionales pueden corresponderse entre ellas y con las Federaciones. A cada C.C.N., le dará el Bureau todas las indicaciones útiles para permitir esas relaciones.

Las Uniones regionales deben establecer informes trimestrales acerca de su actividad. Estos informes se enviarán a la C.A., al Bureau, a las otras Uniones regionales y a las Federaciones.

FEDERACIONES

Art. 13. — Además del papel técnico que les incumbe y que es del más alto interés, las Federaciones tienen por misión coordinar interregionalmente, la acción de los Sindicatos de industria.

TITULO IV

CONGRESOS

Art. 14. — Los Sindicatos se reúnen en Congreso nacional en el otoño cada dos años.

A petición de un cuarto de Uniones regionales o del 25% de los Sindicatos adherentes a la C.N.T., la C.A. estará obligada en el plazo de un mes, a convocar un referéndum en los Sindicatos informándoles de esta petición de Congreso extraordinario. Si la mayoría acepta esta sugerencia, el Congreso se reunirá al mes siguiente.

No pueden participar en el Congreso las organizaciones que no estén al día en el pago de sus cotizaciones al final del cuarto mes que precede al de la celebración del Congreso.

Los gastos de delegación al mismo están asegurados por la caja del Congreso en la proporción fijada por cada Congreso.

Art. 15. — La C.A. debe avisar a los Sindicatos la celebración del Congreso con tres meses de anticipación a la celebración del mismo y pedirles sugerencias para el orden del día, que será establecido de acuerdo con las contestaciones que envíen.

Establecerá también el informe moral y financiero así como los proyectos acerca de las realizaciones prácticas, si hubiese lugar.

Estos informes, igual que los de la Comisión de control, los transmitirá a todos los Sindicatos.

El sindicato que pida la inscripción de una sugerencia en el orden del día, explicará las motivaciones acerca de ella.

Este informe será enviado por la C.A. a todos los Sindicatos dos meses antes de la fecha del Congreso.

En caso de que sean varios los Sindicatos que pidan la inscripción de la misma cuestión en el orden del día, se encargará de hacer el informe el Sindicato que hizo primero la petición.

Cada Sindicato puede establecer un contra-informe sobre los puntos del orden del día, pero deberá proveer él mismo al Bureau, de esos informes en cantidad suficiente para todos los Sindicatos, encargándose el Bureau de asegurar la distribución de los mismos.

Art. 16. — El acta del Congreso será publicada bajo la responsabilidad del Bureau elegido por el Congreso, debiendo enviársele un ejemplar a título gratuito a cada Sindicato, Unión local, Unión regional o Federación.

A los archivos de la C.N.T. se enviará un duplicado de los informes de las Comisiones, así como las proposiciones depositadas en el Bureau del Congreso.

Art. 17. — Cada Sindicato representado en el Congreso, dispone de un voto.

Cada delegado no puede en principio representar excepcionalmente más que tres Sindicatos al máximo.

Un miembro del Bureau o de la Comisión Administrativa no puede representar más que a su Sindicato, no pudiendo, por lo tanto, detentar mandato alguno de otros Sindicatos.

Los miembros de la C.A. asisten a título consultivo al Congreso así como un representante de cada Federación de industria y un responsable de la Comisión de control.

NOTA. — Por considerarlo innecesario para los fines a que va destinado este folleto, no reproduce de los Estatutos de la C.N.T. francesa el capítulo V, que trata de Tesorería, Comisión de control, Caja de solidaridad, Caja A.I.T.

Ni el capítulo VI, que se ocupa de Cuestiones diversas, de sede sindical, de modificación de Estatutos y de caso de disolución, asuntos que se hallan especificados en los artículos que se enumeran del n° 18 al 29. Tampoco la tabla que contiene la nomenclatura de las XX Regiones de dicha Sindical, detallando la delimitación de cada una de ellas.

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ESTATUTOS DE LA ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES
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I

INTRODUCCION

LA lucha secular entre explotados y explotadores ha adquirido una amplitud amenazadora. El Capital, omnipotente, levanta nuevamente su cabeza monstruosa. A pesar de las luchas intestinas que desgarran a la burguesía y al capitalismo cosmopolitas, éstos se encuentran ya en magníficas condiciones de relación, que han de permitirles lanzarse con más unidad y fuerza sobre el proletariado y uncirlo al carro triunfante del Capital.

El capitalismo se organiza, y de la situación de defensa en que se encontraba, se lanza ahora a la ofensiva en todos los frentes de la clase trabajadora. Esta ofensiva tiene su origen profundo en causas bien concretas: en la confusión de ideas y principios que existe en ias filas del movimiento obrero, la falta de claridad y de cohesión sobre las finalidades actuales y futuras de la clase obrera, y la división en sectores innumerables; en una palabra, en cuanto constituye debilidad y desorganización del movimiento obrero.

Contra este ataque cerrado e internacional de los explotadores de toda laya, no cabe más que el empleo de un solo procedimiento: la organización inmediata del ejército proletario en un organismo de lucha que recoja en su seno a todos los obreros revolucionarios de todos los países, constituyendo con ellos un bloque granítico contra el cual irán a estrellarse todas las maniobras capitalistas, las que al fin acabarían por ser aplastadas por la fuerza de su peso enorme.

Este movimiento de emancipación no puede aceptar las líneas de conducta indicadas por aquellas tendencias del movimiento obrero que aspiran a la armonía entre el capital y el trabajo, deseando una paz internacional con el capitalismo e incorporándose en el Estado burgués. Tampoco puede aceptar las tendencias que propagan los principios de la dictadura del proletariado, contrarios a la finalidad de la mayor libertad posible y del bienestar para todos, pues ésta es la finalidad de todos los obreros conscientes.

Contra la ofensiva del Capital y contra los políticos de todos los matices, los trabajadores revolucionarios de todo el mundo deben levantar una verdadera Asociación Internacional de los Trabajadores, en la que cada miembro sepa que la emancipación de la clase obrera no será posible hasta que los obreros mismos en su calidad de productores logren prepararse en sus organizaciones económicas para la toma de posesión de las tierras y de las fábricas y capacitarse, también, para administrarlas en común, de manera que ellos se encuentren en condiciones de poder continuar la producción y asegurar toda la vida social.

Con esta perspectiva y esta finalidad delante de sí, el deber de los trabajadores consiste en la participación en toda acción que implique fines de transformación social, siempre con la intención de aproximarse a la realización de nuestros propios fines; haciendo sentir, en dicha participación, el peso de nuestra propia fuerza, esforzándonos para dar a nuestro movimiento, por la propaganda y la organización, los medios necesarios que le permitan sustituirse a sus adversarios. Lo mismo, en todas partes donde sea posible, hay que realizar nuestro sistema social a título de modelo y ejemplo, y nuestras organizaciones deben ejercer, en el marco de sus posibilidades, la máxima influencia sobre las otras tendencias para incorporarlas en nuestra propia acción, es decir, la lucha común contra todos los adversarios estatales y capitalistas, siempre teniendo en cuenta las circunstancias de lugar y de tiempo, pero conservando fielmente las finalidades del movimiento emancipador de los obreros.

II

LOS PRINCIPIOS DEL SINDICALISMO REVOLUCIONARIO

1. — El sindicalismo revolucionario, basándose en la lucha de clases, tiende a la unión de todos los trabajadores dentro de organizaciones económicas y de combate, que luchen por la liberación del doble yugo del Capital y del Estado. Su finalidad consiste en la reorganización de la vida social asentándola sobre la base del Comunismo libertario y mediante la acción revolucionaria de la clase trabajadora. Considerando que únicamente las organizaciones económicas del proletariado son capaces de alcanzar este objetivo, el sindicalismo revolucionario se dirige a los trabajadores en su calidad de productores, de creadores de riquezas sociales, para germinar y desarrollarse entre ellos, en oposición a los modernos partidos obreros, a quienes declara sin capacidad para una reorganización económica de la sociedad.

2. — El sindicalismo revolucionario es enemigo convencido de todo monopolio económico y social, y tiende a su abolición mediante la implantación de comunas ecónomicas y de órganos administrativos regidos por los obreros de los campos y de las fábricas, formando un sistema de libres consejos sin subordinación a ningún poder ni partido político alguno. El sindicalismo revolucionario erige, contra la política del Estado y de los partidos, la organización económica del trabajo, opone al gobierno del hombre sobre el hombre la gestión administrativa de las cosas. No es, por consiguiente, la finalidad del sindicalismo revolucionario la conquista de los poderes políticos, y sí la abolición de toda función estatal en la vida de la sociedad. El sindicalismo revolucionario considera que con la desaparición del monopolio de la propiedad debe desaparecer, también, el monopolio de la dominación, y que toda forma de Estado, encúbrase como se quiera, no podrá ser nunca un instrumento de liberación humana, antes al contrario, será siempre el creador de nuevos monopolios y de nuevos privilegios.

3. — El sindicalismo revolucionario tiene una doble función a cumplir: la de proseguir la lucha revolucionaria de todos los días por el mejoramiento económico, social e intelectual de la clase obrera dentro de los límites de la sociedad actual, y la de educar a las masas para que sean aptas para una gestión independiente en el proceso de la producción y de la distribución, así como para la toma de posesión de todos los elementos de la vida social. El sindicalismo revolucionario no acepta que la organización de un sistema social descansando totalmente sobre el productor, pueda llegar a ser ordenado por unos simples decretos gubernamentales, y afirma que solamente puede lograrse por la acción común de todos los trabajadores manuales e intelectuales, en cada rama de industria, por la gestión, dentro de las fábricas, de los mismos trabajadores, de tal manera que cada agrupación, fábrica o rama de industria sea un miembro autónomo en el organismo económico general y ordene sistemáticamente, sobre un plan determinado y sobre la base de acuerdos mutuos, la producción y la distribución como mejor interese a la comunidad.

4. — El sindicalismo revolucionario es opuesto a todas las tendencias de organización inspiradas en el centralismo del Estado y de la Iglesia, porque sólo pueden servir para prolongar la vida del Estado y de la autoridad, y para ahogar sistemáticamente el espíritu de iniciativa y de independencia del pensamiento. El centralismo es la organización artificial que supedita las llamadas partes bajas a las tituladas superiores, y que abandona en manos de una minoría la reglamentación de los asuntos de toda la comunidad, —el individuo se convierte en un autómata de gestos y de movimientos dirigidos—. En la organización centralista los valores de la sociedad son postergados por los intereses de algunos, la variedad es reemplazada por la uniformidad, la responsabilidad personal es sustituida por una disciplina unánime. Es por esta razón que el sindicalismo revolucionario asienta su concepción social dentro de una amplia organización federalista, es decir, de la organización de abajo a arriba, de la unión de todas las fuerzas sobre la base de ideas e intereses comunes.

5. — El sindicalismo revolucionario rechaza toda actividad parlamentaria y toda colaboración con los organismos legislativos, porque entiende que el sistema de sufragio más libre no puede hacer desaparecer las evidentes contradicciones que existen en el seno de la sociedad actual, y porque el sistema parlamentario sólo tiene un objetivo: el de prestarle un simulacro de derecho al reino de la mentira y de las injusticias sociales.

6. — El sindicalismo revolucionario rechaza todas las fronteras políticas y nacionales, arbitrariamente creadas, y declara que el llamado nacionalismo sólo es la religión del Estado moderno, tras la cual se encubren los intereses materiales de las clases poseedoras. El sindicalismo revolucionario no reconoce otras diferencias que las de orden económico, regionales o nacionales, y reclama para toda agrupación el derecho a una autodeterminación acordada solidariamente a todas las otras asociaciones del mismo orden.

7. — Es por idénticas razones que el sindicalismo revolucionario combate el militarismo y la guerra. El sindicalismo revolucionario recomienda la propaganda contra la guerra, y la sustitución de los éjercitos permanentes, los que sólo son instrumentos de la contrarrevolución al servicio del capitalismo, por las milicias obreras que durante la revolución serán controladas por los sindicatos obreros: exige, además, el boicot y el embargo contra todas las materias primas y productos necesarios para la guerra, a excepción del caso en que se trate de un país donde los obreros estén realizando una revolución de tipo social, en cuyo caso hay que ayudarles en la defensa de la revolución. Finalmente, el sindicalismo revolucionario recomienda la huelga general preventiva y revolucionaria como medio de acción contra la guerra y el militarismo.

8. — El sindicalismo revolucionario se afirma partidario de la acción directa, y sostiene y alienta todas aquellas luchas que no estén en contradicción con sus propias finalidades. Sus medios de lucha son: la huelga, el boicot, el sabotaje, etc. La acción directa encuentra su expresión más profunda en la huelga general, la que debe ser, al mismo tiempo, desde el punto de vista del sindicalismo revolucionario, el preludio de la revolución social.

9. — Enemigo de toda violencia organizada por no importa que clase de gobierno, el sindicalismo revolucionario tiene en cuenta que se producirán encuentros violentísimos durante las luchas decisivas entre el capitalismo de hoy y el comunismo libre de mañana. Por consiguiente, reconoce la violencia que pueda emplearse como medio de defensa contra los métodos violentos que empleen las clases dominantes durante las luchas que sostenga el pueblo revolucionario por la expropiación de las tierras y de los medios de producción. Como esta expropiación sólo podrá ser iniciada y llevada a feliz término por la intervención directa de las organizaciones económicas revolucionarias de los trabajadores, la defensa de la revolución debe encontrarse también en manos de los organismos económicos y no en las de una organización militar o parecida que se desenvuelva al margen de ellos.

10. — Es únicamente en las organizaciones económicas y revolucionarias de la clase obrera que se encuentra la fuerza capaz de realizar su liberación y la energía creadora necesaria para la reorganización de la sociedad a base del comunismo libertario.

III

NOMBRE DE LA ORGANIZACION INTERNACIONAL

El lazo internacional de lucha y de solidaridad que une las organizaciones sindicalistas revolucionarias del mundo entero se llama ASOCIACION INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES (A.I.T.).

IV

FINALIDADES Y OBJETIVOS DE LA A.I.T.
La A.I.T. tiene por objetivos:

a) organizar y apoyar la lucha revolucionaria en todos los países con el fin de destruir definitivamente los regímenes políticos y económicos actuales y establecer el COMUNISMO LIBERTARIO.

b) dar a las organizaciones económicas sindicales una base nacional e industrial y donde tales ya existan, robustecer a aquéllas que estén decididas a luchar por la destrucción del capitalismo y del Estado.

c) impedir la infiltración de todo partido político en las organizaciones económicas sindicales y combatir resueltamente todo propósito de los partidos políticos de dominar a los sindicatos.

d) establecer, cuando las circunstancias lo exijan, y sobre un programa determinado que no esté en contradicción con los apartados a), b), y c) que anteceden, alianzas provisionales con otras Organizaciones proletarias, sindicales y revolucionarias con el fin de determinar y de llevar a cabo acciones internacionales comunes en interés de la clase obrera; tales alianzas no deben establecerse jamás con partidos políticos, es decir, con Organizaciones que acepten el Estado como sistema de organización social.

e) desenmascarar y combatir la violencia arbitraria de todos los gobiernos contra los revolucionarios afectos a la causa de la Revolución Social.

f) examinar todos los problemas concernientes al proletariado mundial para robustecer y desarrollar los movimientos en un país o en varios que tiendan a defender los derechos y nuevas conquistas de la clase obrera o para la Organización de la propia Revolución emancipadora.

g) emprender toda obra de mutuo apoyo en caso de grandes luchas económicas o de luchas agudas contra los enemigos declarados o encubiertos de la clase obrera.

h) ayudar moral y materialmente a los movimientos de clase de los obreros en cada país, en los que la dirección se halle en manos de la organización económica nacional del proletariado.

La Internacional interviene en los asuntos sindicales de un país solamente cuando la organización afiliada del mismo lo pida o cuando ésta se sustraiga a las directivas generales de la Internacional.

V

CONDICIONES DE ADHESION

A la A.I.T. pueden afiliarse:

a) organizaciones sindicalistas revolucionarias nacionales que no pertenezcan a ninguna Internacional.

La adhesión de una segunda organización central nacional del mismo país sólo puede admitirse por un Congreso Internacional tras informe de una Comisión nombrada por el Secretariado de la A.I.T. y compuesta de dos miembros de cada una de ambas organizaciones interesadas, es decir, de la organización nacional ya adherida y de la otra organización nacional que desea adherirse, y por el Secretariado de la A.I.T.

b) minorías de sindicalistas revolucionarios organizadas en el seno de organizaciones nacionales adheridas a otras Internacionales sindicales, en cada caso solamente si es aceptado por la Organización nacional adherida a la A.I.T. dentro del país, en caso de que la misma exista.

c) organizaciones sindicales, profesionales o industriales independientes o afiliadas a Organizaciones nacionales no pertenecientes a la A.I.T., que acepten la Declaración de Principios y Finalidades de la A.I.T., con el consentimiento previo, sin embargo, de la Organización nacional ya adherida en el país si tal existe.

A organizaciones sindicales profesionales o industriales que han salido o que han sido excluídas de una Organización afiliada a la A.I.T. sólo se les puede conceder entrada en el seno de esta tras acuerdo unánime de una Conferencia compuesta de dos representantes de cada una de las organizaciones adheridas, es decir, de la organización esciosionista o excluída, dos de la Organización nacional de la A.I.T. y el Secretariado de la A.I.T.

d) cada Organización de propaganda sindicalista revolucionaria que acepte la Declaración de Principios y Finalidades de la A.I.T. y que trabaje en un país donde no haya ninguna organización nacional adherida a la A.I.T.

c) ya que la A.I.T. sólo se compone de Secciones legales o ilegales, con conexión directa dentro de los respectivos países, en consecuencia solamente podrán ser reconocidos como Secciones de la A.I.T. aquellos grupos exilados que ante el Secretariado de la A.I.T. podrán dar clara evidencia de que representan auténticamente a Organizaciones que actúan y trabajan en los respectivos países.

VI

DE LOS CONGRESOS INTERNACIONALES

Los Congresos Internacionales de la A.I.T. se celebran cada dos años a ser posible.

El Secretariado, con tiempo suficiente, antes del Congreso, solicita de las Secciones los temas o sugerencias destinados a tratarse en el Congreso. Luego el Secretariado compone el Orden del Día, el cual, junto con las mociones presentadas, se manda a las Organizaciones adheridas seis meses antes al menos de empezar el Congreso.

Los acuerdos y resoluciones tomados por los Congresos internacionales son obligatorios para todas las Organizaciones adheridas, excepto cuando éstas, por resolución de un Congreso nacional o por referéndum, rechazan los acuerdos del Congreso Internacional.

A instancia de un mínimo de tres organizaciones nacionales adheridas, un acuerdo internacional puede ponerse a revisión por referéndum general dentro de todas las Secciones.

En los Congresos y referéndums internacionales cada Central adherente dispone de un voto, siendo recomendable buscar la unanimidad antes de recurrir a votación.

VII

TRANSFERENCIA INTERNACIONAL

Cada miembro de una Organización adherida a la A.I.T., que tenga pagadas todas sus cotizaciones, pero domiciliado en otro país que aquél donde fue inscrito como afiliado, debe, no más tarde de un mes después de su llegada, efectuar su transferencia a la Organización correspondiente de la Organización nacional adherida a la A.I.T. Esta transferencia ha de ser aprobada por dicha Organización nacional sin contribución de registro de entrada.

En caso de exilio masivo obligado la afiliación es voluntaria si se pertenece a una Organización exilada reconocida por la A.I.T.

VIII

EL SECRETARIADO

Para coordinar las actividades internacionales de la A.I.T. para conseguir y organizar una información exacta de la propaganda y de la lucha en todos los países, para llevar a cabo de la mejor manera las resoluciones de los Congresos internacionales y para cuidar de todo el trabajo de la A.I.T., se elige un Secretariado por lo menos de tres personas domiciliadas en el lugar donde la A.I.T. fije su sede. El Secretario general es elegido por el Congreso o por Referéndum internacional. Los demás miembros han de ser elegidos por la Sección o Secciones que el Congreso designe. Los miembros del Secretariado se reparten entre sí mismos las tareas y el trabajo. El Secretariado y Secretario son elegidos como se indica más arriba, por un período de Congreso a Congreso. No obstante, puede haber reelección únicamente por otro período más de gestión.

El lugar de residencia del Secretariado será determinado en el Congreso. De no ser esto posible, se hará por referéndum.

El Secretariado da informe escrito sobre sus actividades durante el período de gestión de Congreso. El informe ha de estar presentado con tiempo para que las Secciones afiliadas puedan tener conocimiento del mismo antes que el Congreso se celebre.

Al mismo tiempo se presenta y se manda a las Secciones un informe administrativo económico.

El Congreso nombra una Comisión que durante el curso del mismo efectúa una revisión de cuentas y control definitivo.

IX

LAS FINANZAS

Para que la A.I.T. pueda desarrollar y fortalecer sus actividades internacionales y para dar a su propaganda escrita un fundamento sólido, para que pueda editar sus publicaciones periódicas con regularidad; para que pueda participar en todas las manifestaciones de la vida del sindicalismo revolucionario en los diferentes países; para que sea capaz de vigorizar las ideas del sindicalismo revolucionario en países donde nuestras ideas y tácticas tienen escasa representación, y, finalmente, para que la A.I.T. pueda responder satisfactoria e inmediatamente a las llamadas de solidaridad que a ella podrán dirigirse, cada miembro de una organización adherida a la A.I.T. tiene que pagar anualmente, como cotización internacional, una cantidad de 10,00 francos franceses o de una suma equivalente en moneda nacional, tomando en consideración el valor de cambio en los países en cuestión.

Para las Secciones que se hallan en situaciones difíciles, la cotización es fijada según acuerdo con el Secretariado de la A.I.T.

Cada Sección afiliada resuelve por sí misma el procedimiento a seguir para percibir la cotización de sus miembros. Para las Secciones que así lo deseen la A.I.T. tiene un sello especial para colocar en el carnet del afiliado.

La Sección afiliada manda a la A.I.T. cada trimestre la cotización estipulada.

X

PUBLICACIONES

El Secretariado edita:

1) Una publicación que ha de salir con la mayor frecuencia posible. Es deseable que cada periódico editado por Organizaciones afiliadas a la A.I.T. o simpatizantes con ella, reserve en sus páginas un espacio especial para informaciones de la A.I.T., para llamadas de solidaridad internacional y para propaganda general.

2) Folletos de propaganda, destinados principalmente donde nuestro Movimiento no tiene afiliada ninguna Organización nacional.

3) Cuantas otras publicaciones, periódicas o no, los Congresos decidieren.

Estatutos adoptados en el Congreso Constituyente de la A.I.T., Berlín, diciembre de 1922. — Modificados por los Congresos de la A.I.T., Madrid 1931; París, 1935; París, 1938; Toulouse 1951; Puteaux, 1953; Marseille, 1956 y Toulouse, 1958.

Texto de los Estatutos A.I.T. integralmente aprobado y ratificado en el XIV y XV Congreso de la A.I.T.

Montpellier, 1971.

Habla comenzado en todo el mundo la lucha entre el anarquismo y los Poderes constituidos. El asesinato, en Chicago, de cinco obreros condenados a muerte por el capitalismo americano, acusados del crimen de haber tomado parte en un mitin donde por primera vez se habló de la jornada de ocho horas de trabajo, produjo enorme efervescencia entre las masas obreras, ya divididas, pues el año 1876 terminó, de hecho y de derecho, la vida de la Primera internacional. Pero fué tan tremendo el crimen cometido, que todas las organizaciones proletarias se movilizaron, lo mismo las ácratas que las demócratas. Y a partir de 1886, cada Primero de Mayo era un conato de revolución en numerosos paises. Las multitudes se agitaban, persiguiendo ya objetivos concretos: La jornada de ocho horas y una serie de reivindicaciones materiales y morales que servían de programa anual, ampliándose, a medida que las finalidades se alcanzaban. Pero cada mejora arrancada al Estado y a la burguesía, cuantos ríos de sangre costó!

Federica MONTSENY.

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ULTÍLOGO
___

EDITADO el presente opúsculo por la Sección española de la A.I.T., la Confederación Nacional del Trabajo, con la colaboración del Secretariado de la Internacional, cúmplenos al cerrar sus páginas, llamar la atención de cuantos hayan recorrido su contenido enjundioso y fecundo, en el sentido de que, a través de los documentos presentados hemos querido dejar constancia de la persistencia de unas ideas y de una línea revolucionaria que no aceptaron en momento alguno, desviaciones de los objetivos finalistas que se señalara el internacionalismo obrero en sus orígenes.

Que el conjunto de textos, compendio entre otros, del pensar anarcosindicalista, no es ni puede tener la pretensión de reflejar la vida, la existencia misma de la Internacional del anarcosindicalismo.

La vida de la Asociación Internacional de los Trabajadores, está en la acción pasada y presente, como ejemplo y lección de su militancia consciente y responsable.

En la veterana F.O.R.A., gloria de los trabajadores argentinos, debatiéndose hoy en dificultades que parecerían insuperables a quienes no tuviesen la valía revolucionaria de sus hombres.

En la casi desaparecida F.O.R.U. uruguaya, aplastada por la dictadura implacable que hace de aquél país una inmensa prisión.

En la persistente propaganda de una Federación Regional Obrera Venezolana (F.O.R.V.E.), voluntad unida al servicio del objetivo de manumitir a la clase trabajadora.

En los compañeros búlgaros, organizados en el Exilio, para mantener el calor de su militancia oprimida por el totalitarismo bolchevique, así como de otros países del Este europeo.

En la joven y valiente C.N.T. francesa que se abre a las actividades del anarcosindicalismo con el empuje infatigable de sus militantes capaces y activos.

En la S.W.F. inglesa, colocada en un clima de plena supeditación, del que sabe mantenerse independiente, marginada de todas las ambiciones de colaboración política que caracteriza a los sindicalismos de aquél país.

En los jóvenes grupos adheridos a la Internacional, en Alemania, Holanda, Suiza, Estados Unidos de América del Norte, Méjico, Australia, en el Medio Oriente incluso, y que aportan el valor incontestable de la convicción adquirida por las nuevas generaciones ante el pandemonium político social del mundo presente.

En la C.N.T. española, de cuya ejecutoria revolucionaria la historia habla con la elocuencia de los hechos.

Editado especialmente para la joven militancia que hoy trabaja en España, para una consolidación fecunda de la C.N.T., el conjunto de trabajos que ofrecernos para análisis y reflexión de todos y cada uno, son páginas para estudio y discusión, para constatación de realidades y de imperativos revolucionarios. Es la prueba concluyente de cuanto nos separa de los sindicalismos que las «maf has» políticas e industriales crearon para su provecho, y explotación de los productores.

Exponente y motor de esa actividad revolucionaria es la idea anarquista. En los sindicatos de la C.N.T., en las organizaciones hermanas y organismos afines: ateneos, centros de estudios sociales etc., encontrarán las generaciones de hoy, corno las de mañana, como encontraron las de ayer, las razones de perseverar en la acción, en el combate diario, en el que se hace el militante anarcosindicalista.

Libre de todo circunstancialismo y de toda presión política, el militante cenetista, encuentra su camino en un sindicato revolucionario, de base, de asambleas abiertas.

Una muestra, entre otras, de tamaña labor práctica y laboriosa, en grado sumo, son los textos individuales y colectivos que hemos ofrecido en las páginas de esta recopilación. Su solo objetivo: seguir iluminando el duro y difícil camino de los luchadores del Ideal.

Esperamos haberlo conseguido.

Por la Asociación Internacional de los Trabajadores (A.I.T.).

El Secretario General,

J. Muñoz Congost.

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IMPRIMERIE DULAURIER
23, rue Dulaurier
31000 TOULOUSE
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Comments

syndicalist
Dec 17 2014 22:10

Great to see this available on-line..... On the road I traveled...... I would say this pamphlet was probably the most influential anarcho-syndicalist pamphlet that I read as a young militant (aside from the old SWF pamphlets, a really old copy of Rocker's 1938 "Anarcho-syndicalism" pamphlet (which really was not very influential in my thinking, oddly enough) ....
This pamphlet, issued by the CNT in exile, "La Internacional del Sindicalismo Revolucionario" by Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) (1971). I'm not sure if it is still available. For sure, it's not been translated. "La Internacional..." was issued in advance of an IWA Congress.

akai
Dec 18 2014 07:10

This booklet was massively printed and some years ago you could find some copies, but not any more. There were actually 2 booklets if I am not mistaken - this was referred to as simply "the black booklet" and the other as "the white booklet" because of the colors of their covers.

Of course this is also outdated and has too much about the CNT internal stuff. Not appropriate to an IWA booklet.

The new brochures are on the download section of the IWA page in English, French, German, Spanish, Chinese and Esperanto. They are very brief, not like the booklet and some comrades have said that it might be good to have a longer text. Maybe something to think about.

syndicalist
Dec 18 2014 13:42

This was the best if the best in the 1970s. Remembering that the IWA was mainly the AIT until our generation was part of the revival during the mid-late 1970s. That's when bunches of us English speaking ( either as first or second languages) starting building or reviving new/ old sections and small stuff in English starting coming out
I recall the old SWF secretary Turner having to hand write elements of IWA Statues (actually bullet points) and sending them to us. That's how little English language stuff there was

On the topic if dearth if English language materials in the early 1970s,
It is my understanding that our NYC comrades provided the "first" English language translation of the Aims & Principles. I know that "our" translation was the only English language one in circulation in the North America (elsewhere?)

Well, history lesson over

AES
Dec 18 2014 14:06

Yes, the internet has its pro and cons compared to those times when everything was only on paper, and if it wasn't saved it simply disappeared.

About a decade ago Solfed gathered a large selection of anarchist, anarcho-syndicalist and revolutionary syndicalist material (i understand a lot of which is now looked after by comrades Sparrows Nest in Nottingham). Scanning and preparing this particular booklet/pamphlet was part of our those duties, after an a3 scanner was bought and Direct Action, Catalyst, etc copies were done.

This pamphlet stands out for me, specifically because of its content and the time when it was written - robust arguements for Internationalism (at the time of the merger of CNT interior and exterior, after the Franco dictatorship and before the 'Renovados' which became CGT).

syndicalist
Dec 18 2014 14:43

Yeah, the Sparrows Nest is a treasure trove of stuff

akai
Dec 18 2014 16:05

Among the good things to come out of the recent IWA Congress is a project for a new IWA website with all the historical materials in one place. About time! Will take a bit to get up though.

syndicalist
Dec 18 2014 16:42
akai wrote:
Among the good things to come out of the recent IWA Congress is a project for a new IWA website with all the historical materials in one place. About time! Will take a bit to get up though.

Wish u luck in that regard. Personally look forward to viewing materials

akai
Dec 18 2014 20:41

Provided I am not distracted by too much useless bullshit, I hope that within the next couple of months the site will be up. Of course it will be a long-term project.

The biggest problem with IWA history though is that, as you pointed out, English wasn't really used too much in the first 50 years. It's not a problem for people who read other languages of course, but there isn't too much capacity to translate this amount of material.

For example, I needed to consult old IWA minutes and find something recently. Minutes of 100 pages, in Spanish... and I thought, shit, we should have this stuff in English too, but that's thousands of pages of translation just to get our old Congress minutes.

I have tons of old materials only in French, for example. There was also a short time at the beginning of the IWA where it was a problem to put things in Spanish and German or French were dominant languages.